{"id":19046,"date":"2022-08-26T10:04:48","date_gmt":"2022-08-26T08:04:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/?p=19046"},"modified":"2022-08-30T07:55:17","modified_gmt":"2022-08-30T05:55:17","slug":"relatos-eroticos-te-veo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/relatos-eroticos-te-veo\/","title":{"rendered":"Te veo \u2013 Relato er\u00f3tico"},"content":{"rendered":"<p>Tanto si crees en los fantasmas como si no, est\u00e1s a punto de leer un maravilloso relato er\u00f3tico de Andrea Acosta.<\/p>\n<p><em>Sigue leyendo\u2026<\/em><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-19047 size-full\" title=\"Te veo \u2013 Relato er\u00f3tico\" src=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/ANDREA_ACOSTA-VOLONTE-ESPECTROFILIA.png\" alt=\"Relatos er\u00f3ticos\" width=\"850\" height=\"425\" srcset=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/ANDREA_ACOSTA-VOLONTE-ESPECTROFILIA.png 850w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/ANDREA_ACOSTA-VOLONTE-ESPECTROFILIA-300x150.png 300w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/ANDREA_ACOSTA-VOLONTE-ESPECTROFILIA-768x384.png 768w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/ANDREA_ACOSTA-VOLONTE-ESPECTROFILIA-770x385.png 770w\" sizes=\"(max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><\/p>\n<h5>Imagen por <a href=\"https:\/\/twitter.com\/_alicia_acosta\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Alicia Acosta<\/a>.<\/h5>\n<h4 style=\"text-align: center;\"><strong>Te veo<\/strong><\/h4>\n<p>Noche del 31 de octubre 1985, Coupeville, condado de Island, Washington<\/p>\n<p>La lluvia ca\u00eda virulenta de un cielo devorador de estrellas, y el oleaje rug\u00eda, rug\u00eda furibundo en el mar y acababa dentelleando la orilla, espumando, salpicando las vidrieras de la vieja casa impert\u00e9rrita en lo alto de la enrocada escarpadura.<\/p>\n<p>En lo m\u00e1s c\u00e1lido de la morada, tenuemente iluminada por titilantes flamas provenientes de la chimenea y de las velas que lloraban su cera en los candelabros, los descalzos pies de Gillian recorrieron el invernadero y se frenaron en los escalones del pasillo, previo a la sala de estar conectada con el comedor. En esta, la aguja del tocadiscos brinc\u00f3, acallando a la m\u00fasica. Bien, a expensas del repentino silencio, nada semejaba ser an\u00f3malo, \u00bfcierto? Una solitaria chica ataviada con una camisola y la bruna cabellera trenzada, anudando secretos bajo el antiguo techo, soportando impasible la tormenta oto\u00f1al\u2026<\/p>\n<p>Dos cuentas centelleantes delataron al negro minino oculto en la semioscuridad, al cobijo de una de las estanter\u00edas del invernadero, antes incluso de que propalara un estridente bufido, mirando, observando, taladrando un punto fijo justo tras Gillian.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMe ves? \u2014pregunt\u00f3 ella, y, no, no fue a la gata apodada se\u00f1ora Tootsie, su singular compa\u00f1\u00eda despu\u00e9s de trasladarse a la enigm\u00e1tica hacienda; o, dadas las circunstancias, quiz\u00e1 la felina no se trataba de su \u00fanica compa\u00f1\u00eda&#8230; Algo con nombre o desprovisto de \u00e9l la hab\u00eda arrastrado hacia la casa, atray\u00e9ndola como la llama a la polilla; sin embargo, ella era ara\u00f1a. Volvi\u00f3 la testa, escudri\u00f1ando en la lobreguez y not\u00f3 un descenso de la temperatura. Al contrario de lo esperado, desasi\u00f3 el cierre de la camisola y empuj\u00f3 la prenda, permitiendo que la tela zozobrara por su desnudez y se despe\u00f1ara a sus pies, igual que un rey destronado\u2014. \u00bfMe ves? \u2014insisti\u00f3 Gillian, encarando una faz invisible. Sus pechos, peque\u00f1os y empitonados, cabr\u00edan en las palmas de unas masculinas manos tiznadas de p\u00f3lvora\u2026 Tales senos, de areolas tintillas y culminados por aguzados pezones, temblequearon en el torso sembrado de \u00abpecudas\u00bb constelaciones, y se extendieron bastas por el llano vientre y los muslos hasta arribar a los empeines.