La sexualidad cuando se padece lesión medular

La vida sexual de una persona puede verse afectada por numerosos motivos, entre ellos, las alteraciones del organismo relacionadas con enfermedades, traumatismos, trastornos, discapacidad, etc. De hecho, no es difícil imaginar que del mismo modo que suele decirse que «el sexo es salud», todo lo que interfiere en nuestra salud y bienestar también lo hace con nuestra sexualidad.

Vivir con enfermedades crónicas o algún tipo de discapacidad nos obliga a adaptarnos en muchos sentidos y la sexualidad no es menos. A veces, el dolor, la falta de sensibilidad corporal o las dificultades con las que nos encontramos, nos llevan a inhibir nuestro erotismo. Otras, buscamos la manera de darle salida, de ahí que las formas de sentirnos seres sexuados sean tan diversas e infinitas. Las personas con lesión medular son un ejemplo de esto y yo lo descubrí con Álex.

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¿Qué es una lesión medular?

Según la Organización Mundial de la Salud, entre 250 000 y 500 000 personas sufren cada año en todo el mundo lesiones medulares. El término «lesión medular» hace referencia a los daños sufridos en la médula espinal a consecuencia de un traumatismo o de una enfermedad o degeneración.

Para entenderlo un poco mejor, hay que saber que la médula espinal es una estructura tubular que se extiende desde la base del cráneo hasta casi el final de la espalda. Se encuentra dentro de las vértebras que forman la columna vertebral y contiene fibras nerviosas que transportan los mensajes entre el cerebro y nuestro cuerpo, coordinando los movimientos y sensaciones de este.

Cuando se produce una lesión medular, la conexión nerviosa entre la medula espinal y el cerebro se ve alterada, es decir, se interrumpe el envío de señales del organismo a través de nuestro sistema nervioso central, lo que puede producir parálisis y ausencia de sensibilidad por debajo de la zona de la médula afectada.

¿Afecta la lesión medular a la sexualidad?

Además de la pérdida de movimiento, las lesiones en la médula espinal pueden provocar otros síntomas como pérdida o alteración de sensibilidad, pérdida del control de esfínteres y cambios en la función sexual (pérdida de sensibilidad sexual y de la fertilidad).

En los varones, la lesión medular puede afectar a sus erecciones y fertilidad, en este último caso por falta de eyaculación o disminución de la calidad del semen.

En las mujeres, pueden verse afectados los cuerpos cavernosos del clítoris y las glándulas que producen lubricación vaginal.

Esto nos dice la teoría desde una visión puramente reduccionista, centrada en lo físico. Pero la realidad es que la satisfacción sexual de las personas con lesión medular va a depender de diversos aspectos, no sólo biológicos (como el nivel y severidad de la lesión), sino también psicológicos (el autoconcepto, la adaptación a las limitaciones, la relación con el propio cuerpo) y sociales (si se tiene o no pareja, ayuda del entorno, etc.).

La historia de Álex

Álex tiene 35 años y lleva desde los 12 con lesión medular debido a un accidente. Su lesión no es de las peores, ya que le afecta «solo» desde la zona baja del pecho y, gracias a muchas adaptaciones, puede llevar una vida bastante independiente. Sin embargo, apenas tiene sensibilidad de cintura para abajo y no controla los esfínteres, por lo que necesita llevar pañales a diario. Esto último le condiciona mucho a la hora de buscar una relación de pareja.

Se confiesa heterosexual, pero no debemos olvidar que las personas con lesión medular, con parálisis o en silla de ruedas, también pueden tener orientaciones sexuales diversas.

Álex me cuenta que tuvo una relación con una chica, que también usaba silla de ruedas, pero en aquel momento no se sentía suficientemente bien con su cuerpo como para disfrutar de la sexualidad. «Ninguno de los dos estábamos tranquilos ni cómodos con nuestro cuerpo y eso nos impidió experimentar seguramente todo lo que debíamos… Creo que ahora ya no me pasaría».

Actualmente no tiene pareja y cree que ese podría ser el único modo de que su sexualidad evolucionara. Sin embargo, cuando piensa en una posible pareja se plantea la necesidad de un dildo o pene ortopédico, aunque admite que la sexualidad no es solo penetración.

No me sorprende al afirmar que el sexo siempre ha sido un tabú a su alrededor: «Se cumple bastante eso de que piensan que somos ángeles». En efecto, el mito de que las personas con discapacidad son asexuales, aunque empieza a enfrentarse, aún se mantiene a nivel popular.

Álex también me confiesa que ha intentado tocarse, masturbarse, pero siente muy poco y no ha conseguido eyaculación ni orgasmo. Del mismo modo, ha probado a tener erecciones con pastillas e inyecciones, pero no ha funcionado.

Piensa que no ha logrado descubrir su sexualidad o sentirse pleno en este sentido, pero desea conocerse mejor y confía en poder conseguirlo un día.

Otras formas de erotismo

Para Álex, el sexo no es algo genital, sino mental. Es consciente de que, aunque no sienta nada en su pene, es capaz de disfrutar si ve que le tocan: «La cabeza siempre siente».

Además, admite que tiene mucha sensibilidad en otras partes de su cuerpo como el cuello, la espalda, las orejas, el pecho o la boca: «Besar para mí es como hacer el amor».

Ha descubierto recientemente la danza en silla de ruedas. De alguna manera, aunque esté en su silla se olvida de que no puede andar. Tal vez, a priori, la danza parezca no tener nada que ver con el sexo, pero ha sido una manera de reconectarse con su erotismo.

Dice que se siente muy bien bailando, que siente su cuerpo de otra manera, sobre todo cuando lo hace con una chica que baila de pie con él. Sin embargo, encontrar pareja de baile no es fácil. Las candidaturas están abiertas… ¿quién se anima?