{"id":17575,"date":"2021-12-30T07:55:34","date_gmt":"2021-12-30T07:55:34","guid":{"rendered":"https:\/\/dev.lelo.com\/es\/blog\/?p=17575"},"modified":"2026-03-30T15:05:01","modified_gmt":"2026-03-30T13:05:01","slug":"relatos-eroticos-lanza-a-tu-brujo-monedas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/relatos-eroticos-lanza-a-tu-brujo-monedas\/","title":{"rendered":"Lanza a tu brujo monedas (I) \u2013 Relato er\u00f3tico"},"content":{"rendered":"<p>Inspirado en la <em>Saga de Geralt de Rivia<\/em>, tambi\u00e9n conocida como <em>Saga del brujo<\/em>, del escritor polaco Andrzej Sapkowski, as\u00ed como en sus adaptaciones en videojuegos y en la serie de Netflix, <em>The Witcher<\/em>, este relato te sumerge en un universo de deseo, tensi\u00f3n y fantas\u00eda oscura.<\/p>\n<p>Para una experiencia m\u00e1s inmersiva, puedes acompa\u00f1ar la lectura con su banda sonora.<\/p>\n<div style=\"margin: 16px 0;\"><iframe style=\"border-radius: 12px;\" src=\"https:\/\/open.spotify.com\/embed\/track\/2KMLGJ1mPfRE4GNdL92rl3\" width=\"100%\" height=\"152\" frameborder=\"0\"><br \/>\n<\/iframe><\/p>\n<div style=\"margin-top: 6px; font-size: 14px;\"><a style=\"color: #000; text-decoration: underline;\" href=\"https:\/\/open.spotify.com\/track\/2KMLGJ1mPfRE4GNdL92rl3\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><br \/>\nEscuchar en Spotify<br \/>\n<\/a><\/div>\n<\/div>\n<h2>Lanza a tu brujo monedas (I)<\/h2>\n<p>Reino combinado de Lyria y Rivia, Continente, durante el primer crep\u00fasculo del Lobero.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00abEscuchad pues, cuando acaezca el tiempo de la espada y el hacha, la \u00e9poca de la tormenta salvaje, el ardoroso y roto coraz\u00f3n aguardar\u00e1 a la muerte renacida en un lecho de escamas doradas y tubulares pu\u00f1ales. El campe\u00f3n engendrado por la blasfemia rubricar\u00e1 vetustas promesas enmascaradas de sorpresas, firmadas con la sangre de los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Por el profundo agujero de un falso y sacro pozo horadado en roca viva, se colaba sinuoso el mortecino relente de la luna. Sus aguas tel\u00faricas, enriquecidas de monedas cargadas de deseos, flu\u00edan a lo largo de millas subterr\u00e1neas cuyo origen se hallaba en las Monta\u00f1as Azules.<\/p>\n<p>Kraven, con los ojos eclipsados por los p\u00e1rpados, exhal\u00f3, sentado en la poza y elevado por un sitial de monedas que refulg\u00edan con una gualda refracci\u00f3n que jugaba con el vapor que nublaba la terma. Recostado en los bordes pedregosos tras de s\u00ed, iz\u00f3 la testa de cabellos brunos a excepci\u00f3n de un mech\u00f3n cetrino. Por su mente nadaban los recuerdos de la muy tierna infancia que no hab\u00edan sido corrompidos por la ponzo\u00f1osa Prueba de las Hierbas y que, sin embargo, s\u00ed le restaban borrosos. Se rememoraba llorando a pleno pulm\u00f3n, ensordecido por los gritos de la turba que lo encomendaba a ser sacrificado, engullido por la monstruosa Serpiente a cambio de que esta cesara la epidemia de peste que amontonaba m\u00e1s y m\u00e1s cad\u00e1veres en las carretas. S\u00ed, se recordaba invocando desesperado viejas leyes que hab\u00eda o\u00eddo narrar de las bocas desdentadas y ra\u00eddas por la vejez, y que, por supuesto, un mocoso de su edad no entend\u00eda. Jurando que ser\u00eda bueno y que har\u00eda o entregar\u00eda\u2026<\/p>\n<p>\u2014Hasta lo que no puedo tener \u2014recit\u00f3 Kraven las incongruentes palabras; la ronquera de su voz reverber\u00f3 en el empedrado a su alrededor.