{"id":11596,"date":"2018-07-19T10:13:13","date_gmt":"2018-07-19T10:13:13","guid":{"rendered":"https:\/\/dev.lelo.com\/es\/blog\/?p=11596"},"modified":"2026-02-15T07:14:50","modified_gmt":"2026-02-15T06:14:50","slug":"relatos-eroticos-negacion-del-orgasmo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/relatos-eroticos-negacion-del-orgasmo\/","title":{"rendered":"El Castillo. Parte 2: Barbacana \u2013 Relato er\u00f3tico"},"content":{"rendered":"<p>Esta es la segunda parte de la tetralog\u00eda de Mimmi Kass, El Castillo. El viaje BDSM de Mar\u00eda progresa en la negaci\u00f3n del orgasmo y la conciencia del sometimiento, con un l\u00e1tigo, un vibrador, un antifaz y un escenario incre\u00edble.<\/p>\n<p>Si no has le\u00eddo la primera parte, te recomendamos que te deleites con ella aqu\u00ed: <a href=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/relatos-eroticos-iniciacion-al-bdsm\/\"><strong>El Castillo. Parte 1: Puente levadizo<\/strong><\/a><\/p>\n<p><em>Si ya la le\u00edste, contin\u00faa gozando con esta historia m\u00e1s abajo\u2026<\/em><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-17983 size-full\" title=\"El Castillo. Parte 2: Barbacana \u2013 Relato er\u00f3tico\" src=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/El-Castillo-Parte-2-Barbacana-\u2013-Relato-erotico.jpg\" alt=\"Relatos er\u00f3ticos\" width=\"850\" height=\"425\" srcset=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/El-Castillo-Parte-2-Barbacana-\u2013-Relato-erotico.jpg 850w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/El-Castillo-Parte-2-Barbacana-\u2013-Relato-erotico-300x150.jpg 300w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/El-Castillo-Parte-2-Barbacana-\u2013-Relato-erotico-768x384.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\"><strong>El Castillo. Parte 2: Barbacana<\/strong><\/h4>\n<p>El sol de la ma\u00f1ana en aquella regi\u00f3n ten\u00eda una cualidad que no hab\u00eda apreciado en ninguna parte del mundo. Y hab\u00eda viajado mucho. Era una claridad intensa que hac\u00eda da\u00f1o a los ojos y portaba en sus rayos el aroma a la tierra seca y al sabor del mar. Una brisa fresca alete\u00f3 los visillos de gasa, dibujando formas juguetonas sobre ellos. Las persigui\u00f3 con la punta de los dedos sobre el pecho Dragomir, que dorm\u00eda a su lado. Se acerc\u00f3 m\u00e1s a \u00e9l, con cuidado, y se amold\u00f3 a su cuerpo con suavidad.<\/p>\n<p>Mar\u00eda not\u00f3 el calor de su piel y se hundi\u00f3 en un estado de frustraci\u00f3n. Hac\u00eda dos d\u00edas que no se tocaban. No m\u00e1s all\u00e1 de un abrazo tierno o un beso que, m\u00e1s que el de un amante, parec\u00eda el de un padre o un protector. Ella no quer\u00eda eso. Lo quer\u00eda salvaje, apasionado, dominante. Su guerrero en la cama.<\/p>\n<p>Un latido molesto y a la vez delicioso comenz\u00f3 a pulsar entre sus muslos.<\/p>\n<p>Se aprovech\u00f3 de su inconsciencia y hundi\u00f3 con delicadeza la nariz en su cuello. Adoraba el olor de su perfume, almizclado y varonil, mezclado con el punto picante del sudor de un cuerpo en descanso. Rode\u00f3 su torso con un brazo, arrastrando la palma por la piel caliente. Meti\u00f3 una pierna entre sus muslos y apret\u00f3 su abrazo con un suspiro anhelante\u2026<\/p>\n<p>\u2014Estoy despierto \u2014murmur\u00f3, con la voz a\u00fan atenazada por el sue\u00f1o.