{"id":15838,"date":"2020-05-14T06:01:22","date_gmt":"2020-05-14T06:01:22","guid":{"rendered":"https:\/\/dev.lelo.com\/es\/blog\/?p=15838"},"modified":"2023-08-31T09:19:13","modified_gmt":"2023-08-31T07:19:13","slug":"mujeres-en-la-historia-alma-mahler","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/mujeres-en-la-historia-alma-mahler\/","title":{"rendered":"Mujeres libres: Alma Mahler, la novia del viento"},"content":{"rendered":"<p>Serendipia es uno de esos t\u00e9rminos de los que, hace una d\u00e9cada, nadie hab\u00eda o\u00eddo hablar ni por asomo y que ahora nos podemos encontrar en una conversaci\u00f3n tabernaria mientras se discute de f\u00fatbol. Pero, por si a alguien todav\u00eda no hubiera llegado a sus o\u00eddos (a mi procesador de textos, por ejemplo, le sigue sonando a error o a chino), aclararemos lo que significa. Una serendipia es un descubrimiento remarcable y casual que se produce cuando alguien est\u00e1 buscando otra cosa. Que buscas un antidepresivo y descubres que el var\u00f3n que lo toma no mejora de su melancol\u00eda, pero que el miembro se le pone como un estandarte, ah\u00ed tienes una serendipia, en este caso con el principio activo del sildenafilo (la pastillita azul comercializada despu\u00e9s como Viagra). O que est\u00e1s con un cultivo de bacterias y se te contamina con un hongo que las mata a todas, pues ah\u00ed tienes el descubrimiento de la penicilina por parte de Fleming, que s\u00ed, fue una serendipia. O que sales a buscar trabajo y te encuentras en la parada del metro al que ser\u00e1 el amor de tu vida, pues ah\u00ed tienes otra bendita serendipia. Hallazgos de chiripa que engrandecen nuestra condici\u00f3n personal y colectiva y nos reafirman en la existencia de esos estrech\u00edsimos huecos con los que puede a\u00fan operar la esperanza. Pues bien, Alma Mahler es en s\u00ed misma una serendipia; una mujer que ven\u00eda para m\u00fasico y que acab\u00f3 siendo uno de los personajes femeninos m\u00e1s influyentes en nuestra cultura, en uno de los periodos m\u00e1s sorprendentes e inquietantes de nuestra historia reciente. Hablamos de la Viena de fin de siglo XIX, aquella en la que las artes y la cultura alcanzan un punto de m\u00e1ximo fulgor, pero tambi\u00e9n donde se fragua el desastre de un imperio que se desvanece, y que dar\u00e1 lugar a la Primera Guerra Mundial y, posteriormente, a la incubaci\u00f3n del huevo de la serpiente; aquel espacio y aquel tiempo donde, por ejemplo, Egon Schiele y Adolf Hitler solicitan su admisi\u00f3n a la Academia de Bellas Artes de Viena el mismo a\u00f1o\u2026 De haber aceptado al segundo, posiblemente el mundo hubiera tenido un pintor mediocre, pero habr\u00eda evitado la entronizaci\u00f3n de un psic\u00f3pata: eso es, por cierto, lo contrario de una serendipia.<\/p>\n<p><em>Sigue leyendo\u2026<\/em><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-20457 size-full aligncenter\" title=\"Mujeres libres: Alma Mahler, la novia del viento\" src=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Alma-Mahler-1.jpg\" alt=\"Mujeres libres\" width=\"850\" height=\"425\" srcset=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Alma-Mahler-1.jpg 850w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Alma-Mahler-1-300x150.jpg 300w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Alma-Mahler-1-768x384.jpg 768w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/Alma-Mahler-1-770x385.jpg 770w\" sizes=\"(max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><\/p>\n<p><strong>Alma Mahler y sus amores<\/strong><\/p>\n<p>Alma Mahler no naci\u00f3 con el apellido de Mahler. De hecho, lo hizo el 31 de agosto de 1879 en Viena con el apellido de su padre, Schindler, un afamado pintor de la burgues\u00eda. Su madre, una cantante de \u00f3pera de recorrido, Anna von Bergen, le dio a los dos a\u00f1os una hermana, hija de un amante suyo y se cas\u00f3 al enviudar con un disc\u00edpulo del padre de Alma, el