<\/p>\n<p>Su macizo cuerpo, mapeado de cicatrices, evidenciaba el dolor que sent\u00eda al recapitular y se tensaba con cada reminiscencia. En efecto, se recordaba sacudi\u00e9ndose en un vano intento por zafarse de los brazos que traicionaban el significado de \u00abmaternos\u00bb y cayendo e impactando en el agua, la misma que ahora le arribaba a la mitad del torso asperjado de ensortijado vello y en el cual aullaba un lobo capturado en un medall\u00f3n. Cu\u00e1n agudo le hab\u00eda resultado el dolor entonces al manifestarse en la rojez de la sangre en nariz y boca, orificios por los que el l\u00edquido del pozo hab\u00eda entrado, pretendiendo anegarle los alv\u00e9olos, arrebatarle la vida y facilitarle la digesti\u00f3n al monstruo al que iba ofrendado. Atestiguado por el destino, y en contrapunto a unas extremidades fr\u00edas e hirientes, sinti\u00f3 un abrazo amoroso que lo salvaba del ahogo y lo llevaba consigo junto al sonido mel\u00f3dico de una voz arrulladora y seseante, y unos ojos que lo desampararon al depositarlo a orillas del r\u00edo, retirado de la torre del homenaje de Kaer Morhen.<\/p>\n<p>Las aguas concibieron anillos en la superficie y la magia piruete\u00f3 en el ambiente, aguzada al igual que los filos de sendas espadas de plata y acero que dormitaban en las vainas, al lado del mont\u00f3n de sucias ropas y embarradas botas.<\/p>\n<p>\u2014Mu\u00e9strate\u2026 \u2014conmin\u00f3 Kraven, alzando la cabeza, y abri\u00f3 los ojos. Uno de ellos carec\u00eda de iris, solo era una renegrida pupila, mientras el contrario luc\u00eda el com\u00fan centro y un iris verdoso, en dualidad con su cabellera. Aturdido por la extra\u00f1a concentraci\u00f3n m\u00e1gica, el brujo carraspe\u00f3, sac\u00f3 la zurda del agua e hizo brincar un gulden que Vesemir le hab\u00eda desembolsado en recompensa al liquidar a su primer gallotriz\u2014. Mu\u00e9strate de una jodida vez \u2014espet\u00f3. Desde que hab\u00eda iniciado La Senda, siempre se hab\u00eda sentido atra\u00eddo por aquel lugar y por lo que lo ocupaba.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Plop!\u00bb, prorrumpi\u00f3 la moneda norte\u00f1a antes de zozobrar.<\/p>\n<p>Destellos \u00e1ureos convergieron en un punto en concreto del agua y dieron paso a una multitud de gotitas que se suspendieron en el aire adelantando a una coronilla sembrada de largos cabellos rucios, seguidos por un rostro de rasgos hermosos, de acentuados p\u00f3mulos, ojos cerrados y labios generosos. La figura prosigui\u00f3 irgui\u00e9ndose y revel\u00f3 unos pechos injuriadores de hambrunas en contrapartida a la llanura \u00e1rida del vientre. Aunque, si uno no se embelesaba con el arrobador aspecto de los senos coronados de erectos y sonrosados pezones, advertir\u00eda que, en el centro del pecho de esta, detr\u00e1s y un poco a la izquierda del estern\u00f3n, palpitaba una especie de telliz.<\/p>\n<p>Continu\u00f3 elev\u00e1ndose y con ella el cortinaje de gotas, ajenas a las cuentitas transparentes que le lam\u00edan la centelleante piel y el vello del pubis, de tono exacto al de la cabellera, y le arribaban a los torneados muslos. Se detuvo, suspendida sobre las aguas, salvo por las puntas de los dedos de los pies.