¿Mi pareja tiene una bola de cristal?

Algunas personas piensan que el amor es tan mágico que nos provee un don adivinatorio, como si de brujería se tratara, para saber lo que nuestra pareja piensa o desea. ¡Nada más alejado de la realidad! Entiéndelo: tu pareja no es bruja o brujo ni tiene una bola de cristal para adivinar lo que pasa por tu mente.

Entonces ¿de dónde viene esa idea?, ¿cómo saber realmente lo que quiere mi pareja?

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Consejos sexuales

¿Hay que ser adivinos dentro de la relación?

Existen muchos mitos que rodean al amor romántico, entre ellos esa falsa idea de que quien te ama sabe muy bien cómo complacerte. El amor siempre se ha visto como un hechizo, un embrujo o encantamiento que todo lo puede, que incluso otorga el poder de adivinar los deseos del otro.

Hay una frase popular que dice: «Si tengo que pedirlo, ya no lo quiero». Como si las cosas tuvieran menos valor cuando hay que pedirlas y se esperase que salieran del otro sin más.

Sin embargo, las relaciones no funcionan así, ni las personales (amigos, familia, etc.) ni las de pareja. En realidad, todos llevamos disfraces y máscaras que, a menudo, nos hacen ser difíciles de descifrar, pero nadie tiene por qué leer nuestro pensamiento a través de sortilegios.

Por tanto, la respuesta a esta pregunta es clara. ¿Cómo saber lo que quiere mi pareja?: ¡pregúntale!, simple y llanamente. Por supuesto, esta opción exige un sacrifico, comunicarse, dialogar… algo que parece estar en decadencia en los tiempos que corren.

¿Y el sexo?

Algunas personas esperan que, porque llevan un tiempo con otra, esta debe saber exactamente lo que desea a nivel sexual. Es posible que con la experiencia aprendamos a interpretar ciertas señales que puedan indicarnos que la otra persona tiene ganas de sexo, le apetece sexo oral o que la acaricien de una determinada manera. Pero no siempre funciona así, lo ideal es poder decir las cosas claras sin tener que andar adivinando.

Principalmente cuando iniciamos una relación, no podemos esperar que la otra persona adivine lo que nos gusta en la cama: si nos vuelve locos que nos muerdan aquí o allá, si tenemos algún fetiche especial, si nos aterroriza el sexo anal… Para todo ello es necesario el diálogo y ser precisos en lo que nos gusta y lo que no. Aun así, que no nos apetezca un día una cosa no significa que no nos vaya a apetecer otro, por lo que volvemos a lo mismo: comunicación y no esperar que la otra persona use una varita mágica para averiguar nuestros deseos.

¿Debemos ser 100% sinceros siempre?

Hablar sobre la importancia de preguntar las cosas, nos lleva al dilema de la sinceridad en las respuestas. Todos la queremos, pero ¿hasta qué punto?

Decir lo que pasa por nuestra mente no implica que debamos tener un exceso de sinceridad y acaben por darnos calabazas. Si nuestra pareja se levanta por las mañanas con cara de zombi, no hace falta decírselo y hacer que se sienta mal, evidentemente. Debe haber un equilibrio entre la sinceridad y el «sincericidio».

En relación con ser sinceros, hay un punto especialmente terrorífico: las relaciones pasadas. Este tema plantea muchas dudas, sobre todo, cuando iniciamos una relación. Queremos sincerarnos, pero al mismo tiempo tenemos miedo de decir cosas que puedan hacer daño o ser tomadas a mal por la otra persona. Si encima se trata de relaciones sexuales, aún se puede empeorar más la cosa.

Las cenizas de viejos fuegos y pasiones no deberían afectar a una nueva pareja. A veces, antiguas relaciones pueden ser como espíritus malignos que salen a relucir en los momentos menos oportunos («que si tu ex la tenía más grande», «que si besaba mejor»…).

Los ritos erótico-festivos de cada pareja son únicos y no se pueden hacer comparaciones. Este tipo de cosas deben dejarse en el pasado, si no queremos encender hogueras de discusiones.

¿Cómo evitar hablar de relaciones pasadas con tu pareja?

No existen pócimas mágicas, cada relación es diferente y cada persona también lo es, por lo que no se puede usar lo mismo para todo el mundo. A continuación, tenéis algunos trucos:

  • Un escobazo a tiempo, y cortar de raíz conversaciones maléficamente encaminadas, evita dar rienda suelta a demonios y fantasmas del pasado.
  • ¿Truco o trato? ¿Mentir o pactar? Para evitar que relaciones anteriores nos enturbien el presente lo mejor es no hacer preguntas de este tipo, llegar a un acuerdo sobre ello es lo ideal.
  • Si no hay pacto, a veces es mejor una mentira dulce que el eco de relaciones pasadas sirviendo a modo de odiosas comparaciones que puedan envenenar el presente.
  • Y, por último, pero no menos importante, si tu pareja tiene la perversa obsesión de preguntarte constantemente por otras relaciones y hacer comparaciones malignas, es posible que se trate de una relación tóxica y lo mejor es salir de su embrujo cuanto antes.

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