En marzo se conmemora el mes de la endometriosis. Se trata de una enfermedad crónica que afecta a una de cada diez mujeres en edad fértil y tarda, de media, alrededor de una década en ser diagnosticada. En este artículo descubriremos cómo esta patología con origen pélvico, en apariencia, localizado, afecta a quienes la padecen de manera sistémica y puede llegar a comprometer, entre otras muchas cuestiones, también la sexualidad.
Qué es la endometriosis
En los últimos años se ha hablado más y mejor sobre endometriosis. Sin embargo, es habitual que quienes no padecemos esta enfermedad desconozcamos su alcance por sus síntomas silenciosos y la falta de información que sigue dificultando el diagnóstico. El origen está en las células del endometrio, un tejido que reviste el útero para prepararlo de cara a un posible embarazo. Si no hay fecundación, estas células se eliminan durante la menstruación.
En la endometriosis o enfermedad del endometrio según su etimología, las células del endometrio crecen y se instalan en otras partes del cuerpo, y se genera tejido endometrial. Estas células reaccionan también a las hormonas que regulan el ciclo menstrual, haciendo que el tejido siga creciendo y genere los síntomas más característicos de la enfermedad, como dolor en la ovulación o durante la menstruación o sangrados intensos.
Los síntomas: cómo se manifiesta el dolor de la endometriosis
El síntoma más habitual de la endometriosis es, en efecto, el dolor pélvico, tanto durante la ovulación como durante la menstruación. Las pacientes describen este dolor como intenso y permanente, y en muchos casos no remite con los analgésicos. Por eso es imprescindible no normalizar el dolor menstrual: en la mayoría de los casos requiere atención ginecológica porque podría revelar alguna patología o desequilibrio.
Además, también son habituales otros síntomas, como el dolor al orinar o ir al baño, durante o después de la penetración, sangrado abundante o fuera de la menstruación e infertilidad. No obstante, algunas mujeres que padecen endometriosis no experimentan ningún síntoma. La intensidad o la frecuencia de los síntomas no es directamente proporcional al alcance de la enfermedad: hay pacientes con dolor intenso y lesiones poco profundas, y otras con dolor leve y lesiones graves.
Recientemente, se ha documentado que la endometriosis está ligada a otras 661 enfermedades o condiciones, como alteraciones tiroideas, fibromialgia, alergias, autoinmunes o hipermovilidad, por lo que un enfoque integrativo y la colaboración entre profesionales es esencial para mejorar la calidad de vida de las mujeres con endometriosis.
Por qué la endometriosis genera dolor en todo el cuerpo
Una de las realidades de la endometriosis, en muchos casos desconocida, es que se trata de una enfermedad sistémica. Es decir, afecta a todo el cuerpo, y lo hace durante toda la vida. Más allá de las menstruaciones dolorosas o los sangrados abundantes, puede influir en el correcto funcionamiento de otras áreas y sistemas del cuerpo, principalmente debido a la inflamación que genera el tejido endometrial que crece fuera del endometrio.
Cabe recordar que las células endometriales pueden migrar a cualquier parte de la anatomía. Las lesiones más habituales suelen ubicarse en la zona pélvica (ovarios, vejiga, colon…), pero también se han documentado casos en otras áreas como los pulmones, el cerebro o la piel. En estos lugares pueden existir molestias, dolor u otros síntomas.
Asimismo, hay que hablar también de fertilidad o infertilidad, principalmente por dos razones. La primera, porque se generan adherencias, un tejido cicatricial que se hace que los órganos se peguen, y esto podría dificultar el movimiento de las trompas. Y la segunda, porque si existen quistes de endometriosis en los ovarios o endometriomas pueden afectar a la reserva ovárica y a la calidad de los óvulos.
Endometriosis y salud mental
En muchos casos, la endometriosis afecta de pleno en la vida de las mujeres que la padecen. En ocasiones las menstruaciones son limitantes por el dolor o el sangrado abundante, razón por la que impactan de forma significativa en el trabajo, en los estudios o en la vida social. Es habitual que las mujeres que la sufren dejen de participar en actividades profesionales, formativas o sociales por miedo a sangrar en público o a gestionar el dolor fuera de casa.
Además, la afectación de la endometriosis puede causar complicaciones en la relación de pareja, llevando a las pacientes a sentir culpa, incomprensión o evitación del sexo en el terreno sexual, pero no solo. eso La infertilidad también puede llevar a la frustración y derivar en tratamientos hormonales que, sin duda alguna, afectarán al funcionamiento del cuerpo. Todo ello también modula el sistema nervioso, aumenta la ansiedad y el nivel de hipervigilancia corporal, que contribuyen a esa sensación amplificada del dolor.
Así pues, existe una relación importante entre los síntomas causados por esta enfermedad y la salud mental. En una tesis reciente realizada en la Universidad Europea de Madrid se sostiene que las mujeres con endometriosis muestran mayor ansiedad, depresión, estrés y peor calidad de vida en las dimensiones psicológica y social respecto a controles sanos».