<\/p>\n<p>A fe de que el miedo no era cosa de los suyos (o eso se dec\u00eda), Kraven permaneci\u00f3 inm\u00f3vil ante la aparici\u00f3n. Ah\u00ed no era capaz de ejecutar signos y eso deber\u00eda suscitarle resquemor. De hecho, por no funcionar no lo hizo ni la poci\u00f3n que hab\u00eda ingerido, y por ello sus ojos no se hab\u00edan tornado negros despu\u00e9s de adentrarse en el pozo por medio de una escarpada entrada al otro lado de la ladera, dentelleada en la roca. Sabi\u00e9ndose vulnerable, decidi\u00f3 abrazar el destino desnudo, y nunca mejor dicho. Guard\u00f3 silencio y la contempl\u00f3 con la incertidumbre reflej\u00e1ndose en la marcada l\u00ednea de su quijada, tiznada de barba de diez d\u00edas.<\/p>\n<p>\u2014Lanza al brujo monedas \u2014canturre\u00f3 ella; su voz era seseante y rica, envolvente como el sopor del alcohol. De las palmas le brotaron aquellas de las que cantaba, monedas que regresaron al fondo en una incesante lluvia. Abri\u00f3 los ojos para mirarlo y sus iris, m\u00e1s apaisados de lo usual, vibraban en una marea glauca\u2014. Oh, valle opulento \u2014tarare\u00f3, avanzando levitante, acompa\u00f1ada de la cortina de gotas y del run-run de sus pies que delineaban surcos en el agua\u2014. Oh, oh, oh\u2026 \u2014sonri\u00f3, fren\u00e1ndose cerca, muy cerca del que apodaban el Azote de Cienfuegos. El sobrenombre le ven\u00eda por haber combatido en una antigua cripta de Temeria a unos ghuls (exagerados cien para el relator de la haza\u00f1a) con la espada de plata prendida en llamas. Lo curioso del asunto era que nadie sab\u00eda (ni el propio Kraven) c\u00f3mo el filo se hab\u00eda encendido.<\/p>\n<p>\u2014Te equivocas de brujo\u2014advirti\u00f3. Geralt de Rivia ostentaba tal fama que ensombrec\u00eda la existencia del resto, ef\u00edmeros v\u00e1stagos de la<strong>\u00a0<\/strong>Escuela del Lobo. El deseo le hormigue\u00f3 en el bajo vientre, se desperez\u00f3 en la linde con su ombligo y se irgui\u00f3 entre la atl\u00e9tica largura de las piernas. Su desarrollado sentido olfativo detect\u00f3 trazas perfumadas de una mujer\u2026 Y, convencido de que estaba delante la misma criatura del pasado, procur\u00f3 concentrarse en resolver el enigma que ella entra\u00f1aba, ya que del surtido bestiario que infestaba el Continente no la encajaba en ninguna categor\u00eda. No era una maga, tampoco una sirena, ni una s\u00facubo y, desde luego, no una kikimora, un encubierto djinn o una arp\u00eda. Quiz\u00e1 se tratase de\u2026<\/p>\n<p>\u2014Vaam \u2014le interrumpi\u00f3 los pensamientos formulando el nombre, que le danz\u00f3 en la lengua y salt\u00f3 de un diente a otro. Ella lade\u00f3 la testa observando al mutante repantigado. Sus aguas no hab\u00edan logrado deshacerlo de toda la suciedad que lo manchaba, empecinada en proseguir en la piel de este. Bien, ella comprend\u00eda la ro\u00f1a. En el interior de los antebrazos del brujo podr\u00edan hacerse polvo los cascotes de las m\u00e1s altas torres de los castillos invernales; en su torso, enderezarse troncos combados por el furioso viento, y en su vientre, pulir pedruscos para obtener gemas y diamantes\u2014. La canci\u00f3n es pegadiza \u2014dijo con sorna.<\/p>\n<p>\u2014De m\u00ed no cantan haza\u00f1as. Las cuentan, pero no las cantan \u2014puntualiz\u00f3 Kraven, hundiendo las manos en el calor. Disimul\u00f3 en el instante en que los dedos de su mano derecha palparon algo distinto a las monedas que ca\u00edan profusas de las manos de ella. Semejaba marfil; lo toc\u00f3, sintiendo el engrose de la ra\u00edz que se afinaba hasta el punzante final\u2014. Vaam \u2014repiti\u00f3, picoteado por un escalofr\u00edo que le contaminaba la medula espinal y le endurec\u00eda la verga, tanto como para convertirla en un cayado que separaba las aguas. El