Placer y dolor (1): La cruz – Extracto de Latidos de lujuria

La novela que lleva tres semanas en los primeros puestos de erótica en Amazon –y que ha logrado desbancar a la autora de Cincuenta sombras de Grey y a Megan Maxwell–, Latidos de lujuria, es de nuestra doctora y escritora Mimmi Kass. Y hoy publicamos el primero de los dos extractos que nos ha regalado. Disfruta.

Prefacio: Titania y Oberón son una pareja de sumisa y Dominante que guían y protegen a los protagonistas de la historia, Inés y Erik, en el descubrimiento del BDSM. Erik deja de ser el Dr. Thoresen y se convierte en Vikingo. Inés ya no es la Dra. Morán y pasa a ser India. Siempre es bueno contar con alguien con más experiencia, sobre todo si te inicias en el delicioso camino del placer y el dolor.

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Novelas eróticas
Nota sobre derechos de autor y publicación: el extracto que publicamos de esta novela erótica ha sido escogido y autorizado en exclusiva para su publicación online por la autora para Volonté, el blog de LELO.

Placer y dolor (1): La cruz

—¿Dónde me llevas? —preguntó Inés por enésima vez.

—Ya lo verás.

—Hoy es sábado, no hay fiesta en casa de Álex y Philip —Se acercaban a su dirección y se enderezó, expectante, en el asiento del copiloto.

—Chica lista. Vamos a su casa, sí. Pero no a una fiesta.

Dibujó una sonrisa tenue y fijó la mirada en la carretera. Inés quiso asesinarlo. Llevaba más de media hora intentando sonsacarle.

Aparcaron por fin e Inés entornó los ojos al ver que sacaba del maletero una bolsa de tela negra que nunca había visto antes.

—¿Qué llevas ahí?

Erik llamó al timbre, se volvió hacia ella y sonrió.

—Entre otras cosas, una mordaza. Que no voy a dudar en utilizar, India. Hoy sí me llamarás Amo —Inés percibió el aura de autoridad que revestía su tono de voz—. Vamos a jugar. Pero de verdad.

Asintió, sobrecogida por la reacción brutal de su cuerpo. Su sexo se contrajo y sus pezones se erizaron ante la sensual amenaza. La puerta se abrió y su sorpresa fue aún mayor al ver que quien abría era Titania.

—Hola, India. Ven conmigo, te ayudaré a prepararte —dijo con su voz dulce y suave. Inés lanzó una mirada rápida a Erik que se alejaba hacia el otro extremo de la casa—. El Vikingo te esperará en la mazmorra con Oberón. Ha preparado algo muy especial.

Se sumió en un estado de alerta expectante mientras se desnudaba con ayuda de Titania. Su corazón latía rápido, su respiración se hizo más profunda, cada centímetro de su piel se erizó. En vez de ropa, la vistió con un kimono corto de seda negra que dejó abierto por delante y luego señaló unas correas sobre la cama. Eran nuevas, de cuero negro y lustroso con un ribete de color morado y un acero que brillaba. Inés tragó saliva.

—¿Qué ha preparado exactamente?

Titania se echó a reír y comenzó a ceñir sus muñecas y tobillos con las cinchas.

—Quiere entregarte tu collar de consideración —dijo, y levantó la pieza para su cuello a juego con las que ya llevaba puestas—. Y quiere darte una prueba de lo placentero que puede llegar a ser un poquito de dolor.

Inés estiró las manos para coger el collar, pero Titania negó con la cabeza.

—Él te lo pondrá. Vamos.

—¿Con una ceremonia? —preguntó Inés. El aspecto atávico del BDSM la tenía fascinada.

—No exactamente. Oberón quería hacerlo a la vieja usanza, es muy tradicional, pero Erik ha optado por un abordaje un poco más práctico —dijo la sumisa entre risas—. Aunque estoy segura de que mi amo tendrá algo que decir.

Inés atravesó la casa, descalza, hacia la pequeña mazmorra. Erik y Oberón hablaban en voz baja, tan solo iluminados por unas velas sencillas. Su piel se erizó al escuchar Teardrop, de Massive Attack. Estaba tan nerviosa que ni los saludó, solo tensó una sonrisa en sus labios cuando Erik cogió el collar entre sus manos.

