{"id":5760,"date":"2016-03-03T16:55:12","date_gmt":"2016-03-03T08:55:12","guid":{"rendered":"https:\/\/dev.lelo.com\/es\/blog\/?p=5760"},"modified":"2026-03-07T13:56:43","modified_gmt":"2026-03-07T12:56:43","slug":"castigo-bondage-seda-edging-relatos-eroticos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lelo.com\/es\/blog\/castigo-bondage-seda-edging-relatos-eroticos\/","title":{"rendered":"Una historia bondage (II): El castigo \u2013 Relato er\u00f3tico"},"content":{"rendered":"<p>El mundo de Carolina y Miguel se ampl\u00eda en este segundo relato er\u00f3tico, en el que Mimmi Kass nos conduce hacia los tortuosos placeres del <a href=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/edging-que-es-y-como-orgasmo-femenino-masculino\/\"><strong>edging<\/strong><\/a> y el <a href=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/sexo-bondage\/\"><strong>bondage<\/strong><\/a>. <em>El castigo<\/em> no es una simple continuaci\u00f3n de la elegante historia er\u00f3tica <em><a href=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/preludio-historia-de-sexo-bondage-relatos-eroticos\/\"><strong>Las consecuencias<\/strong><\/a><\/em>, es tambi\u00e9n un relato de dominaci\u00f3n donde descubrir\u00e9is la complicidad y apetitos que despiertan los juegos er\u00f3ticos en pareja. Y es que una de las mejores cosas que tiene la madurez sexual es saber jugar\u2026 a dominar y ser dominados.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><strong>El castigo<\/strong><\/h2>\n<p>Nunca antes la hab\u00edan atado.<\/p>\n<p>Carolina estaba a punto de abrirle la puerta de su sumisi\u00f3n, una cesi\u00f3n de poder que ella apenas conoc\u00eda. Miguel disfrutaba haci\u00e9ndola esperar. Jugaba con su voluntad de la misma manera que jugueteaba con las cintas de seda entre sus dedos. Ella saboreaba la incertidumbre, arqueada en la posici\u00f3n indicada. Aguardaba con impaciencia el momento en que \u00e9l la inmovilizara.<\/p>\n<p>Lanz\u00f3 una mirada hacia la escalera, ansiosa por subir ya a la habitaci\u00f3n, pero no se movieron de donde estaban.<\/p>\n<p>Sin darle tregua, Miguel volvi\u00f3 a estrecharla contra la puerta de entrada. Por un momento, s\u00f3lo existieron las respiraciones entrecortadas, la humedad de sus lenguas batallando en un duelo de titanes, y la erecci\u00f3n presionando su abdomen. Un beso l\u00e1nguido, lascivo, provoc\u00f3 que Carolina jadeara sin control.<\/p>\n<p>De pronto, todo resquicio de igualdad en la guerra despareci\u00f3. Miguel la agarr\u00f3 con fuerza de las mu\u00f1ecas y le lanz\u00f3 una mirada de advertencia, inclinando la balanza a su favor.<\/p>\n<p>\u2014Sabes que te has ganado un castigo.<\/p>\n<p>Carolina permaneci\u00f3 en silencio y se mordi\u00f3 el labio en un intento de ocultar el placer, tintado de cierto temor, que le causaban sus palabras. Asinti\u00f3 sin decir nada, clavando sus ojos verdes en los de Miguel, que la miraban oscuros y llenos de determinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9date quieta \u2014orden\u00f3.<\/p>\n<p>Su voz se visti\u00f3 de esa autoridad que empezaba a generar en ella el impulso irracional de complacerlo. Y obedeci\u00f3. Se esforz\u00f3 en permanecer inm\u00f3vil pese a que \u00e9l ya la hab\u00eda soltado, pese a que sus manos clamaban por acariciar su cuerpo y su sexo anhelaba sentirse penetrado.<\/p>\n<p>El tacto casi l\u00edquido de la seda fr\u00eda sobre sus muslos le eriz\u00f3 la piel. Miguel desliz\u00f3 la suave tela por su monte de Venus, con lentitud premeditada. Ascendi\u00f3 por su abdomen, y roz\u00f3 sus pezones. Despu\u00e9s, sigui\u00f3 por su cuello y Carolina lade\u00f3 la cabeza, suspirando excitada, a la espera de su pr\u00f3ximo movimiento.