inconformista pintor Carl Moll, cuando Alma contaba trece a\u00f1os. La profunda admiraci\u00f3n que Alma sent\u00eda por su padre combinada con la \u00abvolatilidad\u00bb de su madre hizo, a buen seguro, que Alma se replanteara muchas cuestiones. Y es que madre solo hay una y, en muchas ocasiones, menos mal que es as\u00ed. De este modo, la jovencita virtuosa de ojos azules que, en su m\u00e1s tierna adolescencia ya manejaba el piano como quer\u00eda y hab\u00eda compuesto unas cuantas peque\u00f1as piezas musicales, empieza a componer otras historias de much\u00edsima m\u00e1s hondura y repercusi\u00f3n social. Con diecisiete a\u00f1os, ya hab\u00eda entablado relaciones amorosas con Alexander von Zemlinsky, el compositor que, adem\u00e1s de ser su profesor de piano, quiso ser su novio formal cuando Alma cumpliera los 21 a\u00f1os pero al que le dio calabazas, tambi\u00e9n con el arquitecto y dise\u00f1ador industrial Joseph Mar\u00eda Olbrich que rondaba la treintena, y hasta el mism\u00edsimo Thomas Mann, veintea\u00f1ero por aquella \u00e9poca. Pero si de alguno de esas figuras que sol\u00edan frecuentar los innovadores c\u00edrculos de la <em>Sezession<\/em> qued\u00f3 la jovenc\u00edsima Alma intrigada, fue de otro \u201cvejete\u201d que le doblaba la edad; Gustav Klimt, con quien la cosa, cuanto menos, se concret\u00f3 en un jugoso beso. El mito de la mujer fascinante y desp\u00f3tica, seductora e incendiaria, implacable y contradictoria se empieza a consolidar con lo que ella llama sus \u00abMannkind\u00bb (sus \u00abhombres-ni\u00f1os\u00bb)\u2026 Y a todo esto Alma no hab\u00eda cumplido a\u00fan la mayor\u00eda de edad. El esplendor y la tragedia, la crueldad y la fascinaci\u00f3n, la contradicci\u00f3n y la imposibilidad de reconocerla de la decadente y rencorosa Viena se encarnan en ella. Contradicci\u00f3n como la de una Viena profunda e irracionalmente antisemita, la propia Alma y la burgues\u00eda \u00abelevada\u00bb a la que pertenece, pero cuyos mayores intelectuales y artistas por los que siente devoci\u00f3n son jud\u00edos. Eso hace que sea precisamente un jud\u00edo fr\u00e1gil e irascible el que intente dome\u00f1ar la furia de la peque\u00f1a cuando Alma cumple la mayor\u00eda de edad. Gustav Mahler, Dios para cualquiera que, como Alma, se entregue a la iglesia de la m\u00fasica, una figura de m\u00e1xima autoridad (algo que siempre anhela la histeria) y veinte a\u00f1os mayor que ella, es subyugado por el irresistible canto de la sirenita. Se casan el 9 de marzo de 1902 bajo estrictas condiciones; \u00e9l intentar\u00e1 abandonar las ense\u00f1anzas talm\u00fadicas y ella dejar\u00e1 sus veleidades carnales y aspiraciones musicales para convertirse en una persona entregada a la carrera de su marido. Del matrimonio nacen dos hijas; Mar\u00eda, de la que Alma ya estaba embarazada cuando contrae nupcias y Anna, que nace dos a\u00f1os despu\u00e9s. Mar\u00eda muere de escarlatina con apenas cinco a\u00f1os y Mahler que, posiblemente empez\u00f3 a naufragar cuando decidi\u00f3 desposar a Alma, empieza a caer f\u00edsica y ps\u00edquicamente en picado, de manera que ni el mismo Freud, su terapeuta, consigue sujetarlo. Muere en 1911, exhausto y agostado por una endocarditis. Un a\u00f1o antes, hab\u00eda encontrado sobre su escritorio una carta en cuyo membrete figuraba \u00abMahler\u00bb como destinatario y que Gustav consecuentemente entendi\u00f3 que era para \u00e9l pero que, en realidad, era para otra Mahler: Alma. Una ardorosa carta de amor de Walter Gropius, el celeb\u00e9rrimo arquitecto que ser\u00eda fundador de la Bauhaus, en la que le pide que deje a Mahler y se case con \u00e9l. Alma ya manten\u00eda ese mismo a\u00f1o una borrascosa relaci\u00f3n con un cient\u00edfico vien\u00e9s, Paul Kammerer, y a finales de ese a\u00f1o, posaba, en el sentido m\u00e1s amplio, para Oskar Kokoschka, un amante feroz de los del amor y la guerra. Al ser abandonado por Alma, Kokoschka