—De rodillas, India —ordenó con dulzura.

No vaciló en obedecer. Titania le indicó entre susurros que se sentara sobre los talones y que apoyase las manos, con las palmas hacia arriba, sobre los muslos.

Adoptó la posición, pero no bajó la mirada. No podía apartarla de los ojos azules de Erik, que brillaban con devoción.

Oberón tomó la palabra.

—India, un collar de consideración es el inicio de un camino. Materializa la intención de profundizar en una relación de Dominación y sumisión —Erik sonrió y alzó su rostro con los dedos. Después se inclinó para ceñirle el collar—. Todos los inicios son frágiles; es trabajo de ustedes fortalecer el vínculo dando a conocer sus deseos, comunicar las necesidades y pactar los límites. Titania y yo estaremos junto a ustedes para resolver cualquier duda.

—Levántate, India —dijo Erik, y tendió una mano para ayudarla.

—El camino del BDSM es un camino de placer, y las maneras en que se presenta infinitas —El tono de Oberón cambió y Erik dejó caer de sus labios una sonrisa depredadora—. Hoy tu Amo quiere mostrarte cuán placentero puede llegar a ser.

Inés se dejó conducir hasta la cruz y tragó saliva cuando Erik abrió el kimono y acarició su piel.

—Voy a desnudarte. ¿Te importa que se queden? —preguntó señalando a la pareja.

Negó con la cabeza. No era capaz de articular ningún sonido por la tensión. Cerró los ojos durante un segundo cuando deslizó la seda por sus hombros. Solo la vestían las cinchas de cuero y acero.

—Ahora te ataré a la cruz. Después te daré a probar distintas sensaciones —Se detuvo un par de segundos, cuando Inés opuso una resistencia involuntaria, hasta que se dejó hacer. Sonrió, deslizando el dorso de los dedos desde el collar hasta el encuentro de sus muslos en una caricia delicada—. Elige una palabra de seguridad.

—Glaciar —articuló Inés con dificultad. Sentía los labios hinchados, los pezones sensibles y el sexo anudado en tensión.

—Si necesitas que me detenga, si algo no te gusta, si estás cansada o simplemente no te convence, quiero que la digas. Repítela.

—Glaciar.

Se moría por morder su boca, hundir las manos en su melena rubia, abrir las piernas y que se enterrase en ella, pero no se movió. Prolongar la agonía era otra manera refinada de obtener placer y paladeó la sensación.

Se dejó atar, con los brazos y piernas casi estirados, y clavó los ojos en él. Estaba expuesta, vulnerable, a su merced. Y sin embargo, una intensa sensación de seguridad la envolvió.

Erik deslizó el borde de la mano entre los labios de su sexo y lo llevó a la boca después.

—Deliciosa liten jente.

Inés reprimió un gemido. Sí. Era su niñita. Notaba su coño palpitar después de la caricia.

—Tus pezones están perfectos para lo que voy a hacer —Los lamió y succionó hasta dejar dos botones duros y violáceos. Ella cerró los ojos y jadeó—. Mira.

Tenía en la mano dos pequeñas pinzas unidas por una finísima cadenilla plateada. Inés asintió y él atrapó un pezón con una de ellas.

Un destello de dolor agudo atravesó su pecho, después el otro, y emitió un quejido, pero la corriente de placer que mantenía unidos todos los puntos de su cuerpo se aceleró, disparando la excitación. Las mantuvo ahí mientras cogía de la mano de Oberón un largo plumero.

Ya puedes leer el siguiente extracto de esta novela erótica aquí: Placer y dolor (2): El bálsamo del Tigre Rojo – Extracto de Latidos de lujuria

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Sobre Mimmi Kass

Cazadora de sensaciones y escritora para mentes sapiosexuales. Mujer de múltiples facetas: médico, madre de dos niños, casada, viajera incansable y eterna estudiosa. Amante de las emociones fuertes. Romántica, pero, sobre todo, erótica. Explícita y elegante. Descriptiva y a la vez críptica. Mi lema: “Es mejor vivirlo a que te lo cuenten”.

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