Cuando las segundas oportunidades pueden ser positivas

Diecisiete años después de su ruptura, Jennifer López y Ben Affleck se dieron una segunda oportunidad. Si a principios de la década de los 2000 ya desataron la envidia de más de un mortal, la cosa no iba a ser para menos en un mundo marcado, socialmente, por la pandemia de la COVID-19 y, sentimentalmente, por las relaciones líquidas y fugaces. Lo suyo encarnaba el romance resiliente, la luz después del túnel y el presagio de un final feliz.

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Historias de amor

Las segundas oportunidades

Era previsible que esta pareja de estrellas, además de atraer la atención de la prensa y desatar el fenómeno «Bennifer», nos hiciera soñar con la posibilidad de retomar antiguos romances. Pero ¿por qué esta fascinación por las segundas oportunidades? Es posible que la repercusión de esta relación esté influida por el mito romántico del amor eterno. Esto es, la creencia de que el destino de esas dos personas es estar juntas si vencen toda una serie de barreras y obstáculos. Sin duda, uno de los clichés que más ha reproducido y explotado la industria cinematográfica.

Sin embargo, identificado este mito romántico y cercando su influencia en nuestras expectativas afectivas, cabe la siguiente pregunta: ¿Y si, en contra de ese dicho de la cultura popular, las segundas partes sí fueran buenas? Es evidente que las personas se pueden equivocar, evolucionar y aprender de sus errores. También es una obviedad que el ser humano puede actuar con empatía y decidir que vale la pena perdonar una ofensa. Por si fuera poco, no es ningún secreto que a veces en una relación de pareja las personas avanzan a distintas velocidades, dependiendo de su mochila, intereses y habilidades en inteligencia emocional. Esta situación, a menudo, puede ser frustrante y objeto de muchas tensiones a medida que se desarrolla el vínculo. Tanto es así que puede marcar el final de la relación.

La cuestión aquí es tener sumamente claro que las segundas oportunidades no son una alternativa para todas las relaciones. Idealizar el remake de un romance no solo puede acarrear a medio y largo plazo mucha frustración, también puede suponer que toda una serie de señales de alarma pasen desapercibidas.

¿Qué aspectos hay que tener en cuenta para retomar una relación?

Como sexóloga, considero que hay tres aspectos que debemos valorar con frialdad a la hora de plantearse el dar (o darnos) una segunda oportunidad.

  • Las razones. Si esa segunda oportunidad está motivada por razones ambiguas, tóxicas o poco realistas es muy posible que fracase. Por ejemplo, es posible que anheles a esa persona no porque la ames o sientas de nuevo mariposas en el estómago, sino porque tienes miedo a la soledad o necesitas llamar su atención para validar tu autoestima. Recuerda que actuar por dependencia emocional es una forma de mutilar tu identidad, de descuidar tu amor propio. Por tanto, antes de retomar una relación es importante que ambos hayáis realizado un ejercicio honesto de introspección y reflexionado sobre vuestras dificultades individuales.
  • La diferencia entre el perdón y la reconciliación. En general, perdonar significa dejar atrás el resentimiento hacia la persona que te hirió. Es un proceso unidireccional y puede hacerse sin que haya petición de perdón por la persona ofensora o sin que esta admita explícitamente las consecuencias que provocaron sus actos. Puede incluir sentimientos de comprensión y empatía. Perdonar no significa olvidar lo ocurrido, excusar el comportamiento de quien te dañó o dar pie a la reconciliación. Se trata de liberar el rencor y actuar sin resentimiento después de la ofensa. No puedes obligar a nadie a que te perdone, pero sí puedes mostrar arrepentimiento, disculparte sin excusas y admitir el daño provocado. La reconciliación, por su parte, es un proceso bidireccional y precisa que la persona ofensora reconozca el daño y lo repare. Solo entonces se podrá restaurar y continuar con la relación que se tenía con esa persona después de una ofensa. De modo que, si queremos volver a intentarlo, es fundamental que perdón y reconciliación se lleven a término.
  • El compromiso por el cambio. El éxito de las segundas oportunidades también depende de si se han solucionado los problemas que justificaron la ruptura. Por supuesto, estos problemas pueden ser muy variados: una infidelidad, problemas de comunicación, intereses incompatibles en una relación (por ejemplo, que se quiera formar una familia o que no se desee tener hijos), etc. El tiempo que no habéis estado juntos os puede haber dado perspectiva sobre vuestros conflictos. Quienes aprenden de las experiencias pasadas, pueden avanzar con más facilidad en su presente. Es importante preguntarse cómo habrían sido las cosas si pudieran retroceder en el tiempo: ¿Actuarías de un modo distinto? La forma en la que una pareja establece límites y responde ante estos puede mostrar la salud de la relación. Vuestra visión de las cosas o expectativas con respecto a las relaciones pueden haber cambiado. Un nuevo comienzo necesita de nuevas reglas y, por ende, de conversaciones, algunas incómodas sobre lo que queréis y lo que necesitáis en este segundo principio. Si no habéis logrado resolver vuestras desavenencias y no existen pactos y acuerdos al respecto, retomar la relación no sería positivo para ninguno de los dos. Al revés, volverían los reproches y con ello, la sensación de fracaso.

No sabemos si el fenómeno «Bennifer» perdurará en el tiempo o si es tan idílico como exhiben en sus fotografías. Lo que sí sabemos es que las segundas oportunidades pueden funcionar y ser satisfactorias, si bien, esto no significa que el camino sea un cuento de hadas.