En la alcoba de Valérie: ISLA o la disolución entre el arte y el diseño

Publicar en un blog erótico no significa que se tengan que escribir simplezas ni contar banalidades. Tampoco hay que suponer que las personas que usamos estos dispositivos de estimulación sexual no sepamos hacer otra cosa en la vida ni tengamos otras inquietudes diferentes a las de acariciar nuestros genitales. Es más, cuando se habla de juguetes sexuales, las risitas desinhibidas o los “Oh, my God, wonderful!” no aportan mucha información, precisamente, sobre cómo acariciar estos o aquellos genitales.

Vamos a conocer este juguete en un breve viaje entre el arte y el diseño.

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Juguete erótico

ISLA, entre arte y diseño

Diseñar tiene su origen en el término italiano disegnare, que vendría a significar dibujar o esbozar algo con un fin representativo, pero hunde sus raíces en el latín designare, conformado por signum (signo) y por de- (que indica una dirección, una tendencia). Etimológicamente, diseñar podría entenderse como “designar”, es decir, señalar o nombrar algo (a alguien, en nuestra acepción común) para que cumpla una determinada función.

Diseñar es, por tanto, establecer un designio; establecer (y cito literalmente a la RAE) un “propósito, intención o plan para realizar algo”. Quizá hasta no hace mucho, ese asunto de la función (el realizar esa tarea con fines funcionales, es decir, en general un útil que realiza algo requerido) es el que solía centrar el diseño en los objetos que nos rodean, mientras ha devenido poco menos que un insulto para los artistas que, lejos de buscar, pretender o proponerse cosas funcionales, intentan lograr otras cuestiones de índole aparentemente más elevada, que no se rijan por su funcionalidad, sino por los parámetros de la estética. Así, por ejemplo, si le decimos a un diseñador que su objeto es bonito y afortunado, hinchará su pecho con orgullo; pero si ofrecemos los mismos calificativos a la obra de un escultor, le podríamos hundir en una profunda depresión. Y es que el arte puede ser bello o sublime, o no ser arte.

Sin embargo, esa barrera entre arte y diseño se disuelve cada día más en nuestros días. Posiblemente porque todas las cosas que emergen de nuestro mundo tienen que tener cada vez más una función y menos un sentido, y que en esa función siempre se espera de él una resolución bella (no simplemente atractiva). Los ejemplos de difuminación cada vez mayor de la línea que tradicionalmente separaba el arte del diseño lo encontramos en multitud de elementos que hoy nos rodean, y la muestra que traigo al blog es precisamente el vibrador ISLA.

Es el ADN de LELO: que sus productos se reconozcan hasta con la luz apagada, y eso lo consiguen gracias precisamente a esa disolución entre arte y diseño. Los productos que nos ofrecen son tan reconocibles por sus difícilmente superables cualidades funcionales, como por su inimitable estética (por más que intenten plagiarla). Son, parafraseando a Platón, buenos porque son bellos, y son bellos porque son buenos.

¿Cómo de bueno y bello es ISLA?

Características de ISLA

El vibrador ISLA está pensado (designado) para cumplir dos funciones: ser un estimulador del Punto G sin renunciar a su condición genérica de estimular todo el cuerpo y, en especial, la plataforma orgásmica. Su gran tamaño (ronda en total los 22 cm de longitud) hace que, si se busca en exclusiva el Punto G, sea recomendable el introducir en la vagina lo necesario y no su totalidad (la superficie insertable ronda los 11 cm).

La polivalencia de ISLA se consigue a la sofisticada simpleza de su forma curva y, también, al particular agarre en forma de aro que permite, con una enorme sencillez, su sujeción operativa en casi cualquier posición.

El peso que podría deducirse de ese tamaño tampoco es un problema, pues su estructura visible de soporte, ligeramente hundida, parece acero, pero está realizado con un componente de enorme resistencia y gran ligereza que hace que todo el conjunto apenas supere los 160 gramos.

Toda la zona de contacto de ISLA está recubierta por ese compuesto de siliconas médicas tan características de LELO y que aportan un tacto único de calidez, confort y calidad.

Tecnológicamente, el motor que permite su movimiento tiene seis patrones de vibración, controlables en intensidad y modos por una pequeña interfaz de tres botones en la zona de agarre. Es potente, muy potente, con el murmullo característico de los ingenios de la marca sueca (sonido que, por particulares, deberían patentar como pretendiera en su caso Harley Davidson) sin por ello sobrepasar los 50 decibelios (por debajo de los 55 dB que recomienda la OMS escuchar durante el día, y el ruido equivalente a una conversación en voz baja).

Con la carga completa de su batería de Li-ion, se garantiza un máximo rendimiento durante cuatro horas y noventa días en espera, con apenas dos horas de carga a través de un dispositivo USB.

Es totalmente sumergible, lo que además de permitir su uso bajo el agua, también nos facilita un completo aseo del vibrador. Y, como suele ser habitual con los productos LELO, cuenta con 1 año de garantía total y 10 de garantía de calidad (si se produjera algún defecto achacable al producto después del primer año donde la garantía es total, LELO reembolsa al comprador con el 50% de la compra en un nuevo pedido).

¿Cómo definiríamos (una) ISLA?

¿Cómo definiríamos una isla? Si nos atenemos al diccionario, diríamos que es una porción de tierra rodeada de agua por todas partes… En el diccionario de los vibradores, ISLA es aquello bello que siempre te permitirá evitar caer en un charco, sin por ello meterte en un jardín, pero rodeada totalmente por lúbricas humedades.

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