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La receta del Foot Fetish. El fetichismo de pies por D. Luv

Tras el voyeurismo, llega la segunda entrega sobre (para)filias de D. Luv. Hoy, toca ver los pies, y más allá de ellos, en el Foot Fetish. Sus artículos son una original mezcla descriptiva y ficticia en los que aborda aquello de lo que no hablamos, esas fantasías que la mayoría ocultamos en el terreno de lo prohibido. Adéntrate en el fetichismo de pies con D. Luv.

Foot Fetish

Más allá del Foot Fetish

Los pies

Están ahí. No les prestamos demasiada atención. Algunas féminas, ante la inminente llegada del verano, comenzamos su ritual de acicalamiento. Uno de los momentos más divertidos es cuando te colocas el separador de dedos de gomaespuma.

Las cosquillas

Pueden ser terriblemente placenteras. Pueden ser motivo de enfado, de guerra familiar, de dolorosas carcajadas. Amadas u odiadas, por casi todas las personas. Los “sin cosquillas” son otra especie, más aburrida.

La boca

Lengua y dientes son dos potentes instrumentos en un escenario sexual. Particularmente me gustan las bocas húmedas, ansiosas. Los dientes para arañar, dejar huella.

La dominación

¡Lame mis pies! La mera orden excita. No estamos acostumbrados a la sumisión, ni a que el sujeto se postre ante nuestros pies, estremecido. Pero cuando ocurre….

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La receta del fetichismo de pies

¿Qué ocurre cuando mezclas los cuatro?

Si el revuelto de ingredientes ha activado algún resorte en cuerpo o mente.

Si sientes curiosidad por probar la mezcla.

Si quieres ser invitado a un festín de pies.

Puede que seas un Foot Fetish o adorador de pies. 

En invierno Josep (paciente nº 1, en adelante) no salía nunca a los jardines. Su sitio favorito era la tercera fila, última silla a la izquierda, de cara a la televisión, un rincón con poca luz. Sin embargo cuando se acercaba el calor, pasaba todo el tiempo en el exterior, buscando víctimas. El paciente nº 1 llevaba ingresado el suficiente tiempo como para que todos conocieran sus motivos y movimientos. Aún así, él esperaba. En cuanto una loca se quedaba adormilada, y sus zuecos se desplazaban ligeramente, el paciente nº 1 aparecía, como de la nada, y se tiraba a sus pies para lamerlos, gruñendo y salivando como un animal en celo. El tiempo que tardaban los guardianes en llegar se hacía eterno a la mujer de turno, quién gritaba asustada intentando liberarse, siempre en vano. El paciente nº 1 llevaba meses esperando ese momento, despegarle era una tarea titánica, si los guardias pretendían no romper miembros.

Mi primer verano en La Barraca cambió la vida del paciente nº 1 al completo.

El fetichismo de pies, podofilia o Foot Fetish, consiste en la inclinación o deseo fetichista en los pies. Tratado como parafilia, se observa comúnmente en los varones.

Para un fetichista de pies, estos pasan a ser un objeto de deseo y placer, tal y como los genitales lo son para la mayoría. Así, suelen ser devotos de los adornos asociados; tatuajes, esmalte de uñas y calzado abierto, como las sandalias.

Los receptores, en su mayoría mujeres, disfrutan de esta peculiar admiración, y si en el juego se introducen las vertientes del BDSM como el Trampling (caminar sobre el cuerpo del fetichista), la actividad puede convertirse en un descubrimiento de una faceta desconocida, la de Femdom.

La primera vez que me senté a la sombra del olivo y descalcé mis pies al completo, el paciente nº 1 dudó si acercarse. Supongo que era demasiado para él. Miraba alrededor asustadísimo, esperando que le atrapasen antes de moverse, como si se tratara de una broma macabra. No podía imaginarse que había sobornado a Bernardo, de guardia aquel día, para que nos dejara en paz. Pasaban los minutos y el paciente nº 1 seguía paralizado. Me hice la dormida. Aún así tardó en acercarse. Aullando como de costumbre, empezó a chuparlos, en posición de defensa, agarrando mis pies como si de un náufrago se tratase. Entonces abrí los ojos, le miré y sonreí. Se produjo silencio, mientras seguía lamiendo a gran velocidad clavando su mirada en la mía. Volví a cerrarlos, tratando que se tranquilizara, porque empezaba a notar la presión de la sangre aprisionando mis tobillos.

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Y entonces aflojó, poco a poco; primero los dedos, ¡qué alivio!, la sangre volvía a mis extremidades; luego el ritmo, pasando a lamer algo más despacio. Volví a mirarle. Algo se colocó en su cabeza, su expresión me pedía permiso, asentí. Me soltó y entonces inició un ritual, que entendí, practicaba antes de su ingreso en el psiquiátrico. Arrancó algunas hierbas y frotó mis pies con ellas, a modo de limpieza, la sensación fue de frescor. Entonces pasó su nariz por cada recoveco de mis dedos, abriéndolos con delicadeza. Su expresión era la de un niño. Con un hierbajo se dedicó a hacerme unas delicadas cosquillas, al límite de mi resistencia, la cual parecía conocer, ya que se detenía cuando llegaba. De vez en cuando me miraba, yo siempre asentía. Al rato empezó a chuparlos, esta vez muy muy despacio, recorriendo cada línea, cada punto energético, cada poro, empapándome de saliva y alivio. Para entonces yo estaba tan mojada como los objetos de deseo de aquel loco. De vez en cuando, según sus movimientos, vislumbraba una maravillosa erección bajo el pantalón de tela. Sentí tentaciones de tocarle, pero sabía que tenía que esperar. Poco, pensé, dentro de poco. Al rato, el paciente nº 1 se quedó dormido con el dedo gordo de mi pie en su boca. Fue tan tierno.

¿Por qué el fetichismo de pies?

Dentro de esta práctica nos llama la atención el Footjob (sexo con los pies), Toejob (sexo con los dedos de los pies) o el Sockjob (sexo con medias). La idea es alejarnos de los centros neurálgicos de placer y bajar hasta la última extremidad de nuestro cuerpo. Ampliar la distancia con tu amante, para ampliar la diversidad de juegos sexuales. Follar con la mirada, mientras las caricias y la saliva empapan esa parte del cuerpo tan poco aprovechada.

Foot Fetish: un universo por descubrir, a tus pies.

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Sobre D. Luv

D. Luv es un personaje de ficción, quién entra en un psiquiátrico de manera forzada para curar su adicción al sexo. Allí conseguirá la confianza de los pacientes, descubriendo y practicando sus perversiones sexuales de tal manera que acaban por creer que es ella quién puede liberarles, bautizándola como Dra. Luv. Tras obtener el beneplácito de los guardias del hospital, Luv crea un submundo en el que la locura, las obsexiones, y la práctica de una sexualidad nada convencional termina por sanar a más de un paciente, a pesar de que ya nadie quiere salir de allí.

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