compr\u00f3 una mu\u00f1eca de tama\u00f1o natural que imitaba fielmente a Alma y tras pasearla por todos los salones y salas de conciertos de Viena, la acab\u00f3 decapitando y tirando al jard\u00edn. Este hecho hizo que, en 1915, Alma optara, entre sus m\u00faltiples pretendientes, por desposarse con Gropius. La hija de ambos, Manon, no llegar\u00eda a cumplir los diecinueve, su matrimonio apenas cumplir\u00eda los cinco. El joven poeta expresionista Franz Werfel, tambi\u00e9n jud\u00edo, ser\u00eda su tercer marido a partir de 1929, pero ya manten\u00eda un idilio con \u00e9l mientras estaba casada con Gropius. Tampoco Werfel impidi\u00f3 que Alma subyugara a un apuesto sacerdote, Johannes Hollnsteiner, que apuntaba a arzobispo de Viena\u2026 Si Don Juan tuvo su novicia Do\u00f1a In\u00e9s, Alma no iba a ser menos.<\/p>\n<p><strong>La huida de Alma<\/strong><\/p>\n<p>El huevo de la serpiente eclosiona por segunda vez y la \u00abserendipia inversa\u00bb del que, yendo para pintor, acab\u00f3 encontr\u00e1ndose de F\u00fchrer trajo la mayor de las desgracias. En 1938 con la anexi\u00f3n de Austria por la Alemania nazi, Alma, que tiene ya 59 a\u00f1os y est\u00e1 casada con un jud\u00edo y madre de una medio jud\u00eda (su hija Anna, de Gustav Mahler) huye hacia Francia y Espa\u00f1a para, desde Portugal, partir hacia Nueva York. En la peripecia todav\u00eda seduce al hijo de Thomas Mann, treinta a\u00f1os menor que ella (los anteriores \u00abvejetes\u00bb de cuando ella era una adolescente son ahora los pimpollos que prefiere como amantes). Se instala con Werfel en Los \u00c1ngeles donde \u00e9l alcanza el \u00e9xito literario, mientras ella se dedica, es de suponer que entre otros menesteres, a los negocios. Su tr\u00e1nsito existencial y sexual por entre los m\u00e1s importantes artistas de Europa le ha dejado un considerable patrimonio de obras de arte. Alma fallece casi veinte a\u00f1os despu\u00e9s que Werfel, en 1964, en la ciudad de Nueva York y convertida en el fastuoso, sorprendente y temido personaje que siempre fue. En su funeral, no se interpret\u00f3, por indicaci\u00f3n suya, ninguna obra de Mahler.<\/p>\n<p><strong>Los rastros de Alma<\/strong><\/p>\n<p>Cuando escuchen ustedes la Quinta Sinfon\u00eda de Mahler, si se detienen un momento en el \u00abAdagietto\u00bb, estar\u00e1n escuchando una carta de amor dedicada a Alma. Cuando vean ustedes \u00abLa novia del viento\u00bb de Oskar Kokoschka, ver\u00e1n ustedes la pasi\u00f3n fren\u00e9tica de Alma. Cuando observen \u00abEl beso\u00bb de Klimt, posiblemente estar\u00e1n observando la honda impresi\u00f3n que le produjo ese primer beso de una Alma adolescente. Si escuchan el concierto para viol\u00edn y orquesta \u00abA la memoria de un \u00e1ngel\u00bb de Alban Berg, escuchar\u00e1n el dolor por la muerte de Manon, la hija de Alma y Gropius&#8230; Y as\u00ed hasta el infinito, los rastros del alma, furiosa, incendiaria, omnipresente, de Alma se deshilacharon a\u00fan candentes sobre la cultura europea hasta fundirse con ella. Todav\u00eda se escuchan y se han reeditado recientemente\u00a0 los \u00ablieds\u00bb (<em>lieder<\/em>) que ella compuso siendo una jovencita\u2026 Pero eso, cr\u00e9anme, es lo que menos se escucha de ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a class=\"twitter-share-button\" href=\"https:\/\/twitter.com\/share?ref_src=twsrc%5Etfw\" data-show-count=\"false\">Comp\u00e1rteme con un Re-Tweet<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Serendipia es uno de esos t\u00e9rminos de los que, hace una d\u00e9cada, nadie hab\u00eda o\u00eddo hablar ni por asomo y que ahora nos podemos encontrar en una conversaci\u00f3n tabernaria mientras se discute de f\u00fatbol. Pero, por si a alguien todav\u00eda no hubiera llegado a sus o\u00eddos (a mi procesador de textos, por ejemplo, le sigue sonando a error o a chino), aclararemos lo que significa. 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