{"id":19349,"date":"2022-10-14T11:21:28","date_gmt":"2022-10-14T09:21:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/?p=19349"},"modified":"2026-03-07T13:22:08","modified_gmt":"2026-03-07T12:22:08","slug":"relatos-eroticos-mudanzas-malditas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/relatos-eroticos-mudanzas-malditas\/","title":{"rendered":"Mudanzas malditas o benditas andanzas \u2013 Relato er\u00f3tico"},"content":{"rendered":"<p>Hace poco que nuestra autora, Andrea, se mud\u00f3 a una nueva casa. Y, bueno, esto es lo que sucedi\u00f3.<\/p>\n<p><em>Sigue leyendo\u2026<\/em><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-19351 size-full\" title=\"Mudanzas malditas o benditas andanzas \u2013 Relato er\u00f3tico\" src=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Mudanzas-malditas-o-benditas-andanzas.jpg\" alt=\"Relatos er\u00f3ticos\" width=\"850\" height=\"425\" srcset=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Mudanzas-malditas-o-benditas-andanzas.jpg 850w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Mudanzas-malditas-o-benditas-andanzas-300x150.jpg 300w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Mudanzas-malditas-o-benditas-andanzas-768x384.jpg 768w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Mudanzas-malditas-o-benditas-andanzas-770x385.jpg 770w\" sizes=\"(max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\"><strong>Mudanzas malditas o benditas andanzas<\/strong><\/h4>\n<p>Ante s\u00ed, se extend\u00eda un inmenso mar de cajas.<\/p>\n<p>Grandes, medianas, peque\u00f1as y rotuladas, navegando sin agua. Pedazos de cinta adhesiva se entretej\u00edan en el pelo de la n\u00e1ufraga dispuesta en mitad de todas ellas. Ahog\u00e1ndose en el estr\u00e9s, logr\u00f3 volver la testa a la diestra, a la pared desnuda de reloj que marcara las horas. Su cuerpo, en un fiero intento por ejercer de salvavidas, se escalf\u00f3, y no precisamente instigado por los calores que anunciaban el inminente verano, no, se calent\u00f3 a causa del deseo que le chapoteaba en la matriz. Sus pechos reclamaban ser liberados del sujetador deportivo y bien podr\u00edan mal jactarse de la escasez de otros, y, en realidad, su co\u00f1o, palpitante, que comenzaba a mojarse, se convirti\u00f3 en alivio, vergel para un suelo \u00e1rido, condenado a la desforestaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Plomizos filamentos de incienso se enroscaron en el aire y crearon aromatizados nudos, y, poco a poco, se desdibujaron al esconderse en las sombras opuestas a los claros de luz que entraban por una de las contraventanas.<\/p>\n<p>La protagonista de esta breve historia, desamparada y vulnerable a sus impulsos, esquiv\u00f3 cajas, salt\u00f3 un par y arrib\u00f3 a la puerta de la estancia, la cual cerr\u00f3 apoy\u00e1ndose contra la madera. Se agarr\u00f3 al pomo en un vano adem\u00e1n por no ceder al apuro de encontrar consuelo, de proporcionarse un placer que, por otra parte, le era merecido. Siendo francos, estaba sola, no por mucho, pero, por entonces lo estaba, y la puerta la escudar\u00eda. Entorn\u00f3 los ojos de pesta\u00f1as limpias de r\u00edmel y las puntas de su cabello le escribieron como a pincel en la franja desabrigada entre el pantal\u00f3n deportivo y la camiseta. Su otra mano se acogi\u00f3 al bombeo nervioso en la yugular, descendi\u00f3 para derrapar hasta el escote y lo desbarat\u00f3 al jalar de la prenda y sacar a flote uno de los senos, p\u00e1lido en la circunferencia y sonrosado en el centro. Lo acarici\u00f3, enardeciendo el pez\u00f3n, presto este a taladrar la pared del nuevo hogar y colgar un cuadro firmado por la lujuria. Ella solt\u00f3 el pomo y se borde\u00f3 la cintura, la cadera, fanfarroneando a la pretina del pantal\u00f3n, afloj\u00e1ndola y tornando a ce\u00f1irla. Cosquille\u00f3 con las aristas de los dedos alrededor del ombligo en el que un d\u00eda hab\u00eda lucido un <em>piercing<\/em>, mientras que, ahora, permanec\u00eda desnudo de joya. Palade\u00f3 la necesidad que le amargaba el sabor en la sinhueso\u2026<\/p>\n<p>El algoritmo de Spotify debi\u00f3 de alterarse con los trompicones del coraz\u00f3n de ella, pues ces\u00f3 la olvidable canci\u00f3n que estaba propalando desde el tel\u00e9fono, ah\u00ed, sobre una de las cajas, e inici\u00f3 la reproducci\u00f3n de <em>Burning Love.