{"id":20428,"date":"2023-08-11T13:55:22","date_gmt":"2023-08-11T11:55:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/?p=20428"},"modified":"2023-08-11T13:55:22","modified_gmt":"2023-08-11T11:55:22","slug":"relatos-eroticos-lesbicos-la-camarera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/relatos-eroticos-lesbicos-la-camarera\/","title":{"rendered":"Colgando del cielo (1): La camarera \u2013 Relato l\u00e9sbico"},"content":{"rendered":"<p>La camarera de una cafeter\u00eda restaurante de los Picos de Europa recibe una visita sorpresa. No te pierdas la primera parte de eta historia er\u00f3tica escrita por Thais Duthie.<\/p>\n<p><em>Sigue leyendo\u2026<\/em><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-20429 size-full\" title=\"Colgando del cielo (1): La camarera \u2013 Relato l\u00e9sbico\" src=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Colgando-del-cielo-1-La-camarera-Relato-lesbico.jpg\" alt=\"Relatos l\u00e9sbicos\" width=\"850\" height=\"425\" srcset=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Colgando-del-cielo-1-La-camarera-Relato-lesbico.jpg 850w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Colgando-del-cielo-1-La-camarera-Relato-lesbico-300x150.jpg 300w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Colgando-del-cielo-1-La-camarera-Relato-lesbico-768x384.jpg 768w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Colgando-del-cielo-1-La-camarera-Relato-lesbico-770x385.jpg 770w\" sizes=\"(max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\"><strong>Colgando del cielo (1): La camarera<\/strong><\/h4>\n<p>Llegar hasta Eva nunca hab\u00eda sido tan dif\u00edcil como entonces. A pesar de que los veranos eran temporada alta en nuestros respectivos trabajos y los pas\u00e1bamos separadas \u2014aunque con mucho <em>sexting<\/em> de por medio\u2014, hab\u00eda conseguido un viernes libre para disfrutar de un fin de semana largo. Mi mejor plan era cualquier plan, pero con Eva, as\u00ed que met\u00ed un poco de ropa en una bolsa de deporte y me las apa\u00f1\u00e9 para llegar desde el puerto de Valencia hasta Santander y, luego, hasta Fuente D\u00e9.<\/p>\n<p>El telef\u00e9rico llevaba a los visitantes desde el valle hasta la cima de los Picos de Europa, y a m\u00ed me llevar\u00eda hasta Eva. Aunque la espera no fue larga, me sent\u00eda cada vez m\u00e1s nerviosa. Aprovech\u00e9 aquellos minutos para enviarle un mensaje, aunque m\u00e1s para m\u00ed que para ella, que no sol\u00eda contestar mientras trabajaba:<\/p>\n<p>\u00abHola, guapa, \u00bfc\u00f3mo va el d\u00eda?\u00bb.<\/p>\n<p>Ella no era una gran amante de las sorpresas, pero confiaba en que mi visita fuera la excepci\u00f3n. Adem\u00e1s, no estaba en mi medio habitual: el barco pesquero en el que trabajaba. Sab\u00eda mucho de alisios y de nudos, pero m\u00e1s bien poco de bosques y monta\u00f1as.<\/p>\n<p>Una vez dentro de la cabina del telef\u00e9rico esquiv\u00e9 al resto de turistas y me fui a una de las esquinas. Desde all\u00ed podr\u00eda ver el lugar al que me dirig\u00eda antes que nadie. El sonido de una bocina anticip\u00f3 el cierre de puertas, luego comenzamos a subir. Mis pulsaciones se aceleraban con cada metro que ascend\u00edamos, y no por la altura, sino por la expectaci\u00f3n. Pronto me sent\u00ed cautivada por aquella panor\u00e1mica c\u00e1ntabra que, hab\u00eda de confesar, era \u00fanica. En nada se parec\u00eda a la estampa que ve\u00eda a diario en el barco: agua, cielo y m\u00e1s agua. Frente a m\u00ed, el cielo azul completamente despejado se fund\u00eda con los prados m\u00e1s verdes que hab\u00eda visto. Localic\u00e9 un peque\u00f1o bosque y algunas formaciones rocosas, que se transformaron poco a poco en picos, crestas y salientes de las monta\u00f1as. Si aguzaba la vista, pod\u00eda ver algunos grupos de excursionistas que, a m\u00e1s de 1500 metros de altura, parec\u00edan hormigas.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a mirar mi tel\u00e9fono, pero tan solo hab\u00eda una notificaci\u00f3n que me avisaba de un correo electr\u00f3nico de publicidad. Cuando la cabina lleg\u00f3 a su destino, me apresur\u00e9 por salir antes que el resto. El coraz\u00f3n me martilleaba el pecho como si estuviera en plena expedici\u00f3n, y me bastaron unos segundos, a pesar de los nervios, para dar con la Cafeter\u00eda Restaurante El Cable. En una de nuestras tantas llamadas, Eva me hab\u00eda contado que se llamaba as\u00ed porque parec\u00eda que estaba colgado del cielo. Al verlo pens\u00e9 que no habr\u00eda otro apodo mejor: la construcci\u00f3n estaba rodeada por una gran terraza con barandillas casi invisibles.