nombre proferido le ta\u00f1\u00f3 en los o\u00eddos, son\u00e1ndole a equivoco. Quiz\u00e1s porque lo confundi\u00f3 con la f\u00e1bula de Mava, que hab\u00eda escuchado a medias en una taberna de Dravograd, desde la oscuridad aislada de un rinc\u00f3n y cerveza en mano, servida en una jarra desportillada. Esta expon\u00eda y adornaba la calamidad de una virgen \u2014bueno, virgen hasta que hab\u00eda dejado de serlo\u2014 que hab\u00eda malogrado los poderes que la inocencia le otorgaba en canje de un amor que enseguida le fue apostatado, despedaz\u00e1ndole el coraz\u00f3n\u2026, y Kraven no sab\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY quieres que lo hagan? \u2014pregunt\u00f3 ella. El odio por parte de los humanos hacia los brujos era vasto y conocido, y, pese a los pocos que quedaban tras el saqueo a Kaer Morhen, no se hab\u00eda diluido\u2014. D\u00edcese que t\u00fa y los tuyos sois mutantes privados de sentimientos e inmunes a cualquier clase de dolor \u2014a\u00f1adi\u00f3\u2014. Yo discrepo, Azote de Cienfuegos \u2014asinti\u00f3, recogiendo los dedos en las palmas, y el caudal de sus manos se sec\u00f3 cuando Kraven se iz\u00f3 de la poza tan raudo que a Vaam le supuso un parpadeo.<\/p>\n<p>Era parco en palabras, mas no en actos. El brujo, zurdo, la aprehendi\u00f3 por el cuello, sin violencia y ni mucho menos de un modo que se esperara por parte de un mercenario cuya destreza en el mercado era distribuir la muerte.<\/p>\n<p>\u2014No \u2014respondi\u00f3; no quer\u00eda que las cantaran. Comprob\u00f3 que ella era templada y de piel tersa. Desfil\u00f3 los dedos a la yugular, midi\u00e9ndole el pulso, m\u00e1s r\u00e1pido que el suyo, cuatro veces m\u00e1s lento que el de un humano. La vida solitaria, deambulando de pueblo en pueblo en un devenir de monstruos a cambio de dinero, lo relegaba a la espor\u00e1dica compa\u00f1\u00eda de un reducido n\u00famero de rameras que demandaban un incremento econ\u00f3mico por ejercer su oficio con \u00e9l. Por eso, Kraven no estaba hecho a la terneza o \u00a0galanter\u00eda. La verga le cimbre\u00f3, engruesada desde el nacimiento y galopando sobre los colmados test\u00edculos, exigi\u00e9ndole consuelo. Enarbol\u00f3 la otra mano y, \u00a0dubitativo, termin\u00f3 pos\u00e1ndola en el semblante de Vaam, para seguir el arco de sus labios.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 es lo que s\u00ed quieres? \u2014interpel\u00f3 ella, discerniendo a la perfecci\u00f3n las notas olfativas que compon\u00edan el aroma que el brujo desprend\u00eda: acero, barro, piel mojada por la niebla y secada tard\u00eda al aletargado sol; a caballo alimentado de patas j\u00f3venes y a salvo fuera del laberintico emplazamiento, a sangre propia y de otros tantos, a vino rancio y a la salinidad de la transpiraci\u00f3n y excitaci\u00f3n, y, sobre todo, a destino y a \u00f3bito. Vaam uni\u00f3 su vientre al de \u00e9l convirti\u00e9ndolos en dos cines que se cortejaban al son del baile de sus respiraciones y les rodeaban los ombligos. Ahuec\u00f3 una \u00ednfima parte de la gran mano de \u00e9l bajo la suya, que se mec\u00eda en su cara, y friccion\u00f3 la nariz contra ella.