<\/p>\n<p>\u2014Quieta \u2014insisti\u00f3 Miguel, al ver que temblaba. Continu\u00f3 su camino por el delicado interior de sus brazos, y le rode\u00f3 las mu\u00f1ecas con las cintas. Carolina forceje\u00f3, intent\u00f3 separar las manos, pero la tela se clav\u00f3 en su piel. Miguel esboz\u00f3 una sonrisa torcida al comprobar su lucha y tir\u00f3 de los extremos de las cintas para acercarla a \u00e9l.<\/p>\n<p>Carolina inhal\u00f3 con violencia cuando, inesperadamente, \u00e9l abri\u00f3 la puerta de entrada. Una bocanada de aire g\u00e9lido colision\u00f3 en un contraste brutal con el calor de su cuerpo. Se pregunt\u00f3, atemorizada por un segundo, d\u00f3nde pensaba llevarla. Ni siquiera hab\u00edan salido del vest\u00edbulo. Pero Miguel volvi\u00f3 a cerrar y las ataduras quedaron enganchadas entre el marco y la puerta. Ahora, los brazos de Carolina colgaban de ellas y, sorprendida, volvi\u00f3 a forcejear. No consigui\u00f3 nada. La adrenalina inund\u00f3 su torrente sangu\u00edneo. Estaba inmovilizada por completo.<\/p>\n<p>\u2014No vas a ir a ninguna parte \u2014susurr\u00f3 Miguel.<\/p>\n<p>El saberse indefensa, junto a la voz de terciopelo y la sonrisa perversa de Miguel la excitaron a\u00fan m\u00e1s. Frot\u00f3 sus muslos uno contra otro en un intento de calmar el deseo. \u00c9l percibi\u00f3 el gesto y desliz\u00f3 una mano c\u00e1lida por su piel hasta curvarla con fuerza contra su entrepierna. Carolina exhal\u00f3 un gemido de alivio y cerr\u00f3 los ojos. Era exactamente lo que necesitaba.<\/p>\n<p>\u2014Me fascina ver lo mojada que est\u00e1s. Pero ahora vas a sufrir \u2014murmur\u00f3, acariciando con dedos firmes y suaves su entrada h\u00fameda, y apoyando el tal\u00f3n de la mano sobre su cl\u00edtoris\u2014. Antes de que termine contigo vas a suplicar, Carolina.\u00a0 Antes de que se acabe la noche, te aseguro que vas a rogar que te folle. \u2014Miguel hizo una pausa, intensificando el trabajo de su mano, para recalcar el significado de sus palabras. Sus labios adquirieron un gesto depredador\u2014. Vas a pagar muy caros esos ara\u00f1azos.<\/p>\n<p>Ella ignor\u00f3 la amenaza. Estaba demasiado pendiente de esa mano en su sexo y arque\u00f3 la espalda, sujet\u00e1ndose de las cintas. Era delicioso. Las yemas de los masculinos dedos de Miguel acariciaban con dedicaci\u00f3n la hendidura entre sus pliegues, con cadencia, haciendo que su pelvis se convirtiera en miel caliente. Con la otra mano, recorri\u00f3 su abdomen, dibuj\u00f3 el contorno de sus costillas y lleg\u00f3 a un pez\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Ah\u2026 cabr\u00f3n\u2026 \u2014jade\u00f3 Carolina al sentir el pellizco sobre la sensible cima. El dolor, mezclado con el placer, la inundaron en una corriente el\u00e9ctrica.<\/p>\n<p>\u00c9l sonri\u00f3, masajeando la zona dolorida con la palma hasta que ella volvi\u00f3 a gemir, extasiada. Tener los brazos en alto expon\u00eda a\u00fan m\u00e1s sus pechos, y Miguel sab\u00eda aprovechar bien todas las ventajas. A\u00f1adi\u00f3 otro punto m\u00e1s de placer cuando le sell\u00f3 los labios con su boca tibia. Por un momento, la sobrecarga de est\u00edmulos fue demasiado. Carolina crey\u00f3 que perder\u00eda el sentido: la mano infatigable sobre su sexo, la otra castigando sus pezones, y la lengua y los labios laxos, pero exigentes, sobre la boca. El orgasmo se acercaba de manera violenta y gimi\u00f3, moviendo las caderas para aumentar la fricci\u00f3n. Solo necesitaba un poco m\u00e1s. Unos segundos m\u00e1s, un roce m\u00e1s, unos mil\u00edmetros m\u00e1s para dejarse caer y liberar toda la contenci\u00f3n de aquella semana, en la que tuvo prohibido tocarse.