Horimono – Relato erótico

Entra en el mundo BDSM de Brenda B. Lennox, con este sensual y delirante relato, y abandónate a la intensidad erótica de sus metáforas.

Relato erótico bondage

Horimono – Relato erótico

Estaba a horcajadas sobre él. Forcejeábamos intentando someter al otro. De momento había empate. Él era más fuerte, pero yo lo aprisionaba con mis muslos y aunque elevaba la cadera no podía girarme. Su sexo se clavaba en el mío a través de las sábanas volviéndome loca. Metí los talones por debajo de su culo y me aferré a sus brazos.

—Eres mi prisionero —susurré.

—Átame.

Arqueé el cuerpo para agarrar el pañuelo de seda, até sus manos al cabecero y apreté.

Besé su frente, sus cejas, su nariz. Esquivé su boca y lamí, despacio, el lóbulo de su oreja, su barbilla, su nuez. El cuello me llamaba a gritos y clavé los dientes como si quisiera atravesar la carne y alimentarme de la sangre que fluía bajo la piel. Gimió. Su dedo buscó mi boca. Lo chupé. Luego, dos. Luego, tres. Sabían a tabaco y salitre. También la palma de su mano. Y su aliento, cuando devoré los labios que se abrieron como fauces. Su lengua culebreaba tensa y dura. Mamé. Casi gimo «córrete».

Me separé. La lujuria había exigido mi pezón. Elevé el tronco y quedó a la altura de su boca. Lo saboreó como a un caramelo. Cada vez más duro. Cada vez más derretida.

–Suéltame. Quiero comerte. Quiero que te corras en mi boca —exigió.

–No.

–Te vas a enterar.

Tironeó, pero los nudos se cerraron. Lo intentó con ímpetu, pero fue en vano. Sus ojos preguntaron con una mezcla de asombro y miedo.

–Te lo dije. Eres mi prisionero.

Me levanté y salí de la habitación.

—¿A dónde vas? ¿Qué vas a hacer?—Histeria en su voz. No contesté.

Me había acordado de la botella que compré en un viaje a Praga. Me apetecía estrenarla. Embriagarme de absenta, sudor y semen. Regresé sigilosa. Intentaba desatarse. Al ver el licor, su temor cedió al deseo. Al sentirme encima se le puso dura otra vez. Toda para mí. Desprecinté la botella y derramé un poco sobre su pecho. Pinté curvas en su piel con los pezones, con los labios, con la lengua. Sabía a sudor y especias. Acaricié el tatuaje de su costado. Brillaba perlado por el sudor. Vertí absenta sobre el samurái. Mis yemas fueron pincel que repasó los contornos resaltando matices. La armadura do-maru. El brazo tenso. La katana que sostenía con respeto. El vaho del licor emanaba de los dos cuerpos como una neblina y también lo deseé. Lamí su frente de gesto adusto, la barbilla inclinada, el cuello alargado. Le miré y sus ojos me devolvieron la mirada. No había deseo en ellos, sino un desprecio profundo. Una leve sombra enturbió sus pupilas. El rostro se tensó con una mueca despectiva. Y comprendí.

Me invadió el pánico. Quise huir, pero mis miembros eran piedra. El grito, arena. Alzó el brazo. La vida se rebeló y alzó el mío.  Mis uñas buscaron su rostro. Mis dedos, sus ojos. Fue inútil. La katana penetró en mis entrañas y la sangre borboteó cálida. Un frío intenso me congeló los huesos. La vida se rindió.

Una voz que aullaba mi nombre me trajo desde lejos. Mi cuerpo yacía desmadejado sobre otro cuerpo. Lo reconocí a duras penas. Me incorporé mareada. Un reguero blanco recorría mis muslos. Mi sexo aún estaba húmedo. Miré su costado. Estaba cosido a arañazos. El tatuaje rezumaba. Ahogué un grito. Lo desaté temblorosa. Me abrazó fuerte. Lloré.

—Todo está bien. Todo está bien. Todo está bien.

—Voy a curarte —. Me agarró con fuerza.

—Dame la botella.

Se la di. Derramó absenta sobre las heridas.

—Es alcohol, ¿no es cierto?

Asentí. Sonrió.

BDSM

—Átame.

N.A. Horimono: Tatuaje tradicional japonés.

La elegancia por tatuaje: Relatos eróticos

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Sobre Brenda B. Lennox

Brenda B. Lennox es el seudónimo de una escritora con varios premios literarios a su espalda. La máscara que le permite mostrar su lado más salvaje en textos que destilan crudeza no exenta de humor negro y poesía. La firma que avala su compromiso con la sexualidad como redactora para La Magia de los Sentidos. Podríamos decirte su nombre real, pero ha asegurado que después tendría que matarte. Y la creemos.

