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Relatos ero: Masturbar con los pies – Relatos eróticos cortos

En un artículo, nos contó las técnicas. Ahora, nos relata las historias de masturbación con los pies.

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Relatos eróticos

Melodía – Relato erótico corto (1)

Me fascina que me pinte las uñas de los pies. Hoy ha escogido un tono azul. Sostiene cada dedo con mimo y pasa la brochita con suavidad. Observo su flequillo indomable, sus gafas de pasta,  el tatuaje que adorna su pecho,  el gesto en su rostro, exactamente el mismo que cuando afina su guitarra. Así me siento, clavijero, trastes, diapasón, cuerpo, boca, costado, cuerdas, puente…  guitarra que anhela que toque una melodía. Blue… blue velvet… bluer than velvet were her eyes… warmer than her tender sighs… Love was ours… ours a Love I held tightly… feeling  the rapture grow… Like a flame burning brightly may… soy una llama que arde.

Calibra el resultado. Asiente  y comienza a soplar. No hace falta.  La pintura, en teoría, se seca en un minuto, pero no lo digo. Su aliento aviva la llama. Pone cara de niño travieso y me hace cosquillas. Me río. ÉL también.  Me gusta que me haga reír. Me gusta verle reír. Blue velvet que ahuyenta al blues*.

Regresa el silencio. Acaricia mis dedos con ternura. Observo su flequillo indomable, sus gafas de pasta,  el tatuaje que adorna su pecho,  el gesto en su rostro, exactamente el mismo que cuando piensa qué melodía va a tocar.  Se decide y sus manos de guitarrista rasgan mis tobillos, mis pantorrillas, mis muslos, mis labios. La mía lubrica mis pies, libera su miembro, lo guía hasta el sexo que forman mis plantas.

Nos miramos a los ojos.

Improvisamos.

N. de la A. Blue velvet que ahuyenta al blues*. Juego de palabras entre dos palabras inglesas: «blue», azul y «blues», melancolía.

Árbol de la vida – Relato erótico corto (2)

—Me gustan tus pies.

Tan solo una frase, una frase sencilla, como todas las que son el génesis de una historia. No, no fue la frase, sino como la pronunció,  saboreando cada palabra, cada sílaba, cada letra, expresando un deseo oculto, materializando la Palabra en carne.

«Tus pies»… sus pies, soporte de su cuerpo y de su alma, eje de su equilibrio, bailarines, escaladores, aventureros  y, sin embargo, despreciados por todos sus amantes que se centraban en sus pechos, en sus glúteos, en su sexo con la única intención de excitarla lo suficiente para penetrarla y correrse.

«Tus pies»… sus pies, centro de su mundo cuando él hunde su rostro en las palmas para embriagarse con su aroma, acaricia cada falange como si fuera un milagro, masajea los tobillos… y besa,  lame, muerde, chupa mientras ella cierra los ojos, electrizada por la energía que la recorre enraizándola en la tierra, nutriendo su tronco, conectando sus ramas con el universo.

«Tus pies»…sus pies, símbolo de su poder cuando apresa su miembro entre ellos y lo masturba, despacio, desde la base a la punta y para, de repente, sintiendo el impulso de aplastarlo como a un gusano, de infligirle dolor, de negarle el placer y controla la oscuridad, como una diosa que decide ser magnánima, concediendo un nuevo sexo para que él frote el suyo contra él hasta crepitar, convulsionarse como una rama a merced del viento, derramarse anegando las raíces hasta nutrir la tierra y ser, ambos, uno con el todo.

Sobre Brenda B. Lennox

Brenda B. Lennox es el seudónimo de una escritora con varios premios literarios a su espalda. La máscara que le permite mostrar su lado más salvaje en textos que destilan crudeza no exenta de humor negro y poesía. La firma que avala su compromiso con la sexualidad como redactora para La Magia de los Sentidos. Podríamos decirte su nombre real, pero ha asegurado que después tendría que matarte. Y la creemos.

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