<\/p>\n<p>La abraz\u00f3 por los hombros y apart\u00f3 el pelo desordenado que cubr\u00eda su rostro. Mar\u00eda sonri\u00f3, al saberlo atrapado en sus redes, y cerr\u00f3 los ojos para recibirlo en los labios entreabiertos.<\/p>\n<p>Dragomir le dio un beso casto en la frente.<\/p>\n<p>\u2014Vamos. Hoy tenemos mucho que hacer. Quiero llevarte a Makarska, la playa te encantar\u00e1.<\/p>\n<p>Y se levant\u00f3 con aquella determinaci\u00f3n en\u00e9rgica que la agotaba. Ella trag\u00f3 saliva en un intento bald\u00edo de calmar su desaz\u00f3n. Otro d\u00eda m\u00e1s que se quedaba con las ganas.<\/p>\n<p>\u00c9l se preparaba, ajeno al deseo frustrado de Mar\u00eda. Cantaba \u00f3pera con su voz preciosa de bar\u00edtono, se\u00f1alaba la belleza de la ciudad a sus pies desde la ventana de piedra, se desplazaba por la habitaci\u00f3n con elegancia, transformando lo cotidiano en un espect\u00e1culo fascinante.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Ella estaba bastante cabreada. A\u00fan as\u00ed, logr\u00f3 disfrutar del viaje de ciento cincuenta kil\u00f3metros que bordeaba la rivera d\u00e1lmata. El Adri\u00e1tico refulg\u00eda entre rocas y arena dorada, y el verde de los pinos. El aroma de la resina caliente se fund\u00eda con el mar, el pescado frito, el humo de los tubos de escape de los coches desfasados y el tabaco oriental que, muy de vez en cuando, se permit\u00eda fumar Dragomir.<\/p>\n<p>Ese olor le recordaba la primera vez que lo acorral\u00f3, tras una reuni\u00f3n informal, en un pub con el resto de los becados de la universidad. Desesperada por desentra\u00f1ar aquellas miradas encendidas, esper\u00f3 su oportunidad para estar solas con \u00e9l. No sab\u00eda si esas ojeadas eran reprobadoras o lujuriosas. Aquella mezcla de su perfume, el tabaco y el whiski en su boca le dio el valor para un ataque frontal en la estrechez del pasillo de los cuartos de ba\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00ab\u2014\u00bfQu\u00e9 pretendes, ni\u00f1a? \u2014Hab\u00eda preguntado, severo y acusador, al verse encerrado entre su cuerpo menudo y los tablones de la pared. Aquel acento la pon\u00eda cachonda, no pod\u00eda negarlo.<\/p>\n<p>\u2014Que dejes de jugar conmigo de una vez.\u00bb<\/p>\n<p>Y entonces fue ella quien termin\u00f3 contra la pared.<\/p>\n<p>Solt\u00f3 un jadeo seguido de una risita ante el recuerdo del peso de su cuerpo, y Dragomir alz\u00f3 las cejas con curiosidad, pero no pregunt\u00f3 nada. Ella tampoco dijo nada y volvi\u00f3 a beberse el paisaje mar\u00edtimo desde la ventana del coche.<\/p>\n<p>No era un pueblo muy grande. Caminaron por la playa, desgranando los resultados de sus \u00faltimas investigaciones. Encontraron una terraza de la que emanaba un delicioso aroma a marisco y se sentaron a comer. Reposaron bajo un toldo y se dieron un ba\u00f1o entre las aguas azules y turquesa. Mar\u00eda no volvi\u00f3 a insinuarse, percib\u00eda el \u00e1nimo distante aunque siempre amable de \u00e9l. Conocieron el monasterio franciscano de Santa Cruz, agradecidos al cobijarse entre los muros de piedra en las horas de m\u00e1s calor, y tomaron un ferri para visitar la isla de Brac.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPretendes agotarme? \u2014rio Mar\u00eda al subir hasta el mirador del islote, mientras trotaba tras la zancada de las largas piernas de su mentor.<\/p>\n<p>\u2014Tengo la sensaci\u00f3n de que necesitas disipar energ\u00eda, ni\u00f1a.<\/p>\n<p>Sonri\u00f3, con aquella sonrisa que tan solo se esbozaba en sus labios, revestida de una perversidad que solo una mente privilegiada como la suya pod\u00eda poseer.