4 comentarios

  1. José Luis Muñoz

    La delgada línea entre el erotismo y la pornografia que el talento innato de Brenda Lenox sortea. La escritura va al fondo del sexo, a sus entrañas, al universo del Marqués de Sade o de Sacher-Masoch. Eros/Tanatos. Semen /sangre. La concisión de una prosa que golpea y humedece al lector. Mucho talento literario, Brenda.

  2. Este relato no tiene nada que ver con el erotismo. Es impúdico, claro que sí. Pero contiene tal inmundicia literaria que da pavor leerlo. El erotismo no es el mete saca. Una buena historia tiene que tener personajes creíbles, además de un desarrollo claro con introducción, trama y desenlace. Los tópicos que aquí he leído no dicen nada, más de lo mismo. Hay que aprender de la buena literatura erótica y no escribir erotismo-basura.

  3. Hola “Yo”:

    Por tu comentario, da la impresión de que sabes redactar. Eso está bien. Sin embargo, lo que has dejado muy claro es que quieres abominar del relato, no criticarlo. Dices que es “impúdico” y, la verdad, no sé a qué te refieres con eso. ¿Debería ser recatado? Si así fuera, tendrías que explicar qué es ser recatado. Y eso te va a costar porque, de hecho, tú has dejado constancia de no serlo. Sobre todo, en su acepción de “honesto”. Dices que contiene “inmundicia literaria” y, una vez más, sigo sin entender a qué “suciedad” te refieres. Además, el relato destila técnica narrativa y un ritmo apabullante. Por resumir, puede que te consideres un/a gran escritor/a o que creas que tienes el potencial para hacerlo mejor que el resto (como muchas otras personas, en esto no serías la única), pero está claro que eres ególatra con altas dosis de frustración. Mi diagnóstico: careces de capacidad crítica y, por ende, tu lectura está constreñida a lo que crees que aprendiste en el colegio.

    Por cierto, no tengo ningún interés en el BDSM, pero este relato me ha parecido exquisito.

  4. Brenda B. Lennox

    Buenas tardes.

    José Luis Muñoz Vera, es un honor que un escritor de tu talla opine eso de mi relato y un orgullo contar con tu amistad. Te respeto, te admiro y te aprecio. Gracias por todo.

    Juan, muchas gracias por considerar que es exquisito. No lo escribí como relato BDSM, es lo que considera el editor de LELO y lo respeto, pero para mí no lo es. No sabría clasificarlo… Gracias también por tu defensa, es impecable; eres escritor, ¿verdad?

    Yo, ¿no te da vergüenza traer tu veneno aquí?¿No tuviste bastante con la discusión en Facebook? Es obvio que eres quien eres por mucho que te escondas tras un seudónimo tan grande como el ego que finges tener; y lo es por dos motivos:
    1ºAunque eliminaste el hilo, lo capturé, es una medida que tomo siempre por si en algún momento es necesario adoptar medidas legales.
    2ºEste comentario está posteado a la misma hora, con algunos de los mismos adjetivos que utilizaste y, por supuesto, con la misma rabia personal hacia mí.
    ¿Y cuál es la raíz de esa rabia? Me pediste opinión sobre tu primer libro de relatos y te la di con honestidad, por respeto a ti y a tu obra. Mataste al mensajero, no soportaste que señalara las faltas de ortografía, gramaticales y otros puntos que omitiré y me atacaste con una saña que todavía me intimida. Se te pasó un mes después, pediste disculpas por tu ira y me pediste que siguiera opinando sobre otros textos nuevos. Corrí en la dirección contraria como alma que lleva el diablo. Lógico.
    Un año y medio después, aproximadamente, la vida vuelve a reunirnos. Compro tu segundo libro de relatos por educación y retomo con tiento la amistad en Facebook. Vuelves a pedirme opinión por privado, te digo que no me atrevo dada la experiencia anterior, insistes, respiro hondo, te digo que has mejorado pero que sigues cometiendo fallos gramaticales graves… y se desata la ira. Comentarios emponzoñados, insultos y descalificaciones en público.
    Tengamos un poco de clase. Estas maniobras absurdas solo te dejan mal a ti porque, aunque no lo creas, tus comentarios rezuman tanto odio que cualquiera puede ver que es algo personal y no la opinión de un lector al que no le he gustado mi relato, algo que, por supuesto, respetaría si fuese el caso.
    Por favor, no me acoses más o tendré que ponerme seria.

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