¡Las fantasías sexuales de las mujeres al desnudo!

Tanto si se encuentran en lo más profundo de la imaginación o son los fragmentos de un recuerdo atemporal; o sencillamente son algo inexplicable, a saber, deseos involuntarios, las fantasías sexuales siempre ofrecen una salida creativa para que la mente deambule hacia parajes (¡o parejas!), de otro modo, inaccesibles. De hecho, si algo tienen estas ensoñaciones es que nos mantienen despiertos a todos y cada uno de nosotros. Y es que esas placenteras e inquietantes imágenes eróticas no son solo normales; ¡son universales!

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La imaginación ofrece un campo ilimitado para explorar nuestra sexualidad, descubriendo qué es lo que nos pone en situación y nos mantiene excitados, traspasando fronteras y –al tiempo– creando los confines y privacidad de una fantasía. La ensoñación erótica puede ignorar el tabú y, por supuesto, obviar las molestas repercusiones de la realidad. Y sí, cuando nos sumergimos en el mundo de las fantasías, todo vale.

Fantasías masculinas y fantasías femeninas

Aun siendo universales, hay algunas diferencias sutiles en la forma en la que hombres y mujeres fantasean sobre el sexo. Las ensoñaciones masculinas, por ejemplo, son más propensas a centrarse en lo visual, mientras que las femeninas utilizan más conexiones emocionales. De manera similar, cuando el leitmotiv es la dominación (fantasía recurrente para ambos sexos), muchas mujeres tienden a adoptar el rol sumiso.

La ciencia nos dice que las fantasías sexuales femeninas se clasifican en dos grupos: de un lado, están las ensoñaciones románticas y tiernas; y, de otro, las fogosas y ardientes. A solas o combinadas entre sí, se pueden encontrar las mismas situaciones recurrentes en los sueños eróticos más comentados…

La sensualidad femenina

En público

El sexo en público o, al menos, fuera del dormitorio,  es uno de los sueños más repetidos  entre las mujeres de sangre caliente. Y es que la imaginación nos puede llevar a sitios remotos. En una playa, al ritmo en que las olas rompen contra los amantes; en medio del susurro de las hojas al caer, en el corazón de un tupido bosque; o sobre un campo de hierba cimbreante. Aunque la verdad es que muchas veces no somos tan románticos, y aquellos idilios se trasladan a un aparcamiento iluminado, a los aseos de un restaurante o a la última fila del cine… Es lo que tienen las fantasías: son maravillosas, deliciosas y agradablemente únicas.

Las cosas buenas… de tres en tres

A partes iguales, el trío es la fantasía más recurrente tanto en el hombre como en la mujer. Con independencia de su orientación sexual, un incalculable número de mujeres sueña con compartir su pareja o con participar en tríos de cualquier combinación posible: chica-chica-chico, chico-chico-chica o chica-chica-chica. Y si preguntáis a otras mujeres el porqué, muy probablemente os responderán con un ¿por qué no? De hecho, ni la más hetero está inmunizada contra el potente atractivo de un cuerpo suave y curvilíneo, al que intuitivamente saben proporcionar placer.

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Aunque, de otro lado, ¿quién no quiere ser el centro de atención? Dos tipos trabajando para satisfacer cada deseo femenino son también uno de los imaginarios preferidos por muchas mujeres.

El uniforme

¿A quién no se le ha caído la baba al ver un uniforme envolviendo un bonito cuerpo? Puede ser un cliché, aunque también un innegable reclamo para crear fantasías sexuales, por varias razones…

Primera: asumiendo que dicho atuendo no sea el de una mascota de peluche, las probabilidades de que la persona que lo viste se nos aparezca como alguien inteligente o físicamente irrechazable, son altas. Tirar de sus botones, o simplemente azotar levemente su trasero descomponiendo la congruencia de su pose, se presentan como acciones prohibitivas a la par que rebeldes.

Segunda: puede que ese uniforme tenga un trasfondo heroico. Bomberos que sofocan los fuegos y rescatan a los desprotegidos, policías que ejecutan la ley y apresan a los malvados, o soldados que aportan la bizarría de dar su vida por una causa mayor… ¿Se necesita decir más?

Quizás sí. Apagar los fuegos, luchar contra el crimen o salvar a los inocentes, son ideales que funcionan como potenciadores del ego femenino, cuando la mujer se sabe poseedora del cuerpo que encarna alguno de esos valores.

Finalmente, también encontramos razones parecidas cuando observamos que famosos y políticos son el objeto de una gran variedad de fantasías femeninas, bien por su glamour, bien por su estatus inasible o sencillamente por aquello de la erótica del poder.

Fantasías desenfrenadas

Una entidad desconocida

Todos hemos fantaseado alguna vez con hacerlo desenfrenadamente con un extraño. Quizás cerrando los ojos al salir del trabajo, compartiendo las ensoñaciones en un mudo e íntimo paseo de vuelta a casa; en el alboroto del bar, silenciosamente conectando y desapareciendo en la oscuridad de la noche; o quién sabe, quizás es realmente ese atractivo fontanero enviado para… ¿arreglar las tuberías?