<\/em><\/p>\n<p>\u00abOh, chica, chica\u2026\u00bb, tarare\u00f3 la vocecilla en su cabeza al tironear del pantal\u00f3n y la ropa interior para bajarlos y desvelar el particular tri\u00e1ngulo de las Bermudas de su pubis. Constri\u00f1\u00f3 el pecho, marc\u00e1ndolo con la silueta de los dedos y el perfil de las u\u00f1as. Los p\u00f3mulos se le colorearon y la transpiraci\u00f3n le aflor\u00f3 en las sienes. El co\u00f1o, su bronco co\u00f1o, lati\u00f3 para acompa\u00f1ar la percusi\u00f3n musical y liber\u00f3, a su vez, un fino y cristalino borbot\u00f3n de flujo.<\/p>\n<p>Bendita puerta, custodia, abogadora de deseos de una piel abyecta del sol y cuyas dobleces chisporroteaban, recitando lascivos y h\u00famedos versos, los cuales har\u00edan que Elvis embistiera con su extraordinaria pelvis y acabara perdiendo la corona, que caer\u00eda a los pies de la f\u00e9mina.<\/p>\n<p>La susodicha desflor\u00f3 los pliegues del sexo y tante\u00f3 la raja, afilada, cortante de necesidad. Puj\u00f3 el dedo \u00edndice y hall\u00f3 cobijo entre las entretelas, y, a falta de luna llena, quiso aullar el gemido que le brotaba de la garganta y se desfragmentaba al impactar contra sus caninos. Estaba ardiendo de amor hacia s\u00ed misma y lo hac\u00eda de dentro hacia fuera, con tal virulencia que el tu\u00e9tano en los huesos se le trocaba en mantequilla. Mand\u00f3 refuerzos al \u00edndice, secundado por el medio, y estos dos, juntos, inseparables, rotaron en las caladas y contradictorias brasas. Abandon\u00e1ndose el pecho despu\u00e9s de un apret\u00f3n a modo de promesa de retorno, desfil\u00f3 por el vientre y se despe\u00f1\u00f3 en el pubis. Buce\u00f3 al encuentro del cl\u00edtoris y lo acarici\u00f3, azuz\u00e1ndolo al comp\u00e1s de sus dedos con un r\u00edtmico mete-saca.<\/p>\n<p>Y en aquel mar cajas que semejaba inalterable, iba a darse un tsunami\u2026<\/p>\n<p>Ni siquiera la larga cabellera de la mujer podr\u00eda echar anclas en un f\u00fatil amago de soportar la marejada gestada desde dentro, desde su mism\u00edsimo co\u00f1o. Ella cerr\u00f3 los ojos, sintiendo el placer que le ro\u00eda las juntas al igual que el agua salina hace con el hierro, y aument\u00f3 el empuje de los dedos en busca del org\u00e1smico tesoro. Friccion\u00f3 el cl\u00edtoris con gentileza y respetando el baile de las manecillas del reloj. Sus pechos le percutieron en el torso y el cortisol se le combustion\u00f3 en el cerebro y se evapor\u00f3 en el agitado aliento. Gimi\u00f3 y vio detr\u00e1s de las velas que conformaban sus p\u00e1rpados lucecitas brillantes, chispeantes como las lentejuelas en el traje del rey, y se hizo oleaje, copioso, salobre\u2026<\/p>\n<p>Mudanzas malditas o benditas andanzas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a class=\"twitter-share-button\" href=\"https:\/\/twitter.com\/share?ref_src=twsrc%5Etfw\" data-show-count=\"false\">Comp\u00e1rteme con un Re-Tweet<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco que nuestra autora, Andrea, se mud\u00f3 a una nueva casa. Y, bueno, esto es lo que sucedi\u00f3. Sigue leyendo\u2026 Mudanzas malditas o benditas andanzas Ante s\u00ed, se extend\u00eda un inmenso mar de cajas. Grandes, medianas, peque\u00f1as y rotuladas, navegando sin agua. 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