<\/p>\n<p>Pero un castigo es un castigo.<\/p>\n<p>Miguel rompi\u00f3 el contacto de manera brusca, arranc\u00e1ndose de ella. Carolina mascull\u00f3 una protesta e intent\u00f3 avanzar hacia \u00e9l, hambrienta, en un movimiento involuntario que se vio retenido por las ataduras.<\/p>\n<p>\u2014Cabr\u00f3n\u2026 \u2014repiti\u00f3, sin fuerzas, clamando por un cl\u00edmax y el sudor brotando de su piel.<\/p>\n<p>Miguel volvi\u00f3 a acercarse y esboz\u00f3 una sonrisa tenue, casi condescendiente. Desliz\u00f3 las manos por el contorno de su silueta y se detuvo en su cintura, fij\u00e1ndola contra la puerta. Ella volvi\u00f3 a cerrar los muslos en otro intento desesperado por aliviarse, pero \u00e9l, de nuevo, descubri\u00f3 sus intenciones.<\/p>\n<p>\u2014Ni\u00f1a malcriada&#8230; te he dicho que no te muevas. \u2014Carolina volvi\u00f3 a gemir, su voz era adictiva. Casi pod\u00eda sentir la lengua en su interior. Dejarse caer en la autoridad de sus palabras la excitaba a\u00fan m\u00e1s\u2014. Abre las piernas.<\/p>\n<p>Miguel se alej\u00f3 y ella abri\u00f3 los ojos, sorprendida por su abandono. No fue muy lejos. Lo vio traer una barra separadora de la que pend\u00edan dos tobilleras.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No! \u2014protest\u00f3, en un intento in\u00fatil de detenerlo. Pero Miguel se arrodill\u00f3 frente a ella y fij\u00f3 sus tobillos sin dificultad, separ\u00e1ndolos alrededor de un metro. Ahora no pod\u00eda cerrar las piernas y se sent\u00eda m\u00e1s expuesta que nunca. Carolina percibi\u00f3 la humedad caliente descender por la piel sensible del interior de sus muslos y se retorci\u00f3 al sentir el aliento c\u00e1lido de la boca masculina, situada a tan solo unos mil\u00edmetros de su sexo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Miguel! \u2014grit\u00f3, cuando \u00e9l hundi\u00f3 la cara entre sus piernas.<\/p>\n<p>Carolina se tens\u00f3 como la cuerda de un arco. La lengua recorri\u00f3 sus labios \u00a0y lami\u00f3 su hendidura de camino hacia el cl\u00edtoris, libando una y otra vez con lentitud enloquecedora. Ella tir\u00f3 de las cintas, ansiando enterrar los dedos en su pelo, pero las ataduras frustraban sus esfuerzos. Miguel la aferr\u00f3 del trasero, inmoviliz\u00e1ndola a\u00fan m\u00e1s,\u00a0 para dejarla completamente a su merced mientras su lengua la penetraba de manera infatigable. Carolina cerr\u00f3 los ojos, conteniendo los jadeos. Intentaba controlar su instinto con todos los medios a su alcance, racionalizar la excitaci\u00f3n y las sensaciones para evitar la carrera desesperada hacia el orgasmo, pero Miguel no le permit\u00eda pensar. Cuando sinti\u00f3 los dedos incursionar entre sus gl\u00fateos, dej\u00f3 escapar un grito. \u00c9l empap\u00f3 las yemas en su humedad y tante\u00f3 en su orificio anal, recrudeciendo la placentera tortura. La penetr\u00f3 tan s\u00f3lo unos cent\u00edmetros, mientras su entrada vaginal era paladeada por la lengua. El orgasmo pend\u00eda de nuevo de un delgado hilo de voluntad y el gru\u00f1ir excitado de Miguel la hizo retorcerse hasta el dolor.