Sexualidad y enfermedades crónicas

Las enfermedades crónicas a menudo causan trastornos en la vida sexual de las personas que las padecen. El dolor, la fatiga o el cansancio son síntomas habituales de este tipo de enfermedades que, mantenidos en el tiempo, interfieren en el bienestar de la persona y, por tanto, en sus relaciones íntimas.

No podemos hablar de salud sin incluir la sexualidad, sin embargo, el tabú que aún existe sobre este tema hace que la mayoría de la gente no hable del aspecto sexual con su médico. Pero es fundamental conocer cómo afectan las enfermedades crónicas y buscar opciones para que, tras el diagnóstico, nuestra vida sexual, más allá de desaparecer o convertirse en un problema, continúe siendo una fuente de bienestar.

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Sexo

¿Qué son las enfermedades crónicas?

Según la Organización Mundial de la Salud, «Las enfermedades no transmisibles, también conocidas como enfermedades crónicas, tienden a ser de larga duración y resultan de la combinación de factores genéticos, fisiológicos, ambientales y conductuales».

Hay un número bastante amplio de enfermedades que se consideran crónicas, como son la diabetes, los distintos tipos de cáncer, la fibromialgia, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, las enfermedades cardiovasculares, respiratorias, mentales, etc.

Existen millones de personas que conviven actualmente con alguna enfermedad crónica y su incidencia va en aumento.

¿Cómo afectan las enfermedades crónicas a la sexualidad?

Una misma enfermedad puede ejercer un efecto totalmente distinto en la sexualidad de diferentes personas dependiendo de varios factores, principalmente físicos y psicológicos.

Los aspectos físicos tienen que ver tanto con el curso de la propia enfermedad (edad de inicio, tiempo, gravedad…) como con el tratamiento o las terapias empleadas (medicamentos, cirugía, quimioterapia, etc.). De hecho, muchos tratamientos tienen efectos secundarios que pueden afectar a la actividad sexual y esto es algo sobre lo que debería informarnos nuestro médico.

Por su parte, los factores psicológicos tienen que ver con aspectos como la historia sexual previa de la persona, sus creencias sobre el sexo y las relaciones, su forma de afrontar las cosas… Así como con la parte emocional que provoca la enfermedad en quien la padece (cómo afecta a su autoestima, a la percepción de su cuerpo, si genera ansiedad, depresión, etc.).

En general, las enfermedades crónicas suelen interferir con dos aspectos de la respuesta sexual: la fase de deseo y la de excitación sexual. Lo más habitual es que, con el tiempo, el enfermo crónico sienta una pérdida del interés sexual. Por ello, hablar del tema sexual con nuestro médico y plantearle todas nuestras inquietudes es fundamental, aunque nos dé vergüenza o nos resulte difícil abordarlo. Siempre podemos elaborar una serie de preguntas antes de acudir a la consulta que nos ayuden a enfrentar este asunto.

Buscando nuevas opciones de placer

La necesidad de contacto físico y de intimidad es una particularidad de los seres humanos, independiente de la salud, que incluso puede ayudar a sobrellevar la enfermedad crónica.

Por ello, es importante buscar la mejor manera de adaptarse a la enfermedad con la ayuda del médico y de la pareja (si la hay) y encontrar opciones que nos hagan sentir bien y nos reporten placer erótico. En este sentido, conversar con la pareja es fundamental para encontrar la manera de sentirse cómodos y no perder la intimidad.

Seguir disfrutando de las relaciones sexuales después de ser diagnosticado/a de una enfermedad crónica requiere el esfuerzo de centrarse en lo que aún podemos hacer, en lugar de ver únicamente lo que ha cambiado. A menudo, buscar opciones como los masajes eróticos o el uso de complementos eróticos puede servir para enriquecer las relaciones.

Volver a conectar con el cuerpo

Una de las mayores dificultades con respecto a la sexualidad y la enfermedad crónica es que se produce una ruptura en la relación que la persona tiene con su cuerpo, ya que deja de ser una fuente de bienestar para convertirse en un motivo de malestar continuo.

Teniendo en cuenta que nuestro cuerpo es el vehículo a través del cual nos llega el placer sexual, es necesario hacer las paces con este y estimularlo a través de nuestros sentidos, para encontrarnos de nuevo con el placer y recuperar nuestro erotismo.

En algunos casos, puede ser necesaria la ayuda de un/a profesional de la sexología que sepa guiarnos en ese proceso de enfermedad y en la búsqueda de una nueva conexión con el cuerpo y el placer.

Sea como sea, no hay que olvidar que la sexualidad es una de las pocas cosas de la vida que nos reportan felicidad, por lo que no deberíamos renunciar a ella por causa de una enfermedad crónica.