Oculto en los troncos huecos de los árboles, las grietas de las rocas o pequeñas madrigueras en las tierras de Australia, Tasmania, Nueva Guinea y Salawati, el hermano mortal de Quimera acecha a sus víctimas, con su cuerpo espinoso en tensión y su miembro de cuatro cabezas, rojizas como las llamas del infierno, que arroja un hirviente elixir dador de vida: es el equidna.
La vida sexual del equidna
El hijo mortal de una monstruosa ninfa
Los equidnas deben su nombre a Equidna, ser de la mitología griega al que Hesíodo describió como «mitad ninfa de ojos vivos y hermosas mejillas, mitad en cambio monstruosa y terrible serpiente, enorme, jaspeada y sanguinaria (…) inmortal y exenta de vejez, (…) que dio a luz a feroces hijos», entre los que se encontraban Quimera, Medusa y Cerbero.
Sin embargo, el personaje de nuestra historia en realidad no es un monstruo gigante y feroz (salvo para sus presas) aunque tenga el cuerpo cubierto de un denso pelaje con púas (similar al de los puercoespines) para defenderse de los depredadores, sino un apacible mamífero que mide entre 35 y 45 cm, con una cola de 10 cm, y un peso promedio de 2 a 7 kg, en cuya carita alargada destaca una boca (con forma de tubo estrecho) de la que sale una larga lengua que puede llegar a alcanzar los 20 cm.
Y a esta lengua debe el equidna parte de su nombre científico: Tachyglossus aculeatus, Tachyglossus (lengua rápida) y aculeatus (espinoso); aunque lo de lengua rápida no sea porque haga unos cunnilingus espectaculares como los murciélagos, sino por la velocidad con la que atrapa termitas, hormigas, lombrices… que se quedan pegadas a su superficie. Pero ni falta que le hace, porque su pericia como amante viene de las características de su pene: un miembro con cuatro cabezas en forma de roseta, que alcanza unos 7 cm cuando está en erección; es decir, casi una cuarta parte de su cuerpo. Es verdad que su pene no puede igualar al de los percebes (8 veces el tamaño de su cuerpo), pero sus cuatro cabezas (¡cuatro!, y yo creyendo que nadie podía superar al clásper del tiburón) rotan durante la cópula, alternándose en una danza sensual y libidinosa.
Sinceramente, no entiendo por qué la Faloteca de Islandia no tiene uno en exhibición.
El tren del amor o Love Train
Cuando llega la época de reproducción, los machos del equidna detectan las feromonas de la hembra y la siguen en fila india, pegados unos a otros, en una curiosa hilera conocida como love train (tren del amor), mientras ella soporta sutiles empujones en su trasero. En ocasiones, la equidna no está por la labor, e ignora a sus pretendientes o se enrosca en una bola cubierta de púas para que nadie vuelva a darle un golpecito con el hocico en donde el rabo pierde su nombre.
Sin embargo, si la hembra está lista, se tumba y los pretendientes (exhaustos tras semanas de persecución en convoy, en las que llegan a perder hasta el 25% de su peso) excavan una zanja circular alrededor de ella (mating rut) y comienzan a empujarse entre ellos hasta que solo queda uno dentro del círculo. Ya sabéis, como en The Highlander.
Mimitos, sexo tántrico, doble penetración y huevos
Nuestro Connor MacLeod se coloca detrás de la hembra y durante cuatro horas se entrega a juegos preliminares, que incluyen arrumacos y caricias en el pelaje y las espinas de ella. Cuando la equidna da el sí quiero, el macho levanta su cola con las patas traseras y la penetra con dos de sus cuatro penes, que irá alternando tras las sucesivas eyaculaciones (hasta 10 sin pausa) durante una cópula que puede durar 3 horas. Dirás que más aguanta el caracol, pero considerando la doble penetración y que puede unirse a otro tren del amor poco después, el Tachyglossus aculeatus gana por goleada.
Y no solo eso, en invierno y en épocas en las que escasean los alimentos, algunos ejemplares hibernan (o más concretamente entran en torpor), pero esto no impide que los machos que están despiertos se apareen con hembras que aún están en torpor profundo, despertándolas como a la Bella durmiente, pero con un polvo en vez de con un beso.
A estas curiosidades se suma otra: el equidna es un monotremas, es decir, un mamífero (el único junto al ornitorrinco) que pone huevos (uno, en concreto). Unos 22 días después del apareamiento, la hembra lo introduce en su bolsa (pseudo-marsupio) y lo incuba durante diez días hasta que eclosiona. La cría o puggle permanecerá en la bolsa durante unos 2 meses, succionando la leche de los poros (las hembras de equidna no tienen pezones). Cuando empiezan a salirle púas, la madre la deposita en una madriguera-nido (nursery burrow) y la alimenta hasta que se independiza y sale al mundo a vivir locas aventuras durante varios años (entre 5 y 12), que la prepararán para hacer el tren del amor, alternar sus cuatro cabezas y, si se tercia, poner un huevo. Dime quién puede superar esto.
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