Jodi Foster y Alexandra Hedison: Mujer contra mujer – Historias de amor

Se suele pensar en el matrimonio como una demostración pública de amor por otra persona. Pero a veces puede ser una demostración de amor, incluso por una misma. La muestra fue la boda de Jodi Foster con la también actriz Alexandra Hedison en 2014. Hedison ya había mantenido una relación con la presentadora Ellen DeGeneres durante años y Foster había convivido más de 20 años con la productora de cine Cydney Bernard, con la que, de hecho, había criado a sus dos hijos. Pero ninguna de las dos había pasado antes por el altar.

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Amor entre mujeres: tabú, sexo y fetiche

El primer motivo, claro está, es que cuando Foster inició su relación con Bernard el matrimonio homosexual era ilegal en casi todos los estados de Estados Unidos. De hecho, fue solo un año antes de la boda cuando la archiconocida Jodi Foster revelaba su homosexualidad, precisamente en la noche de los Globos de Oro. Hay quien dice que ese momento fue un antes y un después para su carrera. Pero lo que queda claro es que fue un antes y un después para sí misma.

Esa noche Jodi Foster se reveló tal cual era, dejando de interpretar el papel de su vida. Esa noche también se liberó para poder prometer amor a la mujer que quería un año después, pero, sobre todo, para por fin prometérselo a sí misma.

Mujer contra mujer: el tabú de la homosexualidad femenina

La homosexualidad femenina sigue siendo un tabú. Si ya en la Antigua Grecia los hombres que se relacionaban con otros hombres, en el entorno aristocrático o en el militar, eran aceptados, las mujeres que se amaban entre sí eran denostadas. Y parece que la cosa no ha cambiado tanto. Porque, dentro del colectivo gay, el amor entre hombres sigue destacando sobre el amor que hay mujer contra mujer.

Al fin y al cabo, tiene su lógica machista. El hombre, históricamente, se ha considerado superior a la mujer, por lo que, obviamente, el amor entre hombres tenía una connotación más positiva que el amor entre mujeres.

De hecho, es y ha sido así no solo desde el punto de vista social, sino también desde el sexual. Porque quien sigue traduciendo el encuentro sexual por penetración no lo entiende, si no hay un hombre que penetre (quizá también porque no sepan que los dildos se pueden encajar en un arnés y practicar pegging).

Pero nada más lejos de la realidad.

Dos cuerpos curvilíneos, labios gruesos, aroma dulce. Gestos lentos y delicados. Besos largos, palabras susurradas, caricias que se alargan, partes húmedas que se encuentran y se abrazan. Si el sexo es el deleite de los sentidos, el sexo entre mujeres es una oda a las sensaciones.

Mujer contra mujer: Orgasmo femenino

De hecho, hay estudios que aseguran que las mujeres homosexuales tienen más orgasmos, por lo general, que las heterosexuales. Tiene su explicación. El órgano encargado del placer femenino es el clítoris, no la vagina. Si bien en las relaciones heteropatriarcarles impera el modelo tradicional, es decir, el coito como centro de la relación sexual, en las relaciones mujer a mujer existe una liberación de ese imperativo, y se es más libre de innovar y disfrutar del placer que ofrece todo el cuerpo y la combinación de otro igual con ese.

Juguetes eróticos para compartir, sesiones de masaje, vulvas que se besan, clítoris que se rozan, ¿por qué cuesta tanto entender el placer que es obvio que hay en todo ello?

El sexo entre mujeres es realmente un ejemplo de cómo se rompen los moldes de la sexualidad tradicional, para buscar nuevas fronteras; el cuerpo (y con él la mente) puede gozar aún más. De forma que, lejos de ser una práctica “inferior”, las relaciones homosexuales femeninas son todo un ejemplo a seguir, también para mejorar la satisfacción en las relaciones heterosexuales.

Mujer contra mujer: el fetiche masculino

El único lugar donde el sexo mujer contra mujer ha tenido un lugar destacado, curiosamente, es dentro del cine porno (del porno para hombres). Porque todo cambia si les quitamos el protagonismo a las mujeres y se lo otorgamos al voyeur masculino, ese poderoso ojo indiscreto.

Porque sí, el sexo entre mujeres era un tabú, pero a la vez era un fetiche. Al fin y al cabo, la sensualidad del encuentro femenino ha sido algo que ha llamado siempre la atención de ambos sexos.

Sin embargo, bajo esa etiqueta, se olvida que, entre dos mujeres no solo hay sexo, sino que hay compañerismo, cariño, apoyo, comprensión de igual a igual. Que no hay dominación, o al menos no exactamente la misma. Que simplemente hay un vínculo entre dos personas, como lo puede haber entre cualesquiera otras.

Por eso, el paso de Jodi Foster al decir el “sí, quiero” a Alezandra Hedson fue un paso no solo para ella, sino para muchas mujeres. Porque dejó de ser un objeto fetiche como actriz, y se convirtió en un símbolo de libertad  y amor como mujer.

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