<\/p>\n<p>\u2014Ambos sabemos que no concedes deseos \u2014arguy\u00f3 Kraven; era lo \u00fanico de lo que estaba convencido. Paladeando una debilidad de esp\u00edritu que le ara\u00f1aba m\u00e1s all\u00e1 del pubis, entorn\u00f3 los ojos. Recorri\u00f3 el cuello de Vaam hacia abajo y descendi\u00f3 por la delicada complexi\u00f3n del estern\u00f3n y por encima de la retumbante coraza hasta colgarse del rico flanco del seno\u2014. Es in\u00fatil\u2026 \u2014farfull\u00f3, con su erecci\u00f3n queriendo anidar en ella, hibernando en su ardent\u00eda y corri\u00e9ndose para desencadenar la primavera\u2014\u2026 desear nada. \u2014La fricci\u00f3n de la nariz en la suya lo anim\u00f3 a encaramarse a la boca de ella; aspir\u00f3 su aliento y la bes\u00f3.<\/p>\n<p>Vaam jade\u00f3 cuando la boca de Kraven cay\u00f3 sobre la suya, devor\u00e1ndole la sonrisa. Su suspendido cuerpo cedi\u00f3 al de \u00e9l y estall\u00f3 en un roc\u00edo que salpic\u00f3 las aguas bajo s\u00ed. Conmovida por la tentativa de ternura por parte de \u00e9l, le roz\u00f3 los desgastados nudillos de la mano que este ten\u00eda en su pecho y, con la hermana, le acarici\u00f3 la mand\u00edbula para que suavizara el empuje de los labios. Gimi\u00f3, con las contracciones batan\u00e1ndole el sexo, incursoras del flujo que aflorar\u00eda de los tiernos pliegues. Asaltada por la masculina lengua, hinc\u00f3 los pechos en el torso de \u00e9l y sus tiesos pezones, los muy ilusos, quisieron roer los pectorales de Kraven, y lo que consiguieron fue ser cosquilleados por las caracolas vellosas. Las sombras de sus pesta\u00f1as se alargaron al cerrar los ojos, acun\u00e1ndose en la boca del Azote de Cienfuegos.<\/p>\n<p>El destino los hab\u00eda anudado tiempo ha, los cuervos lo hab\u00edan graznado aleteando en los vientos de la guerra, cayendo como cenizas y apil\u00e1ndose cual nieve, llorado en la sangre de los reyes derrocados, yaciendo inertes a los pies de los fr\u00edos tronos. Oh, la historia, la balada de su destrucci\u00f3n iniciada por un beso, por un dulce beso\u2026<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Necio!\u00bb, le bram\u00f3 desga\u00f1itada la cordura, y Kraven la desoy\u00f3. Extendi\u00f3 la mano en el seno de Vaam y lo apret\u00f3, estimulando el pez\u00f3n. Incontenible, puj\u00f3 las caderas y timbr\u00f3 la piel de ella con la presimiente. Sumido en su beso cada vez m\u00e1s vehemente, emiti\u00f3 un gru\u00f1ido, que no un gemido, y no por no sentir placer, sino por la intensidad del mismo. \u00c9l acostumbraba a ser el cazador, y ahora era consciente de que era presa.<\/p>\n<p>El plateado medall\u00f3n en el nervudo cuello del mutante hizo contacto con la piel de Vaam, que comenz\u00f3 a quemarse como si se hallase bajo un hierro al rojo.<\/p>\n<p>\u2014El dolor del coraz\u00f3n es un claro indicador de la vida\u2026 \u2014susurr\u00f3 ech\u00e1ndose lo bastante hacia atr\u00e1s para que el colgante no la lastimara. La piel se le regener\u00f3 af\u00edn a la de un reptil que mudaba de vestiduras\u2014. Pero de eso, bien sabes t\u00fa, Azote de Cienfuegos \u2014dijo, sujet\u00e1ndose a \u00e9l por un antebrazo mientras sumerg\u00eda la diestra en las profundidades abisales entre sus vientres y le sobrevolaba la boca, reclam\u00e1ndole un nuevo beso. Buce\u00f3 unas pulgadas, solo eso, y tom\u00f3 en la palma la pesadez revenada de la verga.