1001 lesiones sexuales: del chupetón a la fractura de pene, o la rotura de frenillo entre otras «heridas de guerra» y mobiliario destrozado (Parte I)

¿Qué sería del sexo sin «heridas de guerra»? En algún momento, todos hemos alardeado de pequeñas lesiones sexuales después de un encuentro pasional, y las hemos hecho explícitas para que nuestros amigos tuvieran claro lo impresionante que fue aquel polvo o lo desastroso que era tal amante. Para bien o para mal, el amor a veces duele… y también te sorprendería saber lo que la gente está dispuesta a confesar sobre los daños que un exceso pasional le ha generado, en algún momento de su vida. A continuación: las lesiones sexuales que casi todos hemos tenido.

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Como decimos, hay dolores placenteros y hay dolores desafortunadamente inolvidables; vasos, cuadros, camas  y móviles destrozados pueden ser, al tiempo, testigos mudos y víctimas de nuestras aventuras sexuales. Y tan solo nosotros somos los que les daremos la publicidad que merecen. Pero ¿qué tipo de lesiones tienen reservado el honor de ser contadas? ¿Con qué se van a reír mis amigos y qué van a envidiar? ¿Se lo tengo que decir a mi pareja o solo al médico?

En esta primera entrega, te recomendamos qué contar a tus allegados.

Lesiones sexuales para echarte unas risas

1. Chupetones, mordiscos, rasguños o rozaduras

Suelen ser signos gráficos de haber pasado un buen rato en pareja. En algún momento, todos hemos tenido algún moretón o arañazo que mostrar a nuestros amigos para dejarles claro que «aquella noche» estuvo de lo más emocionante. Estas lesiones también son las preferidas para las marcas de cosméticos, ¿o es que no has usado el triple de maquillaje para ocultar chupetones a tus padres?

2. Contracturas musculares

Tus amigas han percibido que te notabas incómoda mientras os tomabais el café: girando el cuello, estirando los brazos o dándote un breve masaje en la nuca con tus propios dedos, y confesaste que debías ir al gimnasio antes de pasar tantas horas dedicadas al placer… Aunque sentir un poquito de dolor muscular tras una relación sexual fogosa puede ser placentero, es mejor prevenir que el gemelo se agarrote ¡justo cuando vas a tener el orgasmo de tu vida!

3. Encuentros con animales domésticos

Si sabías que tus gatos no eran cariñosos, debiste cerrar la puerta del dormitorio antes de estropear aquella noche de lujuria. En este punto, hay más historias que mascotas. Los hay quienes notaron como el perro les lamía el ano mientras practicaban un sencillo misionero, y los que tuvieron que frenar en seco porque la iguana estaba encima de la almohada… ¡mirándoles fijamente! Por resumir, mantén a tus mascotas al margen de tus noches de pasión.

4. (Algunos) daños físicos

Pueden ser una historia divertida que contar en pandilla: me torcí el tobillo mientras me desnudaba; me partí dos uñas al apoyarme contra la pared; o me recuperé del esguince de rodilla dos meses después, pero aún sonrío recordando ese polvo son micro-historias de lesiones menos comunes, pero no menos clásicas y graciosas que el resto.

5. Otro tipo de situaciones

Por ejemplo, aquellas que vienen de una enfermedad puntual o terminen en un hospital pueden tener gran acogida entre los tuyos: no debí haberle dejado que me hiciera un cunnilingus. La medicación para el catarro me provocaba muchos gases…; o el traumatólogo se sonrió cuando dijimos que la fractura del meñique venía porque… ¡la cama se había roto! son historias perfectas para hacer reír y animar a tus amigas a que cuenten las suyas.

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