<\/p>\n<p>D\u00e9cadas e incontables decenios se sucedieron y arreciaron como el m\u00e1s crudo de los inviernos, aletarg\u00e1ndolo hasta que Gillian se trajo la primavera. \u00c9l, apencando a\u00fan con la escarcha, vel\u00f3 a la se\u00f1orita, aprendi\u00e9ndose, de paso, sus formas, en los inicios provistas de ropa y, m\u00e1s tarde y para su pundonor, desarropadas. Intent\u00f3 comunicarse, hacerse notar y, sobre todo, obtener un porqu\u00e9, que persist\u00eda irresoluto; mas ello no cambiaba que sus et\u00e9reos pasos la siguieran y que sus vetustos huesos y restos descompuestos en la tierra la desearan. Era pobre y, en el caso de haber muerto con las manos llenas de monedas de oro, proseguir\u00eda siendo un pordiosero del calor de esa mujer, mendigo y no de alma, por muy maldita que esta estuviera, sino de manos: manos con las que tocarla, acariciarla; boca con la que besarla, cuerpo con el que tomarla hasta fenecer de nuevo, desli\u00e9ndose en una blanquecina descarga, para, poco a poco, recobrar el h\u00e1lito\u2026\u00a0 Su femenino aroma a lavanda y a salvia, mezclado con lo acidulado de la excitaci\u00f3n, lo hicieron resollar y plantarse si a eso se refer\u00edan con la condena eterna.<\/p>\n<p>Gillian, quien deber\u00eda proteger su coraz\u00f3n con un c\u00edrculo de sal negra, se ampar\u00f3 en el intrincado sigilo dibujado en su estern\u00f3n a vuela pluma, que, m\u00e1s pronto que tarde, auguraba ahogado por la sudoraci\u00f3n. Se mordisque\u00f3 el labio inferior, aquietando lo que le pasaba por la mente, y se volte\u00f3 para darle la espalda a aquel que no pose\u00eda sombra y cuya voz, de ser audible, sab\u00eda que restallar\u00eda como la bala de un ca\u00f1\u00f3n en plena contienda. Camin\u00f3 estoqueada por la contracci\u00f3n que le nac\u00eda en la matriz y le clamaba en el co\u00f1o, liberando un cristalino chorro de flujo que la reg\u00f3 pliegues abajo. S\u00ed, las cartas le hablaron de \u00e9l, el p\u00e9ndulo lo se\u00f1al\u00f3 en un oc\u00e9ano desecado y el poso del t\u00e9 especific\u00f3 una particular fecha \u00ab31 de octubre de 1780\u00bb.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Tootsie rasg\u00f3 el aire con un zarpazo, buf\u00f3 y, rauda, ech\u00f3 a correr.<\/p>\n<p>Ya no hab\u00eda agon\u00eda ni vientos ululando la independencia; \u00e9l era y no era, y un patri\u00f3tico tamborilero le repicaba en el coraz\u00f3n\u2026 Dicha y nuda mujer resplandec\u00eda, como la sangre coagul\u00e1ndose en los botones de la casaca de su mismo ejecutor, embebi\u00e9ndose y refulgiendo con m\u00e1s intensidad que el rojo de la cola de langosta<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Una excitaci\u00f3n impropia de un ex\u00e1nime le restituy\u00f3 la sensaci\u00f3n de la verga que le batallaba en los calzones y el dolor con matices placenteros le congestion\u00f3 los test\u00edculos. \u00c9l mud\u00f3 las manos en pu\u00f1os, abyecto al miserable hecho de no poder tocarla.<\/p>\n<p>Gillian contuvo la respiraci\u00f3n y entre el n\u00e1car de sus dientes se col\u00f3 una bocanada de vaho; el fr\u00edo aument\u00f3 y una especie de electricidad est\u00e1tica, envidiosa de los rel\u00e1mpagos que se encontraban en el ventoso exterior, le eriz\u00f3 la piel y la inst\u00f3 a detenerse. Apoy\u00f3 los hombros en la empapelada pared del sal\u00f3n, a tres yardas de la chimenea empachada de un fuego entristecido por la humedad. Gillian lo supo aproxim\u00e1ndose, lo sinti\u00f3 m\u00e1s cerca, y jurar\u00eda que o\u00eda las botas golpeando el suelo de madera. Las flores estampadas del papel se reunieron en una tiara que le laure\u00f3 la cabeza, y parpade\u00f3, devolvi\u00e9ndole, en realidad, la mirada al hombre impalpable y no al espejo sobre el hogar. Separ\u00f3 los muslos en una ofrenda exenta de altar y de fragantes barritas de incienso. El tri\u00e1ngulo velloso en su monte de Venus marcaba un sinuoso sendero al anhelo que le goteaba de las dobleces y le enrojec\u00eda el cl\u00edtoris, que imitaba una cereza presta para ser degustada.