<\/p>\n<p>Y ella lo supo. Supo que la hac\u00eda esperar. Que la frustraba a prop\u00f3sito. Que jugaba con ella. Baj\u00f3 la mirada, en un recato fingido, para esconder el gesto de triunfo. Ya se ver\u00eda qui\u00e9n resultaba ganador\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>De vuelta en el castillo, la jornada agotadora rend\u00eda sus frutos. Dragomir parec\u00eda mostrar por fin algo de inter\u00e9s en ella, en forma de miradas que dejaban entrever algo parecido a la impaciencia. Tras una cena suculenta con aperitivos de <em>kulen<\/em>, aquel salchich\u00f3n picante al que todav\u00eda no se acostumbraba, el queso de cabra regado con aceite de oliva y <em>brodet<\/em>, la paella con toques orientales, por fin desvel\u00f3 el siguiente destino.<\/p>\n<p>\u2014Vamos. Hay un sitio de la casa que a\u00fan no has visto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCasa? \u00bfEste castillo es tu casa? \u2014pregunt\u00f3 Mar\u00eda con estupor.<\/p>\n<p>\u2014Es la casa de mi familia. Ha conocido tiempos mejores, a\u00fan quedan secuelas de los bombardeos \u2014reconoci\u00f3 \u00e9l, se\u00f1alando la mamposter\u00eda descascarada de la zona, apartada de la que se dirig\u00edan\u2014. Cuando la ciudad sufri\u00f3 el asedio del ej\u00e9rcito yugoslavo, abandonamos el castillo. Me llev\u00e9 a mi familia conmigo a Estados Unidos. Yo ten\u00eda una beca para especializarme en neurocirug\u00eda y pudimos vivir decentemente. Muchos de mis compatriotas no tuvieron tanta suerte.<\/p>\n<p>El tono amargo de su voz, la mirada velada y opaca de sus ojos oscuros detuvieron el \u00e1nimo travieso y las ganas de jugar de Mar\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfBombardeos? \u2014balbuce\u00f3, desconcertada ante el rostro serio de Dragomir.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo conoces la historia de la guerra de Croacia?<\/p>\n<p>Mar\u00eda se mordi\u00f3 el labio inferior y neg\u00f3 con la cabeza. \u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os ten\u00eda ella hace veinticinco? \u00bfSeis, siete a\u00f1os? Recordaba vagamente haber estudiado algo sobre ello, pero, en general, no ten\u00eda ni idea.<\/p>\n<p>\u2014Mucha gu\u00eda tur\u00edstica y no sabes la historia del pa\u00eds que te recibe. Muy bonito \u2014gru\u00f1\u00f3 Dragomir\u2014. Ven. Te dar\u00e9 algo para leer.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 una puerta pesada con el barniz a\u00fan nuevo y reforzada con hierro forjado. Una bocanada de aire fr\u00edo con olor a tierra mojada y humedad, a vegetales en descomposici\u00f3n y a herrumbre, la pill\u00f3 desprevenida. Se frot\u00f3 los brazos al sentir que su piel se erizaba y, de manera instintiva, se acerc\u00f3 a Dragomir. Trastabill\u00f3 y solt\u00f3 una imprecaci\u00f3n, el suelo era muy irregular y estaba lleno de cascotes de piedra.<\/p>\n<p>\u2014Tengo que mandar limpiar esta zona, est\u00e1 muy deteriorada. Debimos entrar desde fuera \u2014murmur\u00f3 \u00e9l, sosteni\u00e9ndola del brazo\u2014. No hay luz y es peligroso. Ven.<\/p>\n<p>Sus ojos se acostumbraron a la oscuridad y distingui\u00f3 unas habitaciones socavadas en los muros. No tard\u00f3 en darse cuenta de que eran celdas. Peque\u00f1as, de techo bajo, casi nichos. Estaban construidas con crueldad. Unas rejas oxidadas, muy rudimentarias, cubr\u00edan algunas de las celdas y quiso asomarse a una de ellas para distinguir algo m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs un calabozo?