Una MILF en apuros: Se organizan orgías

Organizaban orgías rivales. No, no se contentaban con una orgía esporádica, una en invierno y otra en verano, no, esto era ya como la liga de las orgías. «Perdona, ¿Qué haces tú este finde? ¿una orgía? Pues yo organizo cuatro». Mientras, nosotros, españolitos de a pie, nos pasamos la vida con discusiones entre comunidades y echándole tierra al vecino en cuanto podemos, haciendo honor a nuestro carácter cainista, en Bélgica están a otra cosa, hombre. Y mucho más entretenida y placentera.

Ya lo dije en mi último post: los belgas, siempre en mi equipo o en este caso, yo en el suyo. ¿Quién nos lo iba a decir? Si parecían así como unos seres plomizos con poco interés… Yo les tenía por un poco desorganizados porque acordaos que estuvieron unos años sin gobierno (de esto también sabemos aquí, ¿eh?) pero fijaos que no, que organizarse saben, tanto como para montar orgías y competir con otra más grande en el edificio de enfrente.

¿Y cómo será esto de la liga de las orgías? ¿Que si allí son 20 yo subo la apuesta y la nuestra es de 40? ¿Que allí son unos  caguetas y llevan condón? Pues nosotros sin condón y sin mascarilla, hala, a lo loco. ¡Y con políticos! Pues lógico porque ¿para qué están los políticos? Pues para joder, eso es.

Todo esto voy diciendo en voz alta mientras cocino una fabada de bote para mis herederas, a ver, no lo digo todo en alto, algunas cosas sí, pero orgía no, porque la pequeña lo repite en el cole y cuando le preguntan a qué se dedica tu mamá, contesta resoluta que hace orgías. No, no dice que también hago tortillas de patatas y que le leo un cuento todas las noches, ella va a matar, como la madre.

Confieso que nunca estuve en una orgía, siento defraudaros. Muy cerca sí, que una vez estuve en un club swinger donde media hora antes había habido una, nos contaron, y sobre todo recuerdo el comentario de mi amiga Pris, que es la señora Propper de Barcelona: «Madre mía, ten cuidado dónde te sientas que seguro que esto no lo han limpiado». Daba un poco igual, porque estaba un poco oscuro y no se veía nada. Y a mí me daba igual, porque nunca fui especialmente aprensiva y menos desde que viajé a la India.

También, en otra ocasión, tuve el placer de asistir a un espectáculo en un teatro público de Madrid de una artista llamada Pornoterrorista, si no recuerdo mal. De lo mejorcito que he visto: te sentabas en la silla y ya no te podías levantar de lo impresionada que te dejaba lo que veías. Eyaculación femenina en directo, pero no solo por el coño sino por la boca, porque tirando de prosa, la señora ponía a caldo a todo el mundo y era una ristra de verdades. Entre el público estaban también los padres de la artista, que es una cosa de lo más evolucionado que me puede parecer, que unos padres vayan a ver esto. A los míos, desde luego, no les parecería bien si yo me dedicase a estos menesteres: ya les pareció justito que me separase y que luego además decidiese ser madre soltera, como para aprobar verme en un escenario, en cueros, y metiéndome el puño por el coño hasta que aquello fuese el río Niágara. No, no, esto a mis padres no.

Pero volvamos a la artista: decía que nos volvimos a encontrar un año después en otro de mis reportajes (porque yo, como dice Pantomima Full, siento pasión por mi profesión) y justo ella estaba organizando una orgía: grabamos un poco el ambiente antes de que la cosa empezase como tal y ella, cuando nos íbamos, se me acercó y me invitó a quedarme. El fotógrafo que me acompañaba se sintió insultado porque la invitación no fue para él. Resulta que era una orgía de mujeres y mira, yo decliné la invitación, muy amablemente, porque siempre he sido muy fálica.

Sabemos que al menos dos de las orgías rivales de Bélgica eran de gays, pero a saber de qué eran las otras, lo mismo tenían hasta animales salvajes como aquella de la que os hablé este verano pasado.

A ver, también entiendo que la gente organice estos saraos y que las multitudes acudan porque llevamos un año muy malo, menos mal que se termina, y estamos muy necesitados de abrazos. Me llama la atención, eso sí, que pase justamente en Bélgica, donde el gobierno había permitido que en los confinamientos pudieras llevarte un compañero de mimos a casa, acordaos de esto.

Lo que no sé es si luego los invitados a la orgía se van para su casa o también se quedan en la tuya porque entonces esto sí que es un lío, máxime si montase yo una en mis dominios, que se limitan a 50 metros cuadrados. ¿Dónde meto yo a tanta gente y más con las niñas de por medio? Y luego tener que limpiar, madre mía, y con la Covid, que aunque ahora dicen que con los fómites es muy difícil contagiarse, cualquiera se fía. Además aquí en Madrid sería una mini orgía, una orgía de Playmobil, porque no podríamos ser más de seis. Número redondo, eso sí.

Lo tengo claro: yo no voy a montar ninguna porque la gente se va escaqueando y al final es la anfitriona quien tiene que arreglar todo el desorden. Si me invitáis a una voy, pero que haya tíos buenos, ¿eh? Y así a ver si puedo realizar una de mis fantasías eróticas: la de que me folle un tío por delante y otro por detrás y yo en medio, como el queso de un sándwich. Que no todo va a ser follar con la realidad porque soy periodista, ¿no? Eso sí, cuando me dejen bien satisfecha, tienen que follarse entre ellos, que me pone mucho.

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Sobre Lucía Martín

Lucía no podría vivir sin la escritura, la música ni la tortilla de patatas. De haber vivido en la Edad Media, sin duda alguna, la habrían quemado por blasfema y bruja. Deslenguada, independiente, con sentido del humor, alocada, valiente, rebelde hasta la médula, respondona... Considerando todos estos adjetivos entenderéis por qué su padre considera que ningún hombre, en su sano juicio, querría casarse con ella. Freelance desde 2008, ha publicado en los grupos mediáticos más importantes de España y, como es una amante de la palabra, también ha publicado 7 libros. De momento...

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