En mayo de este 2026 la espectacular, la apabullante, icónica y rotundamente maravillosa película Moulin Rouge cumple la friolera de veinticinco años.
¿Pero cuál es el origen de la historia? ¿Cuál es ese eco erótico que palpita cálido y feroz? ¿Cuál es su sensual y, a la par, descorazonador legado?
El cabaret Moulin Rouge se inauguró en el barrio de Montmartre, en París, en 1889, coincidiendo con la Exposición Universal. En él, Henri de Toulouse-Lautrec halló la inspiración mientras la Fée Verte danzaba en los vidriosos y fríos estómagos de las copas, endulzada con terrones de azúcar.

Lautrec inmortalizó a las bailarinas y el ambiente cabaretero, embriagando a su vez a Pierre La Mure, quien en 1950 publicó la novela biográfica Moulin Rouge, basada a propósito en la personalidad y la carrera del singular pintor francés. De ahí, y ya en 1952, John Huston dirigió una película homónima que ganó dos premios Oscar (Mejor dirección de Arte y Mejor Diseño de Vestuario), conduciéndonos finalmente a Baz Luhrmann.

La cinta de 2001 se convirtió en todo un clásico moderno, repleto de fantasía, lentejuelas y plumas, que lanzó al estrellato a Luhrmann (aunque ya se había coronado con Romeo + Julieta de 1996) e hizo de Nicole Kidman un diamante que orbitaba Saturno a ritmo de can-can. La película, estrenada en Cannes el 9 de mayo de 2001, rompió el molde: un espectáculo sonoro y visual sin límites, fastuosamente desmedido a la par que romántico, erótico, divertido y no por ello menos abatidor.
Y en ese torbellino de excesos, la Fée Verte aparece encarnada por una chispeante Kylie Minogue, un guiño pop que subraya la estética camp de la cinta y su delirio festivo, muy celebrada por la comunidad LGBTQ+. Convenientemente, ese bramido diabólico que atraviesa la escena como un abrupto batir de alas de murciélago proviene de la garganta del mismísimo Príncipe de las Tinieblas, Ozzy Osbourne.
Es cierto que la cinta se cimenta en clásicos de Broadway y Hollywood, y también se percibe la gran influencia de Bollywood y de elementos operísticos como las desesperadas notas de La bohème, de Puccini (representada por última vez en el Gran Teatre del Liceu en 2021), y otras óperas trágicas. Y, por si fuera poco, no presenta a un galán exudando una masculinidad dura y afilada, aguijoneándonos el pubis… En absoluto es el típico machito, rudo y musculoso: Ewan McGregor (en origen, dicen que el papel era para Heath Ledger, pero lo descartaron por considerarlo demasiado joven) encarna a Christian, un poeta inglés algo tímido, un chico extraño que se enamora de Satine, la diva del Moulin Rouge, ese reino de placeres nocturnos que la ensalza como cabaretera y cortesana. No obstante, ella desea con fervor convertirse en una auténtica actriz. Christian y Satine inician una aventura pasional y peligrosa, pues El Duque también está enamorado de la flamante taheña.
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Satine, oh, Satine —disculpadme, es imposible no suspirar. Nicole Kidman le dio vida y muerte ataviada con unos trajes —y luciendo una gozada de pelucas y esa boca jugosa y roja— que redondearon al personaje. Broadway Collection y Vogue afirman que está inspirado en la bailarina francesa de can-can Jane Avril. Kidman casi logra que podamos oler su perfume a través de la pantalla, quizás, con determinadas notas alcohólicas, ahumadas por los cigarrillos, y trazas de transpiración y buen sexo.
Catherine Martin, esposa de Baz, y el diseñador de vestuario Angus Strathie se encargaron del guardarropa, insuflados por el estilo de divas del cine como Rita Hayworth y Marilyn Monroe.