El sexo con extraños abre un mundo de posibilidades, borrando de un plumazo un buen puñado de tabúes construidos en torno a lo que las señoritas no deben hacer. A pesar de los avances que la sociedad ha realizado en términos de igualdad de género, aún se espera que las mujeres sean, como ejemplo, menos imprudentes y descuidadas que los hombres. Pues bien, ellas no lo son, y eso es lo que hace esta fantasía –si cabe– más tentadora.

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El disfraz de la sumisión

¿Quién entre nosotros no ha disfrutado cediendo la responsabilidad alguna vez? Está claro que el sexo no viene con un manual de instrucciones que garantice el placer pero, imagínate que lo hiciera: lo seguiríamos al dedillo.

Ahora, finjamos que esas directrices se nos entregan con una voz imponente y sexy… La sumisión puede ser extremadamente sensual.

Puede funcionar en ambas direcciones pues hay muchos que acatan las órdenes de una mujer, como un perro mueve su cola ante la alegría de llevarle la pelota a su amo.

Y, también se pueden desarrollar elementos histriónicos: la representación de un estudiante impertinente ante una profesora implacable; o el típico detenido que ha sido muy malo, y la agente de policía tiene que esposarlo; o el cliente que “compra” a una meretriz para que  satisfaga todos sus deseos durante una noche.

Como apunte final sobre el teatro del placer: toda mujer vestida para representar una fantasía, está bendecida con el don de la suma sensualidad.

La imposición                                   

La “fantasía de la violación” es un oxímoron. Es decir, dos palabras semánticamente opuestas que originan un nuevo significado. En verdad, la fantasía de una violación sigue siendo un concepto que se sitúa en el lado opuesto a lo agradable, pero también es el mismo que sale de debajo de las piedras, una y otra vez, en las discusiones sobre fantasías femeninas. Eso sí, que nadie se confunda, ninguna mujer que fantasea eróticamente con una escena de violación quiere ser violentada sexualmente en la vida real. De modo contrario, estaríamos hablando de un problema patológico. O, como dice Georgina Burgos:

[…] la violación real nos causa un profundo rechazo. Nuestras fantasías no son siempre deseos de realidad pero, en la mente, a veces son verdaderas bombas afrodisíacas […]
BURGOS, Georgina. Fantasías eróticas sólo para nosotras. Marge Books, 2010.

Está claro que esta singular ensoñación coquetea con la violencia y la sumisión en un plano ficcional, sin perseguir el dolor emocional del sexo sin consentimiento. Esta fantasía se sumerge en ideas pasionales desenfrenadas, figuradas a conveniencia de la ensoñación y quizás, como las llaman los sexpertos, a consecuencia de alguna “culpabilidad escondida”.

A diferencia de la realidad, el imaginario en el que una mujer se representa forzada o violentamente apresada puede hacer que libere prejuicios o tabúes previamente adquiridos.

Vamos a ser claros: no hay nada vergonzoso en imaginarse a entera disposición de otra persona con un equipo de BDSM en la alcoba, al fin y al cabo, es una fantasía. Y, de paso, hagámonos un favor y dejemos de ser tan mojigatos: el sexo duro es una de las opciones preferidas en la actualidad. Y tú, ¿qué opinas de la fantasía de la violación?

Vive el sueño

Las fantasías sexuales de las mujeres atraviesan todo un espectro que va de lo factible al total enloquecimiento. Algunas merodean dentro de una seductora cercanía a la realidad; mientras otras permanecen en una fantasía íntima, confinadas en los reinos de la imaginación. Dar a conocer tus deseos más íntimos puede llevar un montón de travesura al sexo. Si le das una oportunidad, llevarás lo más erótico de las ensoñaciones un paso más cerca de la realidad, y no te asustes si esa realidad descubre fantasías sexuales en un modo “porno para mujeres“. Es algo mucho más común de lo que crees.

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Sobre Ana Ruiz

Ana es escritora y madre de tres hijos. Reside en Barcelona la mayor parte del año, disfruta viajando y conociendo otras culturas y lugares, así como asistiendo a congresos internacionales sobre su especialidad.

3 comentarios

  1. Pandora Groovesnore

    En mis fantasías nunca me despeino, ni me desmaquillo, ni sudo… Eso sí que es pura fantasía!

  2. 🙂
    Yo creo que lo bueno de materializar fantasías es descubrir que es más sexi el haberse despeinado, desmaquillado y sudado… ¿No?

    Gracias por tu comentario, Pandora. Siempre con ingenio por montera 😉

  3. materializar fantasías en que manera Tenio un novio, quando vivio en madrid que gustava mujeres gordas. ese relación no era sana. no se como he llegado aquí. ahora he perdido 60 kilo, hace 2 anios que no lo he visto. No quiro un hombre que se convierta malos deseas a la realidad.

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