<\/p>\n<p>Kraven rezong\u00f3 al romperse el beso, abri\u00f3 los ojos e inclin\u00f3 la testa al testimoniar la regeneraci\u00f3n de la piel; sin duda alguna, aquello significaba que Vaam era un\u2026 \u00abMonstruo\u00bb, martille\u00f3 c\u00ednica la conciencia, y \u00e9l jade\u00f3, reh\u00e9n en las manos de Vaam, que lo acariciaban, masturb\u00e1ndolo. Rechin\u00f3 los dientes, inestable de pie en el lecho de monedas, cuando el verdadero tesoro no era el que anta\u00f1o hab\u00eda surgido de las palmas de ella, sino el que le proporcionaba una mano al trabajar en su erecci\u00f3n y la otra al masajearle la envoltura testicular. Frunci\u00f3 el ce\u00f1o, constre\u00f1ido por el agarrotamiento que le carcom\u00eda las r\u00f3tulas y le trepaba piernas arriba, embravecido. Mascull\u00f3 algo inteligible y se aferr\u00f3 a su pecho, anclando la diestra en la arista de la cadera de Mava. La infecunda semilla brinc\u00f3 fuera de su uretra y cabriol\u00f3 en torno a los imparables y delgados dedos hasta ahogarse en el pozo.<\/p>\n<p>Vaam le apur\u00f3 el cl\u00edmax, cosechando los copiosos y blanquecinos ca\u00f1os. Kraven, en su grandeza, casi parec\u00eda d\u00e9bil conforme se desle\u00eda bajo su toque.<\/p>\n<p>\u2014Vaya\u2026 \u2014murmur\u00f3; extrajo los postreros copos <strong>y <\/strong>lo prob\u00f3 al liberarle la verga, todav\u00eda dura\u2014. \u00bfLa resistencia de los mutantes es un mito, al igual que la existencia de mujeres lobo? \u2014se fanfarrone\u00f3 de las habilidades sobrehumanas de este y no de las inexistentes hembras lic\u00e1ntropas.<\/p>\n<p>El Brujo resoll\u00f3 al mirarla a trav\u00e9s de una tempestad desatada en sus dispares cristalinos. Comparable al sonido de una espada tajando el aire fue el silbido de sus brazos al estrecharla, girarla y asentarla semitumbada en la piedra, pr\u00f3xima al mont\u00f3n de ropas. La mofa de Vaam no hab\u00eda hecho m\u00e1s que enardecerlo, y por mucha agua que ella tuviera, no ser\u00eda suficiente para apagar su fuego. Se reclin\u00f3 sobre ella, se cat\u00f3 en sus labios y, haci\u00e9ndose sitio entre sus piernas, \u00a0inici\u00f3 un camino de besos de ment\u00f3n a cuello, pasando por el \u00e1ureo caparaz\u00f3n y directo a los pechos. Leng\u00fcete\u00f3 uno, le mordisque\u00f3 el pez\u00f3n y lo succion\u00f3. Evitando males mayores, hizo lo convenido con el otro.<\/p>\n<p>Las fieles gotitas la siguieron a la roca en la que se acomod\u00f3, apoy\u00e1ndose en los codos, con un pie hundido en el agua y el otro bifurcando con la pantorrilla la cadera del brujo. Vaam gimi\u00f3, y las vacilaciones se enredaron en las finas hebras de su pelo. Retembl\u00f3, gozosa; los besos de \u00e9l creaban constelaciones en su piel erizada, marc\u00e1ndola como la estela de la cola de un cometa. De tanto en tanto, con Kraven en los confines de su c\u00f3ncavo vientre, la tocaba el medall\u00f3n que le pend\u00eda del cuello, compeli\u00e9ndola a sustituir un lienzo por otro. El lobo que aullaba en la argentada pieza era ridiculizado por las grandes fauces abiertas del mutante al abordarle el tri\u00e1ngulo velloso predecesor de los redondeados muslos.<\/p>\n<p>Kraven cerni\u00f3 los brazos por debajo de las piernas de Vaam, la inmoviliz\u00f3 con los tobillos aupados en los hombros y se arrodill\u00f3. La oli\u00f3, rugi\u00e9ndole el hambre en el est\u00f3mago, y todo y as\u00ed, pens\u00f3 en que los gualdos tirabuzones del pubis de ella podr\u00edan hilvanarse en una rueca con el fin de producir filamento que muchos confundir\u00edan con hilo de oro.<\/p>\n<p>\u2014Veamos qu\u00e9 tal la tuya \u2014se pronunci\u00f3, en alusi\u00f3n a la \u00abresistencia\u00bb, segundos previos a soterrar la cabeza a la sombra de los femeninos muslos. Bes\u00f3 el perlado cl\u00edtoris y, desempe\u00f1ando su sinhueso la funci\u00f3n de abrecartas, separ\u00f3 una doblez de otra, acariciando con la lengua la angosta apertura.