«Los diamantes son los mejores amigos de una chica», canta Satine, subida a un columpio que bien podría servirle de pedestal, tan gloriosamente iluminada como está. Sea así o no —cosa harto discutible—, la conexión entre las joyas y el sexo en esta cinta va mucho más allá de un simple y mero adorno. Hablemos, entonces, del fastuoso collar creado por Stefano Canturi y valorado en 2,5 millones de dólares (joya que ostentó el récord de ser la más cara para una película en su momento).
Aquella pieza, inspirada en el estilo Luis XVI, y realizada a mano en oro blanco de 18 quilates, con 1308 diamantes, tenía en su centro uno de talla esmeralda de 5 quilates y, como cierre, un zafiro azul de Sri Lanka de 2,5 quilates. El collar pasó por un meticuloso proceso que ocupó semanas de trabajo y meses de ajustes regulares con tal de garantizar que quedara perfecto en el escote de Kidman. Este, que debía de pesar como una condena, irradia simbolismo emocional y psicología del poder.
De acuerdo, tenéis razón: Moulin Rouge no tiene escenas de sexo propiamente dichas —¿es que acaso las necesita?—. Mas destila erotismo, tanto como para provocar ese ligero vahído, ese característico calorcillo y la sensación de una suave dentellada en la cara interna de los muslos. Culpables son, en especial, los números musicales: la crudeza y tensión de la pieza de Roxanne es, tal vez, una de las más destacadas. Nada desdeñable es tampoco el videoclip de Lady Marmalade, interpretado por Christina Aguilera, Lil’ Kim, Mya y P!nk, bajo la producción de Missy Elliott y Rockwilder.
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Por cierto, Nicole se cayó durante un ensayo y sufrió una fractura en dos costillas y una lesión de rodilla; ergo, hubo que detener el rodaje hasta que la actriz pudo apañárselas, requiriendo que se emplearan planos medios y cortos, puesto que iba en silla de ruedas.
«Lo más grande que te puede suceder es que ames y seas correspondido», y esta que escribe no llevará la contraria, empatizando, quizás, con el trasfondo de la desgarradora escena de la muerte de Satine. El director dijo que fue la más difícil de rodar: no estaba pasando por un buen momento personal, su padre había enfermado y había fallecido, y Nicole se hallaba en plena ruptura que derivó en su divorcio de Tom Cruise. Y ahí Ewan se hizo con la secuencia, tornando tan creíble su llanto y tan verídica la premisa de «cuenta nuestra historia» que, a fe mía, aquellos mismos pétalos parecen caer sobre la cabeza de nosotros, los espectadores.
El show debe continuar, por eso, Moulin Rouge fue, sigue y proseguirá siendo una referencia en el cine, ganadora de dos estatuillas de un total de ocho nominaciones (Mejor Diseño de Producción y Mejor Diseño de Vestuario), y otra suerte de premios. Su estreno reavivó el gusto por los musicales, y su influencia es más que palpable en producciones como, a bote pronto, Chicago (2002), La La Land (2016), El gran showman (2017) o en la quimérica y sangrante escena de Rocky Road to Dublin en la recién galardonada Los pecadores (2025).
Además del tremendo éxito de la versión musical en Broadway, estrenada en 2019, que hoy sigue arrasando, en los Tony 2020-2021 obtuvo diez premios de catorce nominaciones, incluyendo Mejor Musical, Mejor Actor (Aaron Tveit) y Mejor Dirección (Alex Timbers). De hecho, hace poco se anunció un World Tour.
Si bien para algunos Moulin Rouge es una película sobreazucarada, pomposa, un mero pastiche, una absoluta pantomima, para otros es una oda: una oda que nos hace lanzar los sombreros al cielo nocturno y corear a pleno pulmón: «¡Por la libertad, la belleza, la verdad y el amor!».
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P.D.: Algunos de los datos son susceptibles de variar dependiendo de las fuentes. Aquí se han contrastado y recopilado los más fidedignos.
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