<\/p>\n<p>Iba a ense\u00f1arle a la bruja brujer\u00eda, valga la redundancia. En sus tiempos, la sola menci\u00f3n o tan siquiera alusi\u00f3n a las \u00abmalas artes\u00bb todav\u00eda lo habr\u00eda conducido al otro extremo de una cuerda; no obstante, la muerte hab\u00eda trastocado el prisma. Innombrable, la contempl\u00f3, percibiendo el tr\u00e9mulo calor que se desprend\u00eda del cuerpo de Gillian, el subir y bajar de los comestibles senos, el leve espasmo en el bajo vientre, que revelaba lo dispuesto de su sexo, y \u00e9l oscil\u00f3 la zurda de manera que la trenza comenz\u00f3 a deshacerse; agit\u00f3 los transl\u00facidos dedos, y prosigui\u00f3 desenhebr\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Gillian, asalvajada, perder\u00eda la cabeza y seguro que, entonces, Washington Irving le recomendar\u00eda sustituirla por una calabaza<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. El \u00e1nima le revolote\u00f3 en la caja tor\u00e1cica con desmedido \u00edmpetu, astill\u00e1ndole las costillas, y los pezones se le afilaron para cincelar el vidrio. Mientras la trenza se desbarataba, los hilos del telar de su destino se estrecharon y su co\u00f1o doli\u00f3, necesitado de \u00e9l, de su revenada dureza, de las arremetidas sin compasi\u00f3n, de sus primigenias nieves. Iz\u00f3 el semblante y los labios aguardaron por un beso.<\/p>\n<p>\u00c9l logr\u00f3 vencer a la trenza y las oscuras hebras de la melena de Gillian quedaron redimidas del yugo; pas\u00f3 los dedos para acariciar los mechones y tan solo consigui\u00f3 que se movieran una migaja, escurri\u00e9ndose en las yemas. Elev\u00f3 la diestra, ahuecando la mejilla de la se\u00f1orita o, para ser exactos, traspas\u00e1ndola. A su pesar, no era capaz de ir m\u00e1s all\u00e1 de destrenzarle el pelo, aunque ello ya era un gran avance, propiciado por el alzamiento del velo que divid\u00eda los mundos<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. Se hallaban tan cerca y a la par, tan lejos\u2026 Estaba cansado, hastiado, frustrado y hambriento ante el fest\u00edn que Gillian le supon\u00eda, consciente, adem\u00e1s, de que ella sabr\u00eda m\u00e1s dulce que la ca\u00f1a de az\u00facar al picarle las muelas. Cerr\u00f3 los p\u00e1rpados y maldijo sus despojos inhumados, hurtados de la bandera remendada a la lumbre del candil, y hu\u00e9rfanos de l\u00e1pida en lo que ahora era la entrada vallada del jard\u00edn trasero.<\/p>\n<p>\u2014M\u00edrame\u2026 \u2014mand\u00f3 ella, atesorando el beso, y no en los labios, sino en el lunar situado en el c\u00e9nit del arco de Cupido, convirti\u00e9ndolo en promesa. Se lo dar\u00eda. \u00bfCu\u00e1ndo? \u00bfC\u00f3mo? Lo desconoc\u00eda. Pesta\u00f1e\u00f3, competente en lo relevante a transformar a la externa tormenta en un hurac\u00e1n, y desfil\u00f3 la mano derecha a su estern\u00f3n, rept\u00f3 al encuentro de la redondez del pecho y acarici\u00f3 la circunferencia. La zurda le naveg\u00f3 por el vientre con rumbo al pubis, ensortij\u00f3 el dedo anular en los caracoleados vellos y se sumergi\u00f3 en la hendidura.<\/p>\n<p>Obedeci\u00f3 y, con m\u00e1s premura que en vida, la mir\u00f3. Vaya, al fin y al cabo, un soldado no dejaba de serlo ni en el otro mundo o en el medio de ambos o d\u00f3nde condenas estuviera. \u00c9l admir\u00f3 la danza de las manos, una en el seno y la hermana cabriolando en el sexo, tarareando un descarado soniquete coreado por la sonrosada boca. Dada su g\u00e9lida cercan\u00eda y la calidez del cuerpo de Gillian, el aliento de esta se hizo nubarr\u00f3n\u2026 De estar vivo, a fe ciega que la dejar\u00eda hacer, permanecer\u00eda contempl\u00e1ndola y, con una mano, la acunar\u00eda por la cadera, acarici\u00e1ndola con la callosidad de sus dedos, e inclinar\u00eda la testa en busca de un lugar entre sus cabellos para susurrarle al o\u00eddo que, en cuanto ella obtuviera el cl\u00edmax, se la llevar\u00eda al dormitorio. All\u00ed, la tumbar\u00eda en el lecho y le har\u00eda el amor, sin prisa, recre\u00e1ndose, y, al terminar y con renovado esp\u00edritu, se la follar\u00eda con tal frenes\u00ed que la vocecilla de Gillian se agudizar\u00eda entonando cual p\u00edfano<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 el Diablo se me aparezca y acordemos un pacto!