Sal de este cuerpo, Belcebú

Nadie duda de que nuestros políticos a menudo le dan el trabajo hecho a los periodistas de El Mundo Today,  pero no me negaréis que la actualidad de las últimas semanas también le da casi el trabajo hecho a la autora de este prolífico blog, ¿verdad? Una no sabe si escribir sobre el episodio de El pájaro espino a la catalana o si apostar por la historia del ruso que, tras casarse con su muñeca hinchable, ahora confiesa estar enamorado de un cenicero. O un híbrido de los dos, en una demostración clara de funambulismo que es, al fin y al cabo, lo que caracteriza a esta escritora, porque no me diréis si no hay que ser funambulista para poder follar de vez en cuando si eres autónoma y además tienes una hija pequeña y otra adolescente.

Empecemos con el cura, obispo para más señas, que como buen catalán «hace cosas», como dijo un ilustre presidente. Lo que pasa es que el obispo Novell las ha hecho todas, vaya que sí: me meto a cura, me hago obispo, despotrico sobre todas las cosas que me parecen mal (que son muchas, porque el clero en general tiene permanentemente gesto mohíno y le parece mal cualquier cosa, más si tiene que ver con los dormitorios ajenos, los propios ya no). Pero sigamos con el Richard Chamberlain catalán: conozco a una escritora de novelas eróticas, me enamoro y cuelgo los hábitos, no sin habérmelos levantado antes porque todo enamoramiento pasa por la cama, no nos engañemos. Seas obispo o fontanero, el sexo, al igual que la muerte, nos iguala, queridos.

Los hábitos nunca me han llamado la atención, la verdad. Igual que sí os digo que soy algo fetichista del uniforme de los policías nacionales, sobre todo si son antidisturbios, el traje de cura me genera pereza, bostezo, como toda la curia en general. Esos faldones oscuros, esos alzacuellos, esas capas que pueden ser de color pero que no tienen gracia alguna. Y no hablemos de los distintos sombreros, ridículos y de formas caprichosas, cuyo uso no distingo. En alguna imagen cinematográfica, cuando he visto a grupos de curas, me ha recordado a los cuervos, no digo más.

Pero volvamos con Novell, ahora ya retirado en su nidito de amor y desenfreno  y buscando trabajo como ingeniero agrónomo, porque de algo tendrá que comer este buen hombre que ya no puede parasitar a papá Estado. Yo me alegro, chica, porque oye, si te pica la entrepierna (y a todos nos pica, más o menos veces al día), hay que ser coherente. No voy a entrar a valorar que unos años antes despotricara sobre el sexo por placer, yo creo que eso lo decía porque no había follado bien (que también pasa muy a menudo, sobre todo si eres director gastronómico de un mercado gourmet como Manolo, doy fe) pero no por ello tienes que ir gritando a los cuatro vientos que el sexo por placer es el Mal. Esta gente de la curia ve el mal por todas partes y a lo mejor les pasa como a los americanos, que tienen el mal dentro de sus fronteras y no tanto fuera. ¿No?

Ahora dicen sus antiguos compañeros de trabajo que está poseído por el demonio. Bueno, qué bobada más grande. Qué demonios ni qué ocho cuartos: lo que pasa que ellos se mueren de envidia porque no están follando con una escritora divorciada que tiene dos hijos. Que las mujeres divorciadas con hijos TENEMOS MUCHO MORBO, y hay que decirlo más. Que la plenitud sexual de la mujer es a partir de los 40 años y que, según caen las hojas del calendario y te pasas las semanas recogiendo envases que la adolescente va dejando por su habitación (como si tuviera Diógenes) y pisando las ceras de la peque, no tienes complejos ni tiempo que perder y te follas todo aquello que te apetece. Sin pedir explicaciones y sin darlas, qué coño. Os digo más: el demonio lo tengo yo dentro, solo hay que verme cuando grito en casa «¿Quién ha vuelto a meter la botella vacía de agua en la nevera, que me estáis quitando la vida?».

Desde aquí, mi empatía para con la escritora divorciada que se ha enamorado del cura, con quien comparto número de hijos y estado civil (comparto con ella, quicir, no con él). Quizás yo también necesite un cura en mi vida, quién sabe: acabo de mirar en mi lista de contactos y no tengo ninguno, a ver cómo arreglo esta cuestión ahora. Puede que haya alguien entre mis lectores que pertenezca a este sector de no actividad y tenga algo que decir a esta pecadora. Soy toda oídos.

Y, para terminar, ¿cómo hilo ahora con la historia del ruso sapiosexual (otro día hablaremos de todas estas categorías que, como dice mi amigo Txema, solo hacen complicado lo fácil) que se ha enamorado del cenicero? Pues oye, solo digo una cosa: habrá que ver cómo es ese cenicero que oye, hay tipos y tipas en Tinder que seguro son menos atractivos.