{"id":2079,"date":"2014-11-26T10:13:48","date_gmt":"2014-11-26T02:13:48","guid":{"rendered":"https:\/\/dev.lelo.com\/es\/blog\/?p=2079"},"modified":"2021-06-25T06:35:53","modified_gmt":"2021-06-25T06:35:53","slug":"el-contrabajo-parte-pizzicato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/el-contrabajo-parte-pizzicato\/","title":{"rendered":"El contrabajo (Parte I): Pizzicato"},"content":{"rendered":"<p>Hasta aquel d\u00eda pensaba que el m\u00fasico m\u00e1s atractivo era el que tocaba el piano. He cambiado de opini\u00f3n: aunque el piano sea el mejor sitio donde puedes subirte para hacer el amor (o que te hagan un buen n\u00famero sensual), el instrumento m\u00e1s sexy es el contrabajo. Los contrabajistas elevan el instrumento por encima de sus cabezas, frotan las cuerdas con infinita multitud de golpes de arco y las pellizcan con las caricias de sus dedos\u2026<\/p>\n<p><em>Sigue leyendo&#8230;<\/em><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-16896 size-full\" title=\"El contrabajo (Parte I): Pizzicato\" src=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/El-Contrabajo-parte-I-Pizzicato-banner-1.jpg\" alt=\"Relatos er\u00f3ticos\" width=\"850\" height=\"425\" srcset=\"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/El-Contrabajo-parte-I-Pizzicato-banner-1.jpg 850w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/El-Contrabajo-parte-I-Pizzicato-banner-1-300x150.jpg 300w, https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/El-Contrabajo-parte-I-Pizzicato-banner-1-768x384.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 850px) 100vw, 850px\" \/><\/p>\n<p>Fuimos al Continental en plan guerreras. Casi todos los viernes salgo con Vi para tomar unos Gin-Tonic y, los que m\u00e1s disfrutamos, son los que vamos a conciertos de Jazz en nuestro pub preferido. Sus paredes de ladrillo visto, sombras e iluminaci\u00f3n de amarillos intensos rodean y envuelven a manadas de <i>culturetas<\/i> y m\u00fasicos. El aire pedante, las copas y el humo clandestino sitian nuestros sentidos y nos predisponen para el definitivo hechizo musical.<\/p>\n<p>No cab\u00eda un alma, pero nosotras nos hab\u00edamos adue\u00f1ado de una de las mesas centrales para gozar del espect\u00e1culo. Bufandas y gafas redondas nos piden permiso para sentarse a nuestro lado.<\/p>\n<p>Permiso concedido pero, por favor, no habl\u00e9is \u2013pens\u00e9.<\/p>\n<p><i>Norma Blue Jean<\/i> estaba sonando al ritmo de jazz-blues acelerado. Sinceramente, hab\u00eda comprado las entradas s\u00f3lo porque el nombre me hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n. Jam\u00e1s hab\u00eda o\u00eddo hablar de ellos, pero mezclar el verdadero nombre de Marilyn Monroe con la <i>tristeza <\/i>del \u00abBlue(s)\u00bb para decir \u2013al tiempo\u2013 que eran un grupo de jazz, me sedujo instant\u00e1neamente. La cantante era toda una Nina Simone blanca y el pianista un fornido muchacho negro. Los m\u00fasicos eran muy buenos\u2026 y estaban muy buenos. Mis ojos, sin embargo, se dirig\u00edan al menos agraciado y m\u00e1s viejo de ellos: el contrabajista que \u2013por momentos\u2013 se tornaba inmensamente atractivo. Mientras, Vi se dejaba engatusar por el m\u00e1s atrevido de nuestros <i>partenaires<\/i>.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Virginia, joder, quieres dejar de coquetear con ese pedantillo y atender al concierto! \u2013le susurr\u00e9 al o\u00eddo, algo desairada por la envidia.<\/p>\n<p>\u2013T\u00eda, ya sabes que las bufandas me ponen\u2026<\/p>\n<p><i>\u2013Whatever\u2026<\/i> \u2013mis ojos volvieron al contrabajista.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s m\u00e1s cerca de los cuarenta que de los treinta, sudaba mientras abrazaba aquel cuerpo sinuoso de madera barnizada, apoyado desde su pecho hasta su entrepierna. El m\u00e1stil se acostaba sobre su ancho hombro, para que el clavijero sobrepasara una despoblada coronilla que reluc\u00eda a unos 190 cms del suelo. Las medidas son lo m\u00edo e intu\u00eda que, detr\u00e1s de la caja de resonancia de ese contrabajo 4\/4, se escond\u00eda otro gran instrumento. S\u00f3lo el nuevo amigo de Vi me distra\u00eda ligeramente de aquellos dedos que, veloces y contundentes, se deslizaban percutiendo y pulsando con agilidad y precisi\u00f3n las cuerdas m\u00e1s graves de la banda.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfSabes? Las cuerdas del contrabajo soportan bastantes toneladas de tensi\u00f3n; y se puede tocar de varias formas tanto con la mano derecha, como con la izquierda\u2026 \u2013escuch\u00e9 c\u00f3mo instru\u00eda a Vi, al tiempo que reposicionaba sus gafas con ese t\u00edpico gesto del que quiere sumar grandilocuencia a sus palabras.<\/p>\n<p>\u2013Dime, dime c\u00f3mo se toca \u2013le interrumpi\u00f3 Vi atropelladamente.<\/p>\n<p>\u00a1Dios, ya se le han subido las copas a la cabeza! \u2013exclam\u00e9 para mis adentros.