Ilustración de unos zapatos de tacón de aguja con lazos, inspirada en la estética fetichista de Bizarre.

El nacimiento de «Bizarre»: la primera revista fetichista estadounidense

«No tiene ningún sentido, ni rima ni razón, pero encarna la libertad por la que luchamos… la libertad de decir lo que nos gusta, vestir como nos gusta y divertirnos como nos gusta, cada cual a su manera».

John Alexander Scott Coutts

Durante años, la revista fetichista Bizarre se erigió como un espacio seguro para una comunidad internacional de personas con deseos y prácticas no normativas, casi siempre invisibles en la cultura dominante. Su ética (basada en el consentimiento, el humor y el respeto por las mujeres) influyó en la moda alternativa, en la cultura BDSM contemporánea y, de forma especialmente profunda, en Japón, donde publicaciones como Kitan Club utilizaron sus imágenes para moldear el imaginario del bondage moderno. Lo que John Alexander Scott Coutts no podía imaginar es que, antes de publicar su primer número, tendría que convertirse (muy a su pesar) en fabricante de zapatos fetichistas sin tener ni la más remota idea del tema.

El germen de una idea bizarra

Aunque Scott Coutts ya mostraba inclinaciones fetichistas desde la adolescencia, su primer contacto real con este mundo llegó en 1932, cuando descubrió McNaught’s, una zapatería de King Street (Sídney) especializada en tacones altos. El dueño le presentó a un marino retirado que, bajo el seudónimo de Achiles, comercializaba zapatos fetichistas y dirigía The High Heel Club, una comunidad clandestina cuyos miembros intercambiaban fotografías, dibujos y textos a través de una red de pedidos por correo.

Tanto McNaught como Achiles anunciaban sus productos en London Life, revista británica que desde los años veinte funcionaba como punto de encuentro para aficionados a los tacones altos, el bondage, la dominación femenina y la corsetería extrema. Fascinado por su línea editorial, Scott Coutts les envió dibujos que reunían los temas característicos de la revista. Los editores los publicaron y los lectores se mostraron entusiasmados, pero la experiencia fue agridulce: la revista no respetó su autoría.

Lejos de rendirse, probó otra vía: cartas de contenido fetichista firmadas con distintos seudónimos. Contra todo pronóstico, el espacio que se presentaba como creativo y abierto a sexualidades fuera de las convenciones de la época no las publicó, al considerarlas demasiado «atrevidas» incluso para sus estándares.

Esta decepción doble reforzó una idea que Scott Coutts llevaba tiempo madurando: crear su propia publicación, donde no tuviera que someterse a las limitaciones editoriales de otros, pudiera explorar temas más específicos y conservar un control creativo total, sin exponerse al plagio ni al rechazo.

Un negocio bizarro para una revista bizarra

A pesar de sus contactos con The High Heel Club, Scott Coutts no tenía ni suficiente dinero ni suficientes inversores para abordar su proyecto editorial. Su única vía para llegar al público fetichista internacional y hacerse con una lista de contactos más amplia era publicar sus dibujos y fotografías en London Life. El problema era que sus editores tenían una regla estricta: solo aceptaban anuncios de productos reales. ¿Y qué podía vender? McNaught y Achiles le dieron la clave: zapatos fetichistas con sello propio.

Consciente de que no era ni zapatero ni comerciante, sino creador de dibujos con diseños de zapatos de aguja (extremos, surrealistas, teatrales, imposibles), Scott Coutts tomó una decisión estratégica: poner precios absurdamente altos (su modelo más barato costaba cinco guineas, una cifra prohibitiva en 1938) para evitar que le hicieran pedidos reales.

Anunciar zapatos imposibles, a precios imposibles, para que nadie los comprara, pero sí se interesaran por su arte, consiguiendo una lista de posibles suscriptores para su futura revista. Un plan sin fisuras, ¿verdad? Pues no, tenía una: los diseños enamoraron a los lectores de London Life. De la noche a la mañana, comenzaron a llegar pedidos reales para productos imaginarios. ¿Qué hacer? En una entrevista posterior, Scott Coutts confesó que tuvo que inventarse excusas delirantes (como que «los hijos del zapatero tenían sarampión y estaba en cuarentena») para ganar tiempo mientras buscaba artesanos capaces de fabricar sus diseños, pagarles con el dinero adelantado por los clientes, y cruzar los dedos. Funcionó y, cuando entregó los primeros pares, los compradores quedaron encantados, corrieron la voz y comenzaron a llegar más pedidos.