<\/p>\n<p>Las ganas de verla me hicieron correr pr\u00e1cticamente hasta la entrada del restaurante. \u00bfEstar\u00eda all\u00ed mismo? \u00bfTal vez era su hora del descanso? Volv\u00ed a mirar el m\u00f3vil, nada. Aun as\u00ed, hab\u00eda imaginado tantas veces c\u00f3mo ser\u00eda su d\u00eda a d\u00eda a partir de lo que me contaba que sent\u00eda que conoc\u00eda aquel lugar como la palma de mi mano. Una vez dentro, vi las famosas paredes azules a juego con el cielo que me hab\u00eda mencionado y un mobiliario sencillo y funcional, seguro que para acoger grandes grupos cuando las temperaturas fueran m\u00e1s extremas que entonces. La barra y los muebles tras ella parec\u00edan tan antiguos como el propio telef\u00e9rico, cuya construcci\u00f3n databa de 1966.<\/p>\n<p>Eva me hab\u00eda mandado fotos en el espejo con el uniforme tantas veces que lo identifiqu\u00e9 r\u00e1pido. Era negro, de dos piezas, una camiseta y unos pantalones simples. Tan solo el logotipo del restaurante serv\u00eda para distinguir a sus trabajadores. Hab\u00eda una chica rubia en la barra, pero Eva no parec\u00eda\u2026 All\u00ed estaba Eva, en la terraza. Su bandeja redonda y plateada parec\u00eda flotar en el aire como el propio restaurante mientras serv\u00eda las bebidas a una familia de excursionistas que, a juzgar por sus rostros de cansancio, deb\u00eda de volver de una larga traves\u00eda. Ella les sonri\u00f3 y coloc\u00f3 con mucho cuidado cada uno de los botellines en la mesa, luego hizo un gesto educado y corri\u00f3 al interior del restaurante con la bandeja bajo el brazo. Fue a la barra, llen\u00f3 la bandeja otra vez, sali\u00f3 de nuevo hacia fuera. Lo hac\u00eda tan r\u00e1pido y con tanta precisi\u00f3n que no pod\u00eda apartar la vista de ella.<\/p>\n<p>Su pelo ondeaba al viento mientras iba y ven\u00eda. Record\u00e9 verlo igual en nuestra \u00faltima escapada a la playa. Ella dec\u00eda que seguro que no le gustar\u00eda tanto con uniforme, pero me pareci\u00f3 tan atractiva como siempre, incluso m\u00e1s. Estaba preciosa y su actitud amable le ayudaba a ganarse la simpat\u00eda de los clientes, as\u00ed es como hab\u00eda llamado mi atenci\u00f3n en un bar del centro de Valencia mientras me serv\u00eda un <em>gintonic<\/em>. Eva era muy buena en su trabajo, tanto que, en ocasiones, parec\u00eda que escenificaba una coreograf\u00eda mientras llevaba las bebidas. Observarla en su trabajo era hipn\u00f3tico, pero no tanto como su reflejo en el espejo mientras se mov\u00eda sobre m\u00ed como la \u00faltima noche que pasamos juntas.<\/p>\n<p>No me vio al principio, ni tampoco durante los siguientes quince minutos, que continu\u00f3 sirviendo pedidos en la terraza, as\u00ed que cambi\u00e9 de t\u00e1ctica. Esper\u00e9 a que entrara en el almac\u00e9n y, acto seguido, fui tras ella. Un fluorescente iluminaba por completo la estancia, que era m\u00e1s grande de lo que pensaba. Hab\u00eda estantes llenos de cajas de alimentos a uno de los lados, el otro ten\u00eda una pared lisa con algunos carteles e indicaciones de seguridad. Al notar que hab\u00eda alguien m\u00e1s, Eva se dio la vuelta y me reconoci\u00f3 de inmediato; su expresi\u00f3n pas\u00f3 de la sorpresa a una gran sonrisa que bes\u00e9 sin miramientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Continuar\u00e1\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a class=\"twitter-share-button\" href=\"https:\/\/twitter.com\/share?ref_src=twsrc%5Etfw\" data-show-count=\"false\">Comp\u00e1rteme con un Re-Tweet<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La camarera de una cafeter\u00eda restaurante de los Picos de Europa recibe una visita sorpresa. No te pierdas la primera parte de eta historia er\u00f3tica escrita por Thais Duthie. Sigue leyendo\u2026 Colgando del cielo (1): La camarera Llegar hasta Eva nunca hab\u00eda sido tan dif\u00edcil como entonces. 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