Volonté, Eros y Caissa: Ocho años como sesenta y cuatro (mil) casillas

Contamos el material, observamos las posibilidades inmediatas, nos fijamos en las líneas abiertas (y en las que se pueden abrir), analizamos el centro y el espacio, la estructura y los huecos y, finalmente, pasamos revista al desarrollo para determinar si nuestra posición es tranquila, si tiene posibilidades dinámicas o si es crítica.

Las posiciones tranquilas invitan a maniobras. Las dinámicas, a sacar partido de ciertas situaciones. Y las críticas nos indican que debemos actuar con suma precisión.

Tanto si ahora os hablase de penetraciones como si no, aún no quedaría del todo claro si estoy escribiendo sobre ajedrez o sobre sexo. Sin embargo, lo más probable es que solo esté dando cuenta de mí como editor de un blog, este blog, Volonté, que hoy cumple ocho años… como sesenta y cuatro (mil) casillas.

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Dicen que es un juego. Muchas personas dicen que es un juego. Y si son tantas como parece, parecería que, en verdad, es un juego. Pero tiene aproximaciones tan distintas que muchas veces parece otra cosa. Matemática, arte, deporte… Antes lo llamaban el juego-ciencia.

Decían que ninguna máquina podría sustituir al humano. Después dijeron que las máquinas eran mejores que los humanos. Y ahora dicen que las que imitan a los humanos son las mejores.

Quizá se olvidan de que todo está hecho por humanos… Desde el erotismo y sus máquinas hasta el ajedrez y sus módulos de inteligencia artificial.

Y aunque parece claro que el ajedrez y el erotismo no son lo mismo, fue el ajedrez lo que permitió al dios de la guerra ganarse los favores de Caissa o eso nos hizo creer a todos William Jones en su poema.

Según sus versos, una náyade se apiadó de la tristeza de Marte y le consiguió la ayuda de Euphron (un dios inventado por el mismo poeta). Un tablero y unas piezas, una geometría perfecta y unos sofisticados recursos de batalla para regalar a la dríade, llamarían su atención y revelarían un nuevo mundo. ¿Cómo una pequeña representación de la guerra y sus reglas pudieron atraerle tanto? «La vida imita al ajedrez», escribió Kasparov.

Desde las casillas hasta la libertad de movimiento de sus piezas, encadenadas por su sentido y origen de partida; desde sus principios y su aplicabilidad; desde sus estadios y, desgraciadamente, su finalidad. Desde su composición matemática, el orden; desde su máxima expresión artística, el sacrificio; desde su encarnizada ejecución deportiva, la competición en ocho filas y ocho columnas, una vez más, en una geometría perfecta. Pero nuestro campo de batalla es distinto. A diferencia del ajedrez, no tenemos límites definidos y nuestro material es incontable.

Así, la guerra por el bienestar sexual en Volonté cumple hoy ocho años. Sin encasillarse en presuposiciones y sin enrocarse en palabras porque la geometría del erotismo es tan imperfecta que no existe o sus límites solo se pueden descontar de la libertad y la valentía que requiere transgredir la norma social, sobre todo, en la intimidad. Aquí no formamos cadenas de peones, aquí tenemos un buen número de damas que libremente escriben por y sobre el placer sensual. Y es que no hay pieza que valga lo que la palabra desencadena.

¿Hartos de llevar cadenas en la alcoba? No dejéis de leer a nuestras escritoras.