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Lee el desenlace aqu\u00ed: <a href=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/relatos-eroticos-lanza-a-tu-brujo-monedas-ii\/\"><strong>Lanza a tu brujo monedas (II)<\/strong><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Seduce y embruja. Ahora tienes un <strong>15% de descuento<\/strong>\u00a0en\u00a0<strong>accesorios BDSM<\/strong>\u00a0(copia y pega el c\u00f3digo\u00a0<strong>VOLONTE15<\/strong>\u00a0en la cesta):<\/p>\n\n<p><strong>Recibe m\u00e1s art\u00edculos como este en tu email (es GRATIS)<\/strong><\/p>\n<div class=\"indicates-required\"><span class=\"asterisk\">*<\/span> Lo que necesitamos para enviarte nuestra Newsletter.<\/div>\n<div class=\"mc-field-group\"><label for=\"mce-EMAIL\">Tu direcci\u00f3n de email: <span class=\"asterisk\">*<\/span><\/label><input id=\"mce-EMAIL\" class=\"required email\" name=\"EMAIL\" required=\"\" type=\"email\" value=\"\" \/><\/div>\n<div id=\"mce-responses\" class=\"clear\">\n<div id=\"mce-error-response\" class=\"response\" style=\"display: none;\"><\/div>\n<div id=\"mce-success-response\" class=\"response\" style=\"display: none;\"><\/div>\n<\/div>\n<div style=\"position: absolute; left: -5000px;\" aria-hidden=\"true\"><input tabindex=\"-1\" name=\"b_3f120ef036c74208e60df6267_6b448a9bbd\" type=\"text\" value=\"\" \/><\/div>\n<div class=\"clear\"><input id=\"mc-embedded-subscribe\" class=\"button\" name=\"subscribe\" type=\"submit\" value=\"Suscr\u00edbete aqu\u00ed\" \/><\/div>\n<p><script type=\"text\/javascript\" src=\"\/\/s3.amazonaws.com\/downloads.mailchimp.com\/js\/mc-validate.js\"><\/script><script type=\"text\/javascript\">(function($) {window.fnames = new Array(); window.ftypes = new Array();fnames[0]='EMAIL';ftypes[0]='email';fnames[1]='FNAME';ftypes[1]='text';\/*\n * Translated default messages for the $ validation plugin.\n * Locale: ES\n *\/\n$.extend($.validator.messages, {\n  required: \"Este campo es obligatorio.\",\n  remote: \"Por favor, rellena este campo.\",\n  email: \"Por favor, escribe una direcci\u00f3n de correo v\u00e1lida\",\n  url: \"Por favor, escribe una URL v\u00e1lida.\",\n  date: \"Por favor, escribe una fecha v\u00e1lida.\",\n  dateISO: \"Por favor, escribe una fecha (ISO) v\u00e1lida.\",\n  number: \"Por favor, escribe un n\u00famero entero v\u00e1lido.\",\n  digits: \"Por favor, escribe s\u00f3lo d\u00edgitos.\",\n  creditcard: \"Por favor, escribe un n\u00famero de tarjeta v\u00e1lido.\",\n  equalTo: \"Por favor, escribe el mismo valor de nuevo.\",\n  accept: \"Por favor, escribe un valor con una extensi\u00f3n aceptada.\",\n  maxlength: $.validator.format(\"Por favor, no escribas m\u00e1s de {0} caracteres.\"),\n  minlength: $.validator.format(\"Por favor, no escribas menos de {0} caracteres.\"),\n  rangelength: $.validator.format(\"Por favor, escribe un valor entre {0} y {1} caracteres.\"),\n  range: $.validator.format(\"Por favor, escribe un valor entre {0} y {1}.\"),\n  max: $.validator.format(\"Por favor, escribe un valor menor o igual a {0}.\"),\n  min: $.validator.format(\"Por favor, escribe un valor mayor o igual a {0}.\")\n});}(jQuery));var $mcj = jQuery.noConflict(true);<\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Inspirado en la Saga de Geralt de Rivia, tambi\u00e9n conocida como Saga del brujo, del escritor polaco Andrzej Sapkowski, as\u00ed como en sus adaptaciones en videojuegos y en la serie de Netflix, The Witcher, este relato te sumerge en un universo de deseo, tensi\u00f3n y fantas\u00eda oscura. 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