¿Qué pasa cuando les hablas de sexo a los niños?

Hay algunas personas –quiero creer que cada vez menos– a las que la sola idea de pensar que se le puede a hablar de sexo a un niño les cortocircuita. «A los niños dejémosles en paz en estos temas, ¡que son niños!». Por supuesto, nadie quiere que un niño vea contenidos o escuche conversaciones que no son adecuados para ellos.

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Consejos sexuales

Cómo hablar de sexo a los niños

Resulta hasta ofensivo que alguien piense que cuando defendemos conversar de sexo con los niños queramos hablar, por ejemplo, a niños de 4 años de felaciones o a niños de 11 de fisting anal, como si de adultos se trataran. ¡En absoluto! Pero vamos a ser benevolentes: quienes puedan insinuar eso no han tenido educación sexual y por ello pueden caer en la confusión de ver el sexo solo desde una perspectiva adulta y vinculado, exclusivamente, a las prácticas eróticas y no entenderlo como algo mucho más amplio que nos acompaña toda la vida.

Hay otra idea que circula por ahí y es que si hablamos de sexo a niños y jóvenes, les vamos a animar o a despertar la curiosidad. «Cuanto más tarde sepan de estas cosas, mejor». Esto parte de la misma confusión anterior y le añade una idea incorrecta. Y es que cuanto más informados están los chicos y las chicas, más responsables son en sus prácticas y su sexualidad. No se adelanta nada por hablarles de sexo, al contrario, se les da más recursos para afrontarlo.

Hablar de sexo a los niños es algo que debemos hacer. ¿Por qué? ¿Qué pasa cuando les hablamos de sexo? Pasa que aprenden sobre su cuerpo, sobre expresarse libremente, sobre cuidarse, sobre quererse, sobre relacionarse, sobre respetar, sobre disfrutar…

Y, además, les traslada indirectamente otra idea importante: el sexo no es un tema tabú, sino que es un aspecto más de la vida, del que también se habla. Así quitamos prejuicios y lo naturalizamos.

Vamos a concretar un poco.

¿Qué pasa cuando les hablas a niños y niñas de sus genitales?

Que aprenden que esa es una parte del cuerpo humano, sin más tabúes.

Los niños y niñas exploran su cuerpo e, inevitablemente, llegarán a sus genitales. En ese punto hay que hablarles de ellos como de cualquier otra zona y explicarles las diferencias entre niños y niñas. Se trata de quitarles prejuicios y hablar de sus cuidados, su higiene, sus particularidades…

Es bueno que conozcan los nombres correctos de los genitales (pene y vulva) aunque luego se les llame de forma cariñosa por un apelativo.

¿Qué pasa cuando les hablas a niños y niñas de tocarse sus partes?

Que aprenden que eso es algo íntimo.

La curiosidad de los niños y de las niñas por conocer su cuerpo pasa por tocarlo y descubrir sensaciones. ¡¿Cuántos padres y madres han visto a sus niños y niñas frotándose los genitales?! Y ese puede ser un buen momento para hablar de ello, enseñándoles que eso es algo que han de hacer de forma íntima, en su cuarto cuando nadie les ve.

Se trata de hablarles desde un punto de vista positivo, no de regañarles porque no están haciendo nada malo, pero sí indicándoles cuándo pueden y cuándo no deben hacerlo.

¿Qué pasa cuando les cuentas que no les trajo al mundo ninguna cigüeña?

Que aprenden de afecto y amor.

La historia de la cigüeña ya no la cuenta nadie (espero), pero sirve para ejemplificar que siempre hay que decirles la verdad ante sus preguntas. Que cada pregunta es una oportunidad educativa fantástica para contarles lo que quieren saber y también añadir información extra.

Cuando preguntan cómo se hacen los bebés, podemos hablarles de genitales que se unen o de que un hombre y una mujer (papá y mamá en muchos casos) aportan, cada uno, una parte imprescindible para crear un nuevo bebé (y es importante remarcar que no es papá que pone una semillita en mamá, son los dos que aportan). Y también debemos hablarles de afecto y cariño. De esta manera, estamos vinculando el sexo con el amor.

¿Qué pasa cuando les hablas de ser niño y de ser niña?

Que aprenden sobre libertad e igualdad.

Hablarles de qué significa ser niño y ser niña desde la igualdad es hablarles del género, de cómo se expresa, de la libertad que tienen para escoger cómo quieren vestirse, a qué quieren jugar, qué quieren hacer.

Darles opciones desde la libertad de ser personas iguales no tiene nada que ver con adoctrinar, aunque algunos se empeñen en usar esa palabra.

¿Qué pasa cuando hablas a niños y niñas de que hay personas del mismo sexo que se quieren y forman familias?

Que aprenden de diversidad y de respeto.

Hablarles de la homosexualidad o de cualquier otra orientación sexual desde el respeto consigue un doble efecto. Por un lado que conozcan la diversidad sexual y vean con naturalidad algo que lo es. Por otro, cuando en casa se muestran opiniones abiertas, si, al llegar a la adolescencia, esos niños o niñas sienten atracción por alguien de su mismo sexo, sabrán que es algo que pueden decir en su familia y que serán aceptados.

Hablar de sexo desde una perspectiva amplia, sana y positiva que ahonde en el respeto, el afecto y la aceptación es, sin duda, algo que hay que hacer con niños y niñas. Si queremos que tengan una vivencia saludable de la sexualidad, claro. En definitiva, si queremos que tengan la opción de ser felices.

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Sobre Arola Poch

Arola Poch es licenciada en Psicología y Comunicación Audiovisual. Especializada en sexualidad, es autora del blog La Luna de Arola donde aporta una visión sana y normalizada del sexo. Hace especial énfasis en la normalización de fetichismos y sexualidades alternativas, así como de relaciones de pareja no monógamas. Colabora en medios escritos y audiovisuales. Puedes escucharla todas las semanas en Radio Nacional de España (RNE) donde tiene su propia sección sobre sexo, dentro del programa Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García. Arola es optimista, feminista y sex-positive.

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