Sexualidad y salud mental

Hasta hace muy poco la salud mental era un tabú, debido al estigma que rodea a las enfermedades mentales. Tan solo recientemente estamos comenzando a oír hablar sobre este tema, gracias a algunos acontecimientos sociales que han puesto sobre la palestra la importancia de la salud mental. Vaya por delante que cerca de 1000 millones de personas tienen un trastorno mental actualmente y que cualquier persona puede verse afectada.

Sabemos que sexo, salud y bienestar van de la mano. Por ello cuando hablamos de salud desde un enfoque integral, y de su relación con la sexualidad, no podemos olvidarnos de la salud mental. ¿Influye la salud mental en la vida sexual y viceversa?

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Consejos sexuales

La salud mental en la actualidad

La Organización Mundial de la Salud describe la salud mental como «un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad».

Esto significa que la salud mental es más que la ausencia de trastornos mentales: no hay salud sin salud mental, es la base de nuestro bienestar.

Sin embargo, en la sanidad pública, es una de las áreas más desatendidas (posiblemente junto con la salud sexual).

Además, la pandemia del COVID-19 ha tenido un gran impacto en la salud mental de la población. No solo ha significado un mayor detrimento, si cabe, de los servicios de de atención sanitaria en este apartado, sino que también ha supuesto un incremento del malestar de las personas debido al aislamiento social y las situaciones generadas por el virus (miedo al contagio, duelo por familiares y amigos, pérdida de recursos económicos, etc.).

¿Cómo afecta la salud mental a la sexualidad?

Existe una gran variedad de trastornos mentales, cada uno de ellos con manifestaciones distintas. Algunas de las más frecuentes son depresión, ansiedad, esquizofrenia y, otras, psicosis, trastorno bipolar, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno de estrés postraumático, trastornos de la alimentación, etc. Si bien tienen en común que pueden interferir en diferentes esferas de la vida de quien los padece, incluida la sexualidad.

Las personas con trastornos mentales suelen aislarse o tienen problemas para relacionarse con otras personas, a menudo por el estigma que sufren, y esto dificulta también las relaciones sexuales.

Además, tanto las características de la propia enfermedad, como los medicamentos indicados para estos trastornos, pueden interferir en el funcionamiento sexual, dando lugar a problemas de inhibición del deseo, anorgasmia, eyaculación o erección, entre otros. Es habitual, por ejemplo, que el consumo de algunos antidepresivos y antipsicóticos provoquen disfunción sexual y esto lleve a que muchas personas dejen de tomar su tratamiento y tengan recaídas.

Por otra parte, los problemas de salud mental están relacionados con la salud sexual, pues en ocasiones estos trastornos pueden dar lugar a conductas de riesgo como la práctica de sexo no seguro.

¿Cómo afecta la sexualidad a la salud mental?

No solo la salud mental puede interferir en la sexualidad, sino que la propia manera de vivir nuestra sexualidad va a afectar también a nuestra salud mental.

Esto se debe a que la sexualidad es una fuente de bienestar y de expresión de comunicación y afecto, por lo que quien padece un trastorno mental siempre va a beneficiarse cuando su vida sexual es plena.

Por el contrario, cuando tenemos problemas sexuales, esto influye en nuestra identidad, minando nuestra autoestima y confianza propia, así como disminuyendo nuestra satisfacción con la vida. Todo ello va a empeorar nuestro estado de ánimo, repercutiendo en la salud mental.

Salud mental y sexualidad en la consulta

Si ya existe de por sí un déficit afectivo en personas con problemas de salud mental, así como dificultades para encontrar o mantener una pareja, la insatisfacción sexual puede empeorar aún más sus relaciones interpersonales. Por ello es fundamental que los problemas sexuales dejen de ser un tabú en la consulta y haya una comunicación abierta con el psiquiatra sobre estos, con el objetivo de encontrar otras opciones y mejorar la vida sexual del paciente.

A veces, se puede disminuir la dosis del fármaco o sustituir por otro con menores efectos adversos en la función sexual. De hecho, los psicofármacos actuales van encaminados cada vez más a evitar este tipo de interferencias en la esfera sexual.

Por otro lado, para vivir una sexualidad más placentera, se puede recurrir al profesional de la sexología, quien nos va a ayudar con aspectos como: aceptar las limitaciones para centrarnos en las posibilidades; incrementar nuestras habilidades sociales y de asertividad para una mejora de las relaciones; y llevar a cabo una toma de contacto con el placer corporal para un mayor crecimiento erótico.

En definitiva, es importante tener en cuenta que sexualidad y salud mental interaccionan en las dos direcciones, es decir, su efecto es bidireccional, por lo que cualquier mejora que podamos tener en alguna de estas dos áreas siempre repercutirá positivamente en la otra.