Abismo – Relato erótico con música

Sin aliento y con ganas de todo, de hacer de todo, son las consecuencias de leer este relato. Si piensas que es el momento perfecto, pulsa play en la canción de Korn, lee y sáciate.

Abismo

«I’m over it
You see I’m falling in the vast abyss
Clouded by memories of the past
At last I see».
-Korn

Se sienta a horcajadas sobre su cara y él la acoge con la boca abierta, culebrea en las paredes que vibran, endurece el clítoris entre sus  dientes,  penetra sus glúteos con un dedo, luego con dos, luego con tres, mientras ella gime y se frota, con el torso arqueado hacia atrás, la melena derramada a su espalda como una lengua de fuego, los pechos oscilantes con cada embestida, contra su barbilla, contra su nariz, contra sus labios, con tanta furia que le marea la asfixia, pero no puede, no quiere dejar de darle placer, de saciarse con la riada que se desborda imparable, mientras ella se corre una y otra y otra vez y él siente que va a perder la conciencia y su cerebro explota en haces de luz, pero sigue lamiendo, chupando, tragando y ella se yergue, se separa, repta por sus costados y hunde el miembro en su sexo palpitante. Con el torso arqueado hacia atrás, la melena derramada a su espalda como una lengua de fuego y los pechos oscilantes con cada embestida. Él los apresa con las manos, los aprieta, pinza los pezones, tira de ellos como si quisiera arrancarlos y ella ruje, se mueve hacia adelante y hacia atrás con los ojos cerrados, masturbando su miembro con las paredes elásticas que se estrechan, hasta que él siente cada vena, cada rugosidad, cada poro frotándose contra ellas. Y ella se eleva, cae sobre su vientre con la furia de un rayo, y siente que va a atravesarla, quiere atravesarla, llegar a su garganta, llenar ese vacío insondable con todo su cuerpo, con toda su alma, y penetra su culo con un dedo, con dos, con tres, mientras ella se corre una y otra y otra vez, y se yerge de nuevo. Se separa, repta, hunde el miembro entre sus glúteos, con el torso arqueado hacia atrás, la melena derramada a su espalda como una lengua de fuego, los pechos oscilantes con cada embestida, y él apresa uno con la mano, lo aprieta, pinza el pezón, tira de él como si quisiera arrancarlo, y acaricia con la otra el clítoris que se escurre entre sus dedos… Y la penetra con uno, luego con dos, luego con tres, mientras ella ruge como una bestia, frota su vulva contra el vello de su pelvis, se mueve hacia adelante y hacia atrás con los ojos cerrados, masturbando su miembro con las paredes elásticas que se estrechan hasta que él siente cada vena, cada rugosidad, cada poro frotándose contra ellas, y cree que va a atravesarla, quiere atravesarla, llegar a su garganta, llenar ese vacío insondable con todo su cuerpo, con toda su alma mientras ella gruñe y se corre una y otra y otra vez. Y él siente que va a perder la conciencia mientras su cerebro explota en haces de luz, pero sigue follándose su culo con su miembro, su sexo con los dedos, controlando las ganas de correrse, vaciarse, prenderle fuego, y ella se yergue, se separa, se tumba entre sus piernas, acaricia la punta de su miembro con los labios, lo lame, lo chupa, despacio… Y él siente cada vena, cada rugosidad, cada poro frotándose contra sus fauces y quiere atravesarla, llegar a su coño, llenar ese vacío insondable con todo su cuerpo, con toda su alma, pero controla las ganas de correrse, vaciarse, prenderle fuego. Lo intenta, lo intenta, lo intenta hasta que ella hunde un dedo en su culo, engulle su polla hasta la garganta, lame y mama, y su cerebro explota en haces de luz y su miembro, en riada que se desborda imparable, mientras ella sigue follándoselo con el dedo, lamiendo, chupando, tragando hasta vaciarle… y sigue lamiendo, chupando, tragando, follándoselo con un dedo hasta que él reprime un quejido, y le mira, insatisfecha, araña su pecho hasta que brota la sangre  y clava los colmillos. Chupa, se alimenta, y él enloquece de placer, y su cerebro explota en haces de luz, y solo puede musitar:

—Devórame, Lilith.

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Sobre Brenda B. Lennox

Brenda B. Lennox es el seudónimo de una escritora con varios premios literarios a su espalda. La máscara que le permite mostrar su lado más salvaje en textos que destilan crudeza no exenta de humor negro y poesía. La firma que avala su compromiso con la sexualidad como redactora para La Magia de los Sentidos. Podríamos decirte su nombre real, pero ha asegurado que después tendría que matarte. Y la creemos.

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