<\/p>\n<p>\u2013La mano izquierda puede adoptar varias combinaciones con los dedos \u2013prosigui\u00f3, dependiendo de la pieza que se reproduzca; b\u00e1sicamente, juntando los dedos anular y coraz\u00f3n, o anular y me\u00f1ique como si fueran uno. Pero, lo interesante est\u00e1 en la mano derecha. Esta puede usar un arco para frotar o hacer pizzicato \u2013pellizco en italiano, aclar\u00f3\u2013 y producir distintos tipos de sonido por vibraci\u00f3n. Aunque, en realidad, m\u00e1s que pellizcos se trata de acariciar las cuerdas con los dedos \u00edndice y coraz\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>\u2013Y t\u00fa, \u00bfc\u00f3mo me har\u00edas vibrar? \u2013acort\u00f3 su discurso mi incorregible amiga.<\/p>\n<p>En este punto, ten\u00eda dos opciones: A saber, seguir fantaseando con el contrabajista o intentar espantar a aquel plomazo. Beb\u00ed un largo trago de Gin-Tonic, respir\u00e9 y\u2026 O\u00ed que Vi le dec\u00eda: \u00ab\u00bfPodr\u00edas hacer ese mismo movimiento con los dedos dentro de mi tanga?\u00bb.<\/p>\n<p>Intent\u00e9 fingir que no me estaba enterando de nada, fij\u00e1ndome en el ritmo que hab\u00eda cogido aquel genio bajista. Las copas, el humo, la pasi\u00f3n de \u00abmi\u00bb m\u00fasico y los arrullos de Vi me estaban encendiendo de una forma totalmente inesperada. Nadie pod\u00eda ver c\u00f3mo me estaba excitando y, sin embargo, sent\u00eda una verg\u00fcenza inusitada al notar que ten\u00eda que mantener las piernas abiertas. Estaba ardiendo cuando comenzaron a tocar una de mis canciones preferidas:<i> <\/i>el House of the Rising Sun de Nina Simone\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><iframe src=\"\/\/www.youtube.com\/embed\/lT3rJz4jSQQ\" width=\"400\" height=\"300\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><span data-mce-type=\"bookmark\" style=\"display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;\" class=\"mce_SELRES_start\">\ufeff<\/span><span data-mce-type=\"bookmark\" style=\"display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;\" class=\"mce_SELRES_start\">\ufeff<\/span><span data-mce-type=\"bookmark\" style=\"display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;\" class=\"mce_SELRES_start\">\ufeff<\/span><\/iframe><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Lo de Vi empezaba a ser escandaloso: los arrullos se hab\u00edan convertido en maullidos perfectamente audibles, al menos, por las mesas vecinas. Y lo m\u00edo era peor; no sab\u00eda si estaba m\u00e1s avergonzada que caliente, mientras la m\u00fasica alcanzaba nuevas cotas de intensidad gracias a ese potente contrabajo.<\/p>\n<p>Agarro mi bolso y salgo con el piloto autom\u00e1tico hacia los ba\u00f1os. \u00a1Bien!, no hay nadie \u2013pienso. Rauda, me encierro; lo abro y saco las toallitas\u2026 \u00a1Mierda!, no met\u00ed ninguno de mis peque\u00f1os vibradores. Da igual. Me alzo la falda, recuesto mi espalda sobre la pared, pongo un pie sobre el borde del retrete, subo la barbilla y cierro los ojos: \u00c9l est\u00e1 aqu\u00ed conmigo. Acaba de dejar el concierto para penetrarme en los ba\u00f1os. Todo parec\u00eda real. La m\u00fasica llegaba, reverberando contra los azulejos como si me estuviera embistiendo contra la pared. Todo funciona. Aparto las braguitas y acaricio mis labios con los dedos, mientras los abro\u2026 Se empapan. Introduzco la yema y presiono. Suspiro, pero no puedo parar; mi cl\u00edtoris est\u00e1 pidiendo juego. Y yo, juego. La m\u00fasica coge m\u00e1s ritmo: la voz carraspea febrilmente y ese contrabajo no para de aumentar la intensidad de la canci\u00f3n; estoy sudando y no me molesta. La bater\u00eda se dispara y, de repente, se apaga al tiempo que llego a un peque\u00f1o e intenso orgasmo.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Mi cuerpo se ha quedado destensado como si hubiera soportado toneladas de presi\u00f3n. Aunque, desde ese mismo instante, mi cabeza s\u00f3lo piensa en buscar a ese contrabajista, y llev\u00e1rselo a la cama\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a class=\"twitter-share-button\" href=\"https:\/\/twitter.com\/share?ref_src=twsrc%5Etfw\" data-show-count=\"false\">Comp\u00e1rteme con un Re-Tweet<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Ya puedes continuar aqu\u00ed:<\/strong> <a href=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/el-contrabajo-parte-ii-gemidos-por-frotacion\/\">El contrabajo (parte II): Gemidos por frotaci\u00f3n<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hasta aquel d\u00eda pensaba que el m\u00fasico m\u00e1s atractivo era el que tocaba el piano. He cambiado de opini\u00f3n: aunque el piano sea el mejor sitio donde puedes subirte para hacer el amor (o que te hagan un buen n\u00famero sensual), el instrumento m\u00e1s sexy es el contrabajo. 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