<\/p>\n<p>\u2014F\u00f3llame\u2026\u2014dej\u00f3 escapar Carolina. Se mordi\u00f3 los labios con fuerza al escuchar su propia voz, sin reconocerse. Ella jam\u00e1s ped\u00eda nada. Jam\u00e1s se rebajaba. Miguel hundi\u00f3 dos dedos en su sexo, mientras la lengua segu\u00eda lamiendo su cl\u00edtoris, y busc\u00f3 la pared anterior de la vagina, acariciando con pericia el punto m\u00e1s sensible de su interior\u2014. \u00a1Miguel! \u2014grit\u00f3 de nuevo, incapaz de resistirse, y enroscando las manos en la seda, desesperada por encontrar un asidero.<\/p>\n<p>\u00c9l se apart\u00f3 ligeramente y, con voz ronca, la impeli\u00f3 a suplicar.<\/p>\n<p>\u2014Quiero que ruegues, Carolina.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Est\u00e1s loco! \u2014escupi\u00f3 ella\u2014. \u00a1Ah! \u2014volvi\u00f3 a gemir con fuerza, cuando \u00e9l intensific\u00f3 el trabajo en su interior.<\/p>\n<p>\u2014P\u00eddemelo, Carolina, o te juro que te voy a dejar a medias.<\/p>\n<p>Ella solt\u00f3 un bufido de desd\u00e9n, pero no pudo hacer nada por ocultar su lucha. Miguel apoy\u00f3 de nuevo la boca sobre su sexo y succion\u00f3 su cl\u00edtoris con fruici\u00f3n. Carolina se envar\u00f3 entre sollozos. Las l\u00e1grimas se deslizaban por sus sienes, sus piernas apenas pod\u00edan sostenerla, y su interior se contrajo r\u00edtmicamente de manera involuntaria. Necesitaba esa liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014F\u00f3llame\u2026 \u2014dijo en un susurro casi imperceptible. Miguel se retir\u00f3 de su cuerpo de nuevo, y Carolina gimi\u00f3, presa de la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres, Carolina? D\u00edmelo.<\/p>\n<p>\u2014F\u00f3llame. Ahora. F\u00f3llame, f\u00f3llame, f\u00f3llame\u2026 \u2014murmur\u00f3 en un estacato ag\u00f3nico.<\/p>\n<p>Miguel se incorpor\u00f3 con esa sonrisa que la condenar\u00eda al infierno, y se desabroch\u00f3 el pantal\u00f3n con brusquedad. La visi\u00f3n de su erecci\u00f3n, que brot\u00f3 sobre el b\u00f3xer negro como un regalo, hizo que Carolina se deshiciera en deseo.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed no se piden las cosas, Carolina \u2014dijo \u00e9l, casi cruel, acarici\u00e1ndola con el glande por encima de su cl\u00edtoris. Muy cerca, pero sin llegar a tocarlo. Ella se estremeci\u00f3 entre gemidos\u2014. P\u00eddelo por favor.<\/p>\n<p>\u2014Por favor, Miguel. Por favor. Por favor \u2014obedeci\u00f3 ella, ahora sin ning\u00fan reparo. Hab\u00eda perdido toda contenci\u00f3n. Cualquier atisbo de verg\u00fcenza hab\u00eda desaparecido. Necesitaba sentirlo dentro. Necesitaba esa liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Miguel se puso un cond\u00f3n y, sin piedad, se enterr\u00f3 en ella en un solo y certero movimiento. El grito de alivio mezclado con dolor, que Carolina exhal\u00f3, le hizo perder el control. Comenz\u00f3 a moverse en su interior como un salvaje, levant\u00e1ndola sobre las puntas de los pies, y golpeando su cuerpo contra la puerta. Carolina sent\u00eda que el mundo desparec\u00eda bajo sus pies. Estaba entregada. Har\u00eda cualquier cosa que \u00e9l le pidiera. Sus gritos llam\u00e1ndolo por su nombre y pidiendo m\u00e1s se mezclaban con los gru\u00f1idos primitivos de \u00e9l, cuando ambos se vieron arrastrados por la furia de un cl\u00edmax abrasador.<\/p>\n<p>Por un momento, se desconectaron de la realidad y se volvieron instinto, dos animales exhaustos a merced de la pasi\u00f3n. El depredador y su presa. El ganador y la vencida.<\/p>\n<p>Carolina ni siquiera percibi\u00f3 que Miguel ya hab\u00eda liberado sus tobillos y manos. Desmadejada como una mu\u00f1eca de trapo, se dej\u00f3 caer entre sus brazos masculinos, que la cargaron en direcci\u00f3n a la habitaci\u00f3n. Miguel no dijo ni una sola palabra. Hab\u00eda conseguido su rendici\u00f3n y los ara\u00f1azos de su espalda hab\u00edan sido redimidos con creces. Ahora, sonre\u00eda vencedor mientras la llevaba hasta la cama. Todav\u00eda quedaba mucha noche por delante.