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, es la mazmorra del castillo. No hace tanto que sirvi\u00f3 para designios b\u00e9licos, en la guerra, se usaron&#8230;como cuartel general.<\/p>\n<p>La pausa y el cambio r\u00e1pido en la cadencia de su explicaci\u00f3n la hicieron estremecerse. Se imagin\u00f3 torturas y presos encadenados, apenas de pie, carcomidos por el frio y la humedad, pasando hambre y sed.<\/p>\n<p>El contraste cuando llegaron a la biblioteca fue brutal. El cristal grueso que cerraba la b\u00f3veda de la sala parpade\u00f3 al encenderse unas luces indirectas, que derramaron calidez sobre miles, quiz\u00e1 decenas de miles, de vol\u00famenes encuadernados de las maneras m\u00e1s variopintas, y conservados en aquella atm\u00f3sfera protectora, que generaban dos climatizadores disimulados en la pared.<\/p>\n<p>\u2014Pens\u00e9 que&#8230;pens\u00e9 que con biblioteca te refer\u00edas a la de tu habitaci\u00f3n \u2014tartamude\u00f3, cuando cre\u00eda haber salido de su asombro.<\/p>\n<p>Recorri\u00f3, envuelta en un hechizo, las estanter\u00edas. Algunas estaban encerradas en vitrinas. Unos tomos antiguos, de hojas en cuero fino y con una caligraf\u00eda antigua e indescifrable, algunos en cir\u00edlico, provocaron que apoyara las palmas sobre ellas con la fascinaci\u00f3n de una ni\u00f1a peque\u00f1a.<\/p>\n<p>Dragomir permiti\u00f3 que deambulara abriendo ejemplares aqu\u00ed y all\u00e1, hasta que puso un libro sobre la mesa en el centro de la estancia, uno no muy grande y en ingl\u00e9s, con el t\u00edtulo de <em>Croatia: A nation forged in war<\/em>.<\/p>\n<p>\u2014Basta de corretear por mi biblioteca. Ponte a estudiar \u2014dijo, y se\u00f1al\u00f3 con el \u00edndice la primera p\u00e1gina del libro.<\/p>\n<p>Se sent\u00f3 de mala gana. Odiaba aquel tono, que era el que utilizaba cuando la pillaba en el laboratorio riendo con alguna compa\u00f1era o con el m\u00f3vil entre los dedos. La hac\u00eda sentir como si tuviera doce a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00c9l se acomod\u00f3 en una butaca en el rinc\u00f3n m\u00e1s apartado de la biblioteca. Se calz\u00f3 las gafas tecnol\u00f3gicas sin montura y se sumergi\u00f3 en la valoraci\u00f3n de unos art\u00edculos, que deb\u00edan pasar el visto bueno para su publicaci\u00f3n en una revista cient\u00edfica.<\/p>\n<p>La pasi\u00f3n que le pon\u00eda a todo era un rasgo definitorio de su car\u00e1cter: en las cirug\u00edas, en el laboratorio, en el sexo. Y la revest\u00eda de una contenci\u00f3n involuntaria que lo convert\u00edan en un volc\u00e1n\u2026 siempre a punto de estallar. Mar\u00eda le\u00eda en las venas de sus antebrazos, en el tatuaje tribal que tanto le hab\u00eda chocado al verlo por primera vez, en los m\u00fasculos bien cincelados, en su mirada negra e intensa, aquella necesidad de dominar. No. No de dominar. De someter. Un desaf\u00edo continuo al esp\u00edritu rebelde y libre que la defin\u00eda a ella.<\/p>\n<p>\u2014Estudia.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 con fastidio a su lectura. Bastante densa, por cierto. Y en ingl\u00e9s&#8230;<\/p>\n<p>Suspir\u00f3.