Durante casi dos años, Scott Coutts vivió atrapado en un negocio tan bizarro como su proyecto inicial: fabricar zapatos fetichistas para poder financiar una revista que aún no existía. Paradójicamente, ese negocio accidental fue lo que hizo posible la revista, porque le permitió ganar dinero, producir material para sus futuros números y hacerse con una lista de lectores potenciales.

Nacimiento y bautismo de «Bizarre»

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el negocio de los zapatos se detuvo y Scott Coutts se alistó como marino mercante durante seis años. Terminado el conflicto, retomó su proyecto de editar Bizarre, un término reconocible para su público potencial (al aludir a gustos eróticos considerados raros, extravagantes o fuera de las costumbres de la época), pero lo bastante ambiguo como para evitar problemas legales en la distribución.

Con esa idea en mente, decidió emigrar a Nueva York, cuna de The American Social Circle, comunidad clandestina de la que le había hablado John Bringman, fotógrafo de Charles Guyette, con quien intercambió durante años una nutrida correspondencia.

Por problemas en el visado, Scott Coutts tuvo que establecerse una temporada en Canadá, y fue allí, en una habitación de motel, donde ensambló el contenido del número inaugural. Durante la guerra había perdido gran parte de su material, así que recurrió a dibujos nuevos, fotografías improvisadas, anuncios reales y ficticios y textos breves que establecían la estética y la filosofía de la revista.

En la soledad de ese refugio, tomó dos decisiones fundamentales: publicar el material bajo el seudónimo John Willie (un guiño humorístico a la jerga británica para referirse al pene) y titular el número como Volumen 2. ¿Por qué?

«La razón era que tenía una idea para conseguir pedidos de otro número. Solo tenía dinero para sacar un número. Así que en el número 2 copié algunas cartas antiguas que habían aparecido en London Life; las usé como guía y armé una sección de correspondencia. Las rehice para que no fueran reconocibles y las usé como base de la columna de cartas del número 2. En ella escribí algunas yo mismo y me apoyé sobre todo en London Life para darle variedad. Y hablé en términos elogiosos de las fotos que aparecían en el número 1 y de las cartas del número 1, e hice que el número 1 sonara como un ejemplar tan increíble que todo el mundo escribiera para pedirlo, y con ese dinero podría publicar la maldita revista».

El plan le salió relativamente bien: nadie le pidió ejemplares del número 1 de la «maldita revista», pero logró distribuir unos 5.000 ejemplares en los quioscos de Montreal y reunió una lista de correo de otros tantos clientes, a quienes también vendía sus sets de fotografías y su icónica serie de dibujos animados, Sweet Gwendoline.

No era el éxito que esperaba, pero sí lo suficiente para dar el siguiente paso: Nueva York.

Aunque Bizarre desapareció hace décadas, su influencia sigue viva en buena parte de la cultura kink contemporánea. Si quieres comprender mejor el papel que desempeña el fetichismo dentro de la sexualidad y desmontar algunos de los mitos que lo rodean, descubre qué significa realmente ser un fetichista sexual.

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Fuentes

  • Bienvenu, R. V. (1998). The Development of Sadomasochism as a Cultural Style in the Twentieth-Century United States. Tesis doctoral, Indiana University, Department of Sociology. Indiana University Libraries.
  • Garrett, J. (2024). John Willie: A Bizarre Life – A Fine New Biography from Jane Garrett. The Fetishistas. Publicado el 30 de diciembre de 2024.
  • Pine, J. (2013). In Bizarre Fashion: The Double-Voiced Discourse of John Willie’s Fetish Fantasia. Journal of the History of Sexuality, 22(1). Disponible en Gale Academic OneFile.
  • Ralph, J. (2023). The Golden Age of Fetish Art – The Bizarre, Retro Erotica of John Willie, Irving Klaw and Charles Guyette. Underground England. Publicado el 17 de febrero de 2023.

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