\u00bb. Rabi\u00f3 para s\u00ed, uno de medianoche mediante carne, piel bronceada, prietos m\u00fasculos y fuertes huesos que contuvieran su alma corrupta.<\/p>\n<p>\u2014Oh, \u00bfme ves? \u2014gimote\u00f3 Gillian. De su co\u00f1o manaba tanto deseo que le sobrar\u00eda si pretendiese enfrascar un filtro amoroso. Juguete\u00f3 con lo perlado del cl\u00edtoris, gir\u00f3 por encima de la enardecida vulva, tentando la entrada. Abrupta, impeli\u00f3 dentro el dedo medio. Jade\u00f3, afianz\u00e1ndose en los talones, y se apret\u00f3 el pecho; un \u00abOui<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><em><strong>[5]<\/strong><\/em><\/a>\u00bb se le rebel\u00f3 en la lengua, reafirmando el placer y a la a\u00f1eja sangre <em>cr\u00e9ole<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><strong>[6]<\/strong><\/a><\/em> que le surcaba las venas. Con los p\u00e1rpados cerrados o no, \u00e9l resist\u00eda ah\u00ed, helado y candente, y ella uni\u00f3 un segundo dedo a la carga, masturb\u00e1ndose para \u00e9l, cuando unas letras empezaron a trazarse en lo rec\u00f3ndito de su subconsciente, al tiempo que el orgasmo se le gestaba debajo del ombligo.<\/p>\n<p>El graznido del cuervo a trav\u00e9s del temporal, plegando las alas y picoteando la puerta principal de la vivienda, o la consiguiente ca\u00edda de la escoba ubicada bocarriba en la cocina fueron emisarios silenciados por los gemidos de la mujer, estrangulados de sofocos que entelaban de bruma los cristales de las ventanas y el espejo que presid\u00eda la mortecina chimenea.<\/p>\n<p>A un bocado del centro de la m\u00e1s roja y jugosa manzana, as\u00ed cre\u00eda \u00e9l que Gillian estaba de alcanzar el orgasmo. Ansiaba sostenerla y se acerc\u00f3 m\u00e1s, usurpando rojez a los labios de esta a causa de su fr\u00edo. Testigo de los espasmos ya en los femeninos muslos, y del flujo que le calaba los dedos, la mu\u00f1eca y se derramaba en el suelo, luch\u00f3 por mantener la cordura. Las llamas del infierno en el que parec\u00eda que no lo quer\u00edan de eterno residente se extinguir\u00edan engullidas por la pasi\u00f3n que Gillian desat\u00f3 al correrse con copiosos y melosos ca\u00f1os de flujo.<\/p>\n<p>\u2014Alexander\u2026 \u2014gimi\u00f3 ella, ordenando las vocales y consonantes, que saltaron a la comba con la respiraci\u00f3n. Su organismo colaps\u00f3 v\u00edctima de la <em>petit mort<\/em> y, en el umbral granjeado por el placer, abri\u00f3 los ojos y lo vio frente a s\u00ed. Alto, con los nervudos brazos en tensi\u00f3n y las ajadas manos claveteadas en la pared cercadas por los pu\u00f1os arrugados de la camisa. La chaqueta azul, con elementos rojos, blancos y detalles abotonados y gualdos, se le entallaba en los hombros, y algunos de los casta\u00f1os y lacios mechones de pelo fugados de la lazada de cuero le enmarcaban la faz brillante de sudor; filamentos salobres iban resbal\u00e1ndole desde sienes a cejas, custodias estas de un par de ojos verdosos con destellos ambarinos. Las aletas de la masculina y carism\u00e1tica nariz estaban dilatadas y los labios yertos; la p\u00f3lvora le manchaba la incipiente barba y tambi\u00e9n el cuello y el estoico torso. Sobre el pectoral opuesto al del m\u00fasculo difunto, un profundo agujero horadaba la carne, y la luz que emit\u00edan las pocas velas que restaban en el comedor se infiltraba a su trav\u00e9s. De no ser por los pantalones, la enca\u00f1onar\u00eda sa\u00f1udo con la dureza punzante de la verga que cabalgaba los henchidos test\u00edculos en un forro de piel suave y ardiente. \u00c9l, Alexander, ol\u00eda a hombre, a cuero, a whisky, mas no a <em>bourbon<\/em><a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>; a sangre, a fuego, a tabaco en pipa, a sexo bronco\u2026<\/p>\n<p>La aguja del tocadiscos, jactanciosa, se pos\u00f3 y reprodujo la \u00fanica canci\u00f3n que jam\u00e1s fue grabada en el vinilo: <em>Yankee Doodle<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><strong>[8]<\/strong><\/a>.