<\/p>\n<p>Se empap\u00f3 de la guerra cruenta que hab\u00eda desmembrado la antigua Yugoslavia. Pronto se vio sumergida entre conflictos \u00e9tnicos y religiosos, la violencia de una guerra moderna y sangrienta, junto con todas las consecuencias de las guerras desde que el mundo el mundo: la muerte, las violaciones, los refugiados, la pobreza, los abusos. La maldad humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>\u2014Vamos. Ya has estudiado suficiente por hoy.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1nto tiempo hab\u00eda pasado?<\/p>\n<p>Alz\u00f3 el rostro y un dolor intenso se apoder\u00f3 de su cuello. Arque\u00f3 la espalda con cuidado y humedeci\u00f3 los labios agrietados, echando en falta una barra de manteca de cacao. Al ponerse de pie, un calambre molesto atenaz\u00f3 sus muslos.<\/p>\n<p>La condujo fuera de la biblioteca. Justo enfrente, una de las celdas, m\u00e1s amplia y de techo alto, apareci\u00f3 antes ellos iluminada tenuemente por el fulgor que sal\u00eda de la otra habitaci\u00f3n. De una viga gruesa de madera colgaba una cadena con un aro de acero.<\/p>\n<p>\u2014Coge la argolla con las manos \u2014indic\u00f3 Dragomir.<\/p>\n<p>Mar\u00eda tuvo que ponerse de puntillas para rozarla con los dedos, y \u00e9l la ajust\u00f3. Prob\u00f3 de nuevo. Ahora los codos pod\u00edan flexionarse un poco y se sostuvo del aro con comodidad.<\/p>\n<p>\u00c9l asinti\u00f3 con un gesto aprobador.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1l es tu conclusi\u00f3n? Has le\u00eddo m\u00e1s de dos horas.<\/p>\n<p>Mar\u00eda intent\u00f3 concentrarse y destilar las ideas al tiempo que \u00e9l la despojaba de la camiseta. Cerr\u00f3 los ojos. El an\u00e1lisis en su mente sobre lo absurdo de las guerras estriaba el deseo y la expectaci\u00f3n que crec\u00eda en su cuerpo en una mezcla inc\u00f3moda. Los dedos de Drago ahora rozaban su cintura al quitarle el pantaloncito corto y aumentaban la desaz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Las guerras son un sinsentido. Buscan libertad, independencia y un futuro mejor\u2026 \u2014Se detuvo unos segundos cuando Dragomir desliz\u00f3 el tanga por sus caderas y lo dej\u00f3 caer. Levant\u00f3 un pie y otro pie, y la liber\u00f3 tambi\u00e9n de las zapatillas de tela. Los toques fortuitos sobre su piel iniciaron un incendio en su interior\u2014. Y lo \u00fanico que consiguen es muerte, dolor, pobreza y devastaci\u00f3n\u2026 Uhm. Por fin te dignas a tocarme. \u00bfQu\u00e9 es para ti la guerra?<\/p>\n<p>Drago estaba detr\u00e1s de ella. La abraz\u00f3 y las palmas cobijaron sus pechos. Los pezones se transformaron en botones redondos y duros, y desde ellos se triangul\u00f3 una corriente de placer que culmin\u00f3 en su sexo. Separ\u00f3 un poco los muslos para disipar el calor.<\/p>\n<p>\u2014Sugiero que te agarres de la argolla \u2014murmur\u00f3 \u00e9l, soslayando la pregunta sobre la guerra.<\/p>\n<p>\u2014No es necesario \u2014desafi\u00f3 ella, y permaneci\u00f3 de pie con las palmas apoyadas en los muslos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSeguro? \u2014tent\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando repar\u00f3 en la mesa de madera, rudimentaria, en una esquina de la celda. Sobre ella estaba la maleta negra de cuero, y esta vez no sab\u00eda qu\u00e9 escond\u00eda en su interior. Reprimi\u00f3 el impulso de sostenerse de la argolla, solo para no contradecirse de manera tan flagrante.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es la guerra para ti? \u2014insisti\u00f3.