Por qué nos ponemos cachondos en verano

Verano. La estación del año en la que  estamos todos «más salidos que un pico esquina», como suele decirse en Murcia. Curiosa como soy, me puse a investigar la causa de tanta libido desatada y la ciencia me ha respondido: es el sol. Pero no porque el calorcito nos haga ir ligeros de ropa y los rayos solares calienten nuestras partes pudendas cuando nos tumbamos desparratados en la playa, sino porque favorece la producción de vitamina D.

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Bienestar sexual

La química del deseo

Las hormonas sexuales son agentes químicos secretados por las glándulas suprarrenales (situadas en los riñones) y las gónadas (testículos y ovarios). La corriente sanguínea las transporta al cerebro en donde son recibidas por receptores específicos que influyen en el impulso sexual. La testosterona es la hormona sexual del hombre por excelencia y cumple, entre otras funciones, el aumento de la libido, la generación de los pensamientos sexuales y la erección.

Aunque sea una hormona andrógena, la testosterona también afecta al deseo sexual femenino, si bien las hormonas sexuales femeninas más relevantes son los estrógenos y la progesterona, que no solo preparan el aparato reproductor femenino para la recepción del esperma y la implantación del óvulo fecundado, sino también afectan al estado anímico, al deseo y a la respuesta sexual.

A su vez las neuronas se comunican mediante sustancias químicas llamadas neurotransmisores, que también juegan un papel determinante en el deseo sexual, en especial, las endorfinas, la serotonina, la dopamina y la oxitocina, que reciben el sobrenombre de «El cuarteto de la felicidad». Por ejemplo, las endorfinas incrementan la libido, potencian las relaciones sexuales y facilitan la creación de vínculos románticos entre los amantes; la serotonina aumenta el deseo sexual y el estado anímico positivo; y la dopamina produce euforia y ganas de emprender retos. Lo interesante es que estas biomoléculas están íntimamente relacionadas con hormonas como la testosterona o los estrógenos y su nivel en el organismo también varía por factores como el ciclo menstrual o el sol.

Libido masculina, vitamina D y sol

Investigadores de la Universidad Médica de Graz (Austria), llevaron a cabo el estudio Association of vitamin D status with serum androgen levels in men para determinar si la luz solar y la Vitamina D influyen en la fertilidad masculina. Según los científicos, «estudios en roedores indican un papel de la vitamina D en la reproducción masculina, pero la relación entre la vitamina D y los niveles de andrógenos en los hombres está en gran parte inexplorada». Por ello, los objetivos del estudio fueron analizar la relación entre los niveles de este nutriente y la testosterona, y examinar si los niveles de andrógenos mostraban variaciones según la estación  del año, ya que aunque la vitamina D puede encontrarse en muchos alimentos, su fuente principal es la luz solar.

Tras comprobar los resultados, los investigadores observaron que los participantes con niveles más altos de vitamina D generaban mayores niveles de testosterona en la sangre y espermatozoides con mayor calidad y movilidad. Asimismo, constataron que los niveles de testosterona y vitamina D alcanzaron su pico más alto en agosto y el más bajo en invierno.

Aunque los resultados de la investigación, publicada en la revista Clinical Endocrinology (2010), reflejan que la luz solar y la vitamina D influyen en la fertilidad y libido masculina, sus autores advierten que no son concluyentes y que son necesarias más investigaciones al respecto.

Libido femenina y vitamina D

Con el objetivo de determinar  si los niveles de vitamina D también afectan a la libido femenina, investigadores del Hospital de Formación e Investigación de Şişli Etfal (Turquía)  llevaron a cabo el estudio Vitamin D 3 deficiency is associated with female sexual dysfunction in premenopausal women.

En él participaron 50 mujeres premenopáusicas con disfunción sexual femenina (término utilizado para describir problemas sexuales cuyo origen no son ni trastornos de salud ni consumo de medicamentos) y 58 mujeres premenopáusicas que no padecían ninguna disfunción sexual. Las participantes respondieron cuestionarios sobre su vida sexual, se evaluaron aspectos relativos a posibles cuadros depresivos y se tomaron muestras de sangre para medir los niveles de estrógeno, testosterona, hormona estimulante del folículo, prolactina y vitamina D.

Los resultados no revelaron diferencias significativas entre ambos grupos, salvo en dos puntos clave: las mujeres que sufrían disfunciones sexuales tenían niveles más bajos de vitamina D en la sangre y síntomas de depresión más elevados. Profundizando en ellos, los investigadores descubrieron que las mujeres con niveles bajos de vitamina D sufrían problemas de libido, excitación, lubricación, satisfacción sexual y dolor en las relaciones sexuales, así como un vínculo entre estos trastornos y los síntomas depresivos.

Según los autores de la investigación, estos datos podrían reflejar que la vitamina D influye en la salud de los órganos sexuales femeninos y en la forma en que el cuerpo utiliza la testosterona, y también que la vitamina D podría ayudar a reducir el riesgo de depresión; aunque consideran que son necesarios más estudios que reafirmen estas hipótesis.

Cuidadito con el sol

Puede que los rayos solares parezcan buenísimos para «mantener el pabellón alto, pero tampoco es cuestión de tomar el sol como lagartijas enloquecidas ni pasar los meses de invierno en cabinas de rayos UV. La radiación solar puede producir afecciones en cualquier estación del año y a cualquier temperatura en los ojos (conjuntivitis, quemaduras oculares, degeneración macular…) y en la piel (hiperpigmentación, queratosis, melanomas). De hecho, en EEUU se diagnostican anualmente más casos de cáncer de piel que de mama, próstata, pulmón y colon combinados, siendo la radiación UV sin protección el factor de riesgo más prevenible.

Los especialistas señalan que unos quince minutos al día de exposición solar suministran la dosis de vitamina D necesaria para el organismo, y que esta también puede obtenerse consumiendo pescados azules y grasos (arenque, atún, caballa, salmón, sardina y trucha), mariscos (especialmente las ostras, seguidas de las almejas, las gambas y los langostinos), hígado de ternera y conejo, yema de huevo, aguacate y setas.

Además de ayudar a mantener la libido, la vitamina D eleva el estado de ánimo y evita la depresión, debido a que está relacionada con la dopamina, un neurotransmisor que no solo interviene en funciones como el movimiento, el aprendizaje, la memoria, el sueño o la atención, sino también proporciona placer y relajación.

Así que ya sabéis, si queréis estar a tope de deseo y ánimo disfrutad del sol con moderación y, si no es posible, poneos tibios a almejas, conejo y huevos. ¡Qué no se diga!