Cómo el sistema nervioso amplifica el dolor de la endometriosis
Como hemos visto, la endometriosis no solo afecta a nivel puramente estructural, también impacta en la regulación del sistema nervioso. La inflamación provoca que la sensibilidad de los nervios aumente, existe una mayor reactividad por parte de los receptores de dolor y se amplifica la respuesta ante estímulos poco intensos. Las moléculas inflamatorias se llaman citoquinas y afectan a las funciones cerebrales y a la claridad cognitiva, y esa es la razón por la que algunas pacientes describen síntomas como dificultad para concentrarse, lapsos de memoria, fatiga mental o pensamiento lento.
Una mujer que padece endometriosis y debe convivir con dolor recurrente o síntomas molestos puede llegar al punto de la desensibilización central, donde el sistema nervioso se acostumbra al dolor crónico, se reduce el umbral de activación y algunos estímulos que antes no resultaban dolorosos o molestos comienzan a serlo.
Este hecho también influye en la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para modificar las conexiones de la neuronas y su actividad, lo que nos permite que se den cambios químicos (neurotransmisores o receptores), funcionales (en la comunicación de las neuronas) o estructurales (cambiar conexiones, reforzarlas, crear nuevas o debilitar otras). El dolor crónico puede provocar cambios en las redes de control cognitivo y dolor. Varios estudios de neuroimagen muestran que existen diferencias en la conectividad y en el volumen de varias áreas cerebrales en personas con dolor crónico.
En la siguiente imagen podemos ver una vista de la cabeza desde arriba, los colores indican el voltaje: rojo y amarillo para actividad más alta y azul para más baja. En la última fila de cabezas observamos dónde la actividad de mujeres con endometriosis es mayor o menor. Esto demuestra que el cerebro de las mujeres con endometriosis y dolor crónico no procesa los estímulos de atención igual que el de las mujeres sanas; hay cambios en los patrones de actividad eléctrica compatibles con esa «reconfiguración» de circuitos de la que hablábamos.
Pero la afectación de la endometriosis al sistema nervioso va más allá. La ansiedad, el estrés y el dolor crónico generados por los síntomas aumentan la activación del sistema nervioso autónomo simpático, haciendo que se mantenga el estado de alerta durante más tiempo.
Cómo el dolor de la endometriosis afecta al sexo (y al deseo sexual)
La comunidad científica coincide en que la endometriosis tiene un impacto importante en la sexualidad. Uno de los síntomas habituales en la dispareunia, el dolor durante o tras la penetración, que va ligado a la ubicación de los focos endometriales, a las adherencias y a la sensibilidad de los nervios de la zona pélvica.
También se habla de un deterioro en el deseo sexual, en la excitación, en la lubricación, en los orgasmos, en la satisfacción y en el aumento de dolor durante el sexo, lo que da lugar a tasas de disfunción sexual de más del doble que en mujeres sin endometriosis. A ello se le une el miedo anticipatorio del dolor, muy relacionado con el sistema nervioso, pues se activa el circuito de alarma y se reducen el deseo y la excitación. Esto puede llevar a la evitación del sexo y a una baja autoestima sexual.
Asimismo, hay que tener en cuenta que algunos tratamientos de primera línea de la endometriosis son hormonales, lo que altera diferentes funciones del cuerpo. La caída de estrógenos que se experimenta con el tratamiento hormonal genera sequedad en la mucosa vaginal, lo cual compromete también la satisfacción y el disfrute durante las relaciones sexuales por la baja lubricación natural.
Consejos neurocientíficos para reducir el dolor de la endometriosis
- Educa al cerebro sobre el dolor. Entender que el sistema nervioso está hiperreactivo reduce el miedo y mejora la tolerancia al dolor, así como el apoyo psicoterapéutico.
- Haz ejercicio para reprogramar el sistema nervioso. El ejercicio aeróbico moderado y constante aumenta un factor que mejora la neuroplasticidad y contribuye a activar los sistema inhibidores de dolor. Se ha demostrado que 30 minutos 3 veces a la semana durante un mes ya genera cambios en la neuroplasticidad cerebral.
- Respira de manera consciente y busca la relajación. Los ejercicios de respiración reducen la tensión muscular y mejoran el control del dolor. Un estudio que combinaba educación, respiración, conciencia corporal y ejercicios pélvicos consiguió bajar estrés percibido, normalizar cortisol y mejorar funcionalidad diaria. Visita el artículo de la experta en suelo pélvico, Vanessa Pazos, Cómo hacer ejercicios de Kegel correctamente cuando se tiene vulva y vagina.
- Ten una buena higiene del sueño. Dormir mal aumenta el riesgo de dolor crónico mantenido. Reducir las pantallas e iluminación, seguir una rutina y hacer un ritual relajante se asocia a mejoras en el dolor en diversos estudios.
Recuerda que la endometriosis es una enfermedad crónica y sistémica, y que es imprescindible que, si la sufres o crees hacerlo, busques a un profesional especializado que te guíe en tu proceso. Estos consejos no sustituyen al tratamiento médico, pero lo complementan y, junto a la ayuda de los profesionales adecuados, pueden mejorar la calidad de vida.
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Referencias
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