<\/p>\n<p>\u00c9l abri\u00f3 la maleta. De espaldas como estaba, tapaba el interior y no pudo ver nada pese a que lo intent\u00f3. Cuando se volvi\u00f3, portaba entre las manos un extra\u00f1o l\u00e1tigo. Reconoci\u00f3 de inmediato el color negro y el pomo de plata que coronaba la empu\u00f1adura, a juego con el plumero y la fusta de la sesi\u00f3n anterior. Trago saliva.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPuedo verlo?<\/p>\n<p>Dragomir se acerc\u00f3 a ella y dej\u00f3 caer las m\u00faltiples colas de ante sobre uno de sus hombros. Las tiras eran suaves, pesadas, y se derramaron sobre sus pechos en una caricia inesperada. El ante estaba fr\u00edo y sus pezones se contrajeron en un nudo de dolor. Se sostuvo de la argolla y cerr\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p>El chasquido de la cadena, cuando su cuerpo se tens\u00f3 ante el primer impacto en la espalda, quebr\u00f3 el silencio de la celda en penumbra.<\/p>\n<p>\u2014La guerra me ha ense\u00f1ado a disfrutar de la vida. \u2014Dej\u00f3 caer de nuevo el l\u00e1tigo, sin excesiva dureza, sobre sus nalgas; m\u00faltiples alfileres ribetearon de placer y dolor su piel\u2014. De los peque\u00f1os placeres de la vida \u2014Mar\u00eda emiti\u00f3 un quejido desgarrado por lo excelso de la sensaci\u00f3n y frot\u00f3 sus muslos, que comenzaban a impregnarse de su dulzona humedad\u2014. Me ha ense\u00f1ado a gozar del trabajo bien hecho. Tambi\u00e9n, de hacer feliz a una mujer.<\/p>\n<p>\u2014Drago, por favor \u2014suplic\u00f3, cuando las tiras continuaron besando su piel, en oleadas de intensidad cambiante. A veces eran una caricia de seda. Otras, la picadura de mil abejas. Cerr\u00f3 los ojos para absorber las sensaciones, incapaz de concentrarse en la disertaci\u00f3n. El placer y el dolor se acumulaban tras unas compuertas imaginarias que no sab\u00eda c\u00f3mo abrir.<\/p>\n<p>\u2014&#8230; la guerra es la ca\u00edda al abismo. Yo pude tan solo rozarlo con los dedos&#8230;<\/p>\n<p>Mar\u00eda abri\u00f3 los ojos y se revolvi\u00f3, aferrada a la argolla, su tabla de salvaci\u00f3n. Los azotes continuaban. Quer\u00eda que parase. Quer\u00eda que siguiese. Volvi\u00f3 a desconectarse del discurso porque sus sentidos se hab\u00edan agudizado y parec\u00eda percibir todo con mayor nitidez: el relieve de la piedra cubierta de un musgo fino y verdoso, las peque\u00f1as arrugas en torno a los ojos de Dragomir, el suelo de tierra apisonada que cosquilleaba la planta de sus pies descalzos. Y no se dio cuenta de que los azotes, de pronto, hab\u00edan cesado. Necesitaba ese orgasmo, pero cuando cre\u00eda que iba a alcanzarlo, Dragomir ralentizaba la sesi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 prestas atenci\u00f3n a lo que no debes?<\/p>\n<p>\u2014Necesito&#8230;necesito algo \u2014murmur\u00f3, clavando sus ojos de miel en los negros e insondables\u2014. Pero no s\u00e9 lo que es.<\/p>\n<p>\u2014Necesitas aislarte de lo que te rodea. Necesitas dejar de analizar.<\/p>\n<p>\u2014Soy bi\u00f3loga. Y cient\u00edfica. \u2014Su voz cobr\u00f3 seguridad al aferrarse a lo tangible. A lo incuestionable\u2014. El an\u00e1lisis es mi vida.<\/p>\n<p>Dragomir se ech\u00f3 a re\u00edr. Las carcajadas resonaron en el centro de su sexo y aumentaron la tensi\u00f3n. Volvi\u00f3 a la maleta y cuando regres\u00f3, lo hizo portando un extra\u00f1o antifaz. De cuero negro y acabados lujosos, una cadenilla un\u00eda las dos anteojeras en color plata y produc\u00edan un leve tintineo al moverse.<\/p>\n<p>\u2014Escucha tu cuerpo desde dentro, no busques respuestas fuera porque no las hay.