<\/em><\/p>\n<p>Y all\u00e1, en el espejo emborronado por la condensaci\u00f3n, se vislumbraron las palabras que compusieron respuesta a la primera pregunta que Gillian hab\u00eda formulado:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00abTe veo\u2026\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a class=\"twitter-share-button\" href=\"https:\/\/twitter.com\/share?ref_src=twsrc%5Etfw\" data-show-count=\"false\">Comp\u00e1rteme con un Re-Tweet<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n<h5><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u00abLangosta\u00bb, \u00abCola de langosta\u00bb o \u00abEspalda sangrienta\u00bb eran, seg\u00fan el doctor Stephen Brumwell en su libro <em>Redcoats: The British Soldier and War in the Americas, 1755-1763<\/em>, sobrenombres despectivos por parte de los colonos hacia los soldados brit\u00e1nicos. \u00a0Otras fuentes aseveran que tales apelativos continuaron emple\u00e1ndose en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> En referencia al m\u00edtico personaje del Jinete sin cabeza, protagonista del relato g\u00f3tico <em>The Legend of Sleepy Hollow,<\/em> del autor\u00a0Washington Irving.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> En referencia a Samhain; los antiguos celtas cre\u00edan que la l\u00ednea que une a este mundo con el\u00a0otro se estrechaba y permit\u00eda a los esp\u00edritus (tanto ben\u00e9volos como mal\u00e9volos) pasar a trav\u00e9s y relacionarse.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Instrumento musical de viento de sonido muy agudo y que se toca atravesado. D\u00edcese fundamental en los cuerpos militares mencion\u00e1ndose frecuentemente junto a otros instrumentos musicales, en especial el tambor o la caja.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> (FR) S\u00ed.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> (FR) Criollo. T\u00e9rmino utilizado en origen por los colonos franceses para distinguir a las personas nacidas en Luisiana de las nacidas en otros lugares, estableciendo as\u00ed una distinci\u00f3n entre los europeos del Viejo Mundo y los africanos de sus descendientes criollos nacidos en el Nuevo Mundo.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> En alusi\u00f3n a la Rebeli\u00f3n del whisky, 1791-1794.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> <em>Yankee Doodle<\/em> es una canci\u00f3n y rima infantil, cuyas primeras versiones son anteriores a la Guerra de los Siete A\u00f1os y la Revoluci\u00f3n Americana. Se cree que la melod\u00eda es mucho m\u00e1s antigua que la letra y el tema, remont\u00e1ndose a las canciones populares de la Europa medieval. A posteriori, se apunta a que la canci\u00f3n era entonada por militares brit\u00e1nicos para burlarse de los <em>yankees<\/em> coloniales con los que sirvieron en la Guerra Francesa e India y a continuaci\u00f3n, durante el conflicto de la\u00a0guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Tambi\u00e9n fue popular entre los estadounidenses como una canci\u00f3n de desaf\u00edo, agreg\u00e1ndole versos que se burlaban de las tropas brit\u00e1nicas y aclamaban a George Washington como el comandante del ej\u00e9rcito Continental. En 1781, <em>Yankee Doodle<\/em> hab\u00eda pasado de ser un insulto a ser una canci\u00f3n de orgullo nacional.<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tanto si crees en los fantasmas como si no, est\u00e1s a punto de leer un maravilloso relato er\u00f3tico de Andrea Acosta. Sigue leyendo\u2026 Imagen por Alicia Acosta. Te veo Noche del 31 de octubre 1985, Coupeville, condado de Island, Washington La lluvia ca\u00eda virulenta de un cielo devorador de estrellas, y el oleaje rug\u00eda, rug\u00eda furibundo en el mar y acababa dentelleando la orilla, espumando, salpicando las vidrieras de la vieja casa impert\u00e9rrita en lo alto de la enrocada escarpadura. 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