<\/p>\n<p><strong>Elige tu LELO BDSM favorito aqu\u00ed: <\/strong><\/p>\n\n<p style=\"text-align: center;\">Ya puedes continuar con la tercera parte aqu\u00ed: <strong><a href=\"https:\/\/lelo.com\/es\/blog\/cuckold-voyeur-bondage-esposas-relatos-eroticos\/\">Una historia bondage (III): La venganza \u2013 Relatos er\u00f3ticos<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Recibe m\u00e1s relatos como este en tu email (es GRATIS)<\/strong><\/p>\n<div class=\"indicates-required\"><span class=\"asterisk\">*<\/span> Lo que necesitamos para enviarte nuestra Newsletter.<\/div>\n<div class=\"mc-field-group\"><label for=\"mce-EMAIL\">Tu direcci\u00f3n de email: <span class=\"asterisk\">*<\/span><\/label><input id=\"mce-EMAIL\" class=\"required email\" name=\"EMAIL\" required=\"\" type=\"email\" value=\"\" \/><\/div>\n<div id=\"mce-responses\" class=\"clear\">\n<div id=\"mce-error-response\" class=\"response\" style=\"display: none;\"><\/div>\n<div id=\"mce-success-response\" class=\"response\" style=\"display: none;\"><\/div>\n<\/div>\n<div style=\"position: absolute; left: -5000px;\" aria-hidden=\"true\"><input tabindex=\"-1\" name=\"b_3f120ef036c74208e60df6267_6b448a9bbd\" type=\"text\" value=\"\" \/><\/div>\n<div class=\"clear\"><input id=\"mc-embedded-subscribe\" class=\"button\" name=\"subscribe\" type=\"submit\" value=\"Suscr\u00edbete aqu\u00ed\" \/><\/div>\n<p><script type=\"text\/javascript\" src=\"\/\/s3.amazonaws.com\/downloads.mailchimp.com\/js\/mc-validate.js\"><\/script><script type=\"text\/javascript\">(function($) {window.fnames = new Array(); window.ftypes = new Array();fnames[0]='EMAIL';ftypes[0]='email';fnames[1]='FNAME';ftypes[1]='text';\/*\n * Translated default messages for the $ validation plugin.\n * Locale: ES\n *\/\n$.extend($.validator.messages, {\n  required: \"Este campo es obligatorio.\",\n  remote: \"Por favor, rellena este campo.\",\n  email: \"Por favor, escribe una direcci\u00f3n de correo v\u00e1lida\",\n  url: \"Por favor, escribe una URL v\u00e1lida.\",\n  date: \"Por favor, escribe una fecha v\u00e1lida.\",\n  dateISO: \"Por favor, escribe una fecha (ISO) v\u00e1lida.\",\n  number: \"Por favor, escribe un n\u00famero entero v\u00e1lido.\",\n  digits: \"Por favor, escribe s\u00f3lo d\u00edgitos.\",\n  creditcard: \"Por favor, escribe un n\u00famero de tarjeta v\u00e1lido.\",\n  equalTo: \"Por favor, escribe el mismo valor de nuevo.\",\n  accept: \"Por favor, escribe un valor con una extensi\u00f3n aceptada.\",\n  maxlength: $.validator.format(\"Por favor, no escribas m\u00e1s de {0} caracteres.\"),\n  minlength: $.validator.format(\"Por favor, no escribas menos de {0} caracteres.\"),\n  rangelength: $.validator.format(\"Por favor, escribe un valor entre {0} y {1} caracteres.\"),\n  range: $.validator.format(\"Por favor, escribe un valor entre {0} y {1}.\"),\n  max: $.validator.format(\"Por favor, escribe un valor menor o igual a {0}.\"),\n  min: $.validator.format(\"Por favor, escribe un valor mayor o igual a {0}.\")\n});}(jQuery));var $mcj = jQuery.noConflict(true);<\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mundo de Carolina y Miguel se ampl\u00eda en este segundo relato er\u00f3tico, en el que Mimmi Kass nos conduce hacia los tortuosos placeres del edging y el bondage. 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