<\/p>\n<p>Ci\u00f1\u00f3 el antifaz, priv\u00e1ndola por completo de la vista, y volvi\u00f3 a su deliciosa tortura. Las tiras ca\u00edan sobre sus pechos, sobre su vientre, sobre las nalgas, sobre la espalda. Sin ver lo que ocurr\u00eda a su alrededor, el tacto se magnific\u00f3. Rendida, pues no pod\u00eda hacer otra cosa, rog\u00f3 por que le concediera el privilegio de ese orgasmo. Las palabras salieron inconexas de entre sus labios tr\u00e9mulos.<\/p>\n<p>\u2014Drago&#8230;Se\u00f1or \u2014El tsunami de emociones no le permit\u00eda seguir con el juego.<\/p>\n<p>El l\u00e1tigo hab\u00eda cesado su trabajo, y ahora not\u00f3 una nueva sensaci\u00f3n entre sus piernas. Un zumbido continuo, que crec\u00eda en intensidad, electriz\u00f3 su sexo y sus caderas se movieron sin control. Una necesidad acuciante de que apagara su fuego la hizo suplicar. Estaba muy cerca, muy cerca&#8230;<\/p>\n<p>\u2014La guerra es la ant\u00edtesis perfecta para hacerte entender lo que es el \u00e9xtasis de la felicidad.<\/p>\n<p>Manipul\u00f3 el vibrador entre sus piernas, el zumbido se torn\u00f3 insoportable y el cl\u00edmax asol\u00f3 su cuerpo por fin. Pero despu\u00e9s de neg\u00e1rselo con aquel juego de tanteo, no lo apag\u00f3\u2026<\/p>\n<p>Se corri\u00f3 de nuevo. Sus piernas temblaron, espasm\u00f3dicas. Y se corri\u00f3 otra vez.<\/p>\n<p>\u2014Por favor, Se\u00f1or \u2014solloz\u00f3, incapaz de manejar el placer.<\/p>\n<p>Drago apag\u00f3 el vibrador por fin y lo retir\u00f3 con delicadeza. Sus dedos se hab\u00edan acalambrado en torno a la argolla de acero y \u00e9l los abri\u00f3 con suavidad. La despoj\u00f3 del antifaz y la abraz\u00f3 desde atr\u00e1s. Mar\u00eda dej\u00f3 caer la cabeza, con el cuello inerte, sobre su hombro.<\/p>\n<p>\u2014La guerra ayuda a entender el concepto de <em>petit mort<\/em> de Georges Bataille. La muerte es placer, porque es su cara opuesta. Solo la oscuridad nos ense\u00f1a la Luz.<\/p>\n<p>\u2014No hay placer sin dolor \u2014susurr\u00f3 Mar\u00eda mientras se dejaba caer en sus brazos y \u00e9l la llevaba de vuelta a las habitaciones del castillo.<\/p>\n<p>\u00abLecci\u00f3n aprendida\u00bb, pens\u00f3 Dragomir.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a class=\"twitter-share-button\" href=\"https:\/\/twitter.com\/share?ref_src=twsrc%5Etfw\" data-show-count=\"false\">Comp\u00e1rteme con un Re-Tweet<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n<p>Todos los juguetes que se mencionan en estos relatos corresponden a la <a href=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/kit-de-juguetes-bdsm-coleccion-aniversario\/\"><strong>Colecci\u00f3n Aniversario de LELO<\/strong><\/a>.<\/p>\n<p>Ya puedes leer la tercera parte aqu\u00ed: <strong><a href=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/relatos-eroticos-estimulacion-anal\/\">El Castillo. Parte 3: La Capilla \u2013 Relato er\u00f3tico<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta es la segunda parte de la tetralog\u00eda de Mimmi Kass, El Castillo. El viaje BDSM de Mar\u00eda progresa en la negaci\u00f3n del orgasmo y la conciencia del sometimiento, con un l\u00e1tigo, un vibrador, un antifaz y un escenario incre\u00edble. Si no has le\u00eddo la primera parte, te recomendamos que te deleites con ella aqu\u00ed: El Castillo. Parte 1: Puente levadizo Si ya la le\u00edste, contin\u00faa gozando con esta historia m\u00e1s abajo\u2026 El Castillo. 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