Suda para mí – Relato erótico

Solo te podemos contar que esta es una historia erótica de dominación y pegging, y que la escribe Valérie Tasso. Aunque también podría tratarse de un relato que aborda ese manido concepto que denominamos “sexo”…

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Relato pegging

Suda para mí – Relato erótico

«Carta confidencial de E. a A.

Abrir a las 16:00 (pon la alarma en tu móvil).»

Si he accedido a escribirte, es porque quiero que todo esté perfectamente preparado para cuando nos encontremos. Cualquier pequeño detalle es de vital importancia para mí. No quiero hacerme daño por tu negligencia. Te pido que leas esta carta desde el principio. No vayas directamente al final, eso sería hacer trampa.

El cuero es totalmente nuevo, como habrás podido comprobar. Me encanta su olor. Parece que va exhalando un aroma ligero, poco a poco, por toda la habitación, creando una nube invisible de olores animales. Quiero que siga siendo genuino. Pero para poder manejar mejor las correas, hay que ablandarlas.

Primero, tendrás que empapar el cuero con grasa de caballo durante tres días. Pasado ese tiempo, limpia el cuero con jabón de glicerina. No dudes en frotar. Sé de lo que hablo: acuérdate de que monto a caballo desde que tengo diez años. A continuación, pasa un paño seco y limpio por todo el cuero. Nuevamente no dudes en frotar, pero asegúrate de que no quede ni una pelusa. Luego, déjalo secarse. Sé que la mejor forma de ablandar el cuero es usándolo, una y otra vez. Pero en este caso, vamos a saltarnos ese paso. Quiero tus heridas, no las mías.

Cuando el cuero esté totalmente seco, prepara un pequeño cuenco lleno de vaselina. Odio abrir en plena faena botes cerrados. Me hacen perder el tiempo, y luego resbalan entre mis dedos. No quiero imprevistos: todo tiene que estar al alcance de mi mano.

Prepara todo lo que te estoy explicando con mucho esmero. Es una cualidad que suelo apreciar en las personas y, por ello, recibirás una buena recompensa. Lo único que tiene que resbalar entre mis dedos es otra cosa. Y lo sabes.

El cuenco tiene que ser de porcelana, nada de plástico. Nada de chapuzas, no es mi estilo. Ya sabes que me exasperan las salidas de orden: no llenes el cuenco entero de vaselina. En principio, con tres cuartos será suficiente, siempre y cuando te portes bien…

Cuando todo esté listo, sal a la gasolinera que está a tres manzanas de tu casa. Pide todo el hielo que tengan. Cuando digo “todo”, me refiero a que dejes la gasolinera sin existencias. Me da igual lo que cueste y lo que pese llevarlo a tu casa. Haz este esfuerzo para mí. Suda. Ya lo hemos hablado una y otra vez y aceptaste humildemente todas mis peticiones. No te eches para atrás ahora o será peor. Una vez en tu casa, vacía el congelador entero. Ya sabes que me da igual que eches a perder su contenido. Todas las bolsas de hielo tienen que abrirse y verterse completamente en el congelador, para que los cubos se peguen entre sí y se forme un hielo gigante. Ya lo entenderás más adelante.

Desde aquí, noto tu aliento acelerado, tu impaciencia por saber, la sudoración que te provoca la adrenalina. Puedo ver a través de tu piel. Puedo leerte a través de esta nota mía. Siento tu soplo en la nuca. Una súplica ahogada. El temblor de tus manos mientras me lees. Ese tic tan tuyo en los labios cuando el miedo te paraliza. Tu miedo es mi deseo, recuérdalo.

Tu casa deberá estar impoluta. Quiero velas de flor de azahar en todas las habitaciones, porque todavía no sé en qué parte de la casa llevaré a cabo el ritual. Quiero un sitio grande. Antes de empezar, tendré que revisar todos los rincones para elegir el más adecuado. Recuerda que tú no tienes ni voz ni voto.

Quiero champagne francés en la nevera. De lo mejorcito. No aceptaré ninguna otra bebida. Tiene que ser uno cuyas burbujas se deshagan en la lengua, como la mantequilla fundida. Que sepa a gloria y lujo. Uno que sea sensualidad pura. Quiero chispas en mis ojos e infierno en tus gemidos, mientras me deleito cada vez que la flauta se acerca a mis labios. Crystal Roederer. Apunta bien el nombre y ve corriendo a comprarlo. Es difícil de encontrar. Encuéntralo. Suda para mí.

Y por último, lo más importante. ¿Te acuerdas del dildo que te regalé en su momento? El que lleva tus iniciales grabadas. Ya sabes qué hacer con él. Y no me engañes porque lo sabré. Si te digo todo eso, es por tu bien. Ya me darás las gracias por el consejo más adelante. No pases por alto esta consigna. Si no, ya sabes que puedo ser tu peor tormento.

***

Nada más llegar, Elsa se ajusta el arnés de cuero, cuyas correas se dejan manipular mejor de lo previsto (Alberto había seguido sus consignas al pie de la letra). Lubrica el dildo de su arnés, cogiendo abundante vaselina del cuenco de porcelana. Habían pasado cuatro días desde la recepción de su carta. Después de haber elegido el sitio más adecuado, Elsa hace subir a Alberto, completamente desnudo, sobre el hielo gigante que había cobrado vida en el congelador de un sótano oscuro.

Le pide que ponga las manos sobre la pequeña cómoda de nogal, que va a servir de soporte. Elsa no quiere que se resbale nada más empezar. Además, quiere que el hielo se derrita poco a poco, mientras Alberto está encima. Una mueca de dolor se dibuja en su rostro, cuando pone los pies encima del hielo. Durante una fracción de segundo, piensa que es inhumano, pero Elsa no quiere mostrar ningún tipo de compasión. Había sido bastante clara.

–Te gusta más que a mí –le susurra Elsa.

Alberto suda como nunca. Su espalda es un espejo de lágrimas saladas, un río de penuria y felicidad, una contradicción. Su contradicción hecha agua.

–No te preocupes. Si sigues sudando así, enseguida el hielo será un auténtico charco. Y eso es bueno para ti.

Alberto gira la cabeza hacia Elsa y empieza a gemir.

–Tú me amas porque yo no te amo –vuelve a susurrar Elsa.

Y sus embestidas se volvieron, de repente, más fuertes.

***

Contigo, tengo la opción del dolor. Lo entenderás en cada embestida.

El sexo es una uña afilada que se hunde sin piedad en la carne. Hacerlo sublime es transgredir. Transgredir es haber entendido todo.

«Fin de la carta confidencial de E. a A.»

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Sobre Valérie Tasso

Valérie Tasso no es una sexóloga convencional. Miembro nº 487 de la AEPS (Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología) y autora de 8 obras mayores, entre la novela y el ensayo, Valérie es, ante todo, una intelectual que derrocha elegancia y encanto.

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