Tasso (des)monta la película: Herida o la historia de un deseo irrefrenable

«La gente herida es peligrosa. Sabe que puede sobrevivir».
Damaged people are dangerous. They know they can survive.
Josephine Hart (autora de Damage)

 

Herida, conocida también como Damage en inglés o Fatale en francés, es una película franco-británica que se estrenó en 1992 de la mano de Louis Malle, un polémico, valiente y gran cineasta francés.

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Herida o la historia de un deseo irrefrenable

Sinopsis

Herida está basada en una novela de Josephine Hart y es la historia de una peligrosa aventura de amor y sexo entre un hombre maduro y la prometida de su hijo.

Stephen Fleming (el actor Jeremy Irons), un respetable político británico, recién nombrado Ministro, casado y padre de dos hijos, se enamora locamente de Anna Barton (la actriz Juliette Binoche), una mujer francesa a la que conoció en una fiesta mundana. Pero resulta que Anna es la novia de su hijo Martyn (el actor Rupert Graves). A lo largo de la película, Stephen se ausenta muy a menudo de su despacho para encontrarse con Anna. Se ven siempre a escondidas, hacen el amor muy a menudo. Stephen está dispuesto a dejarlo todo mientras que Anna, una mujer fría y calculadora, está decidida a casarse con su novio.

Un día, Martyn, el hijo de Stephen, descubre la verdad y sorprende a su padre y a su novia en la cama.

Tráiler

Más información sobre la película y una advertencia

Antes de entrar en más detalles sobre la película, debo advertiros, queridos/as lectores/as, que me resulta muy difícil ser objetiva cuando, en un largometraje, aparece el actor Jeremy Irons. Siempre me ha parecido tremendamente atractivo, enigmático, carismático y, frente a esta obsesión confesada (la mía), todo lo que él pueda hacer me resulta brillante. Todo el mundo tiene sus debilidades… Así que ya estáis avisados/as.

Lo que me parece muy logrado de la película es cómo Louis Malle muestra la pulsión del deseo inmediato, embriagador, invasor, que aparece tanto en el protagonista (Irons) como en su amante (Binoche). Un deseo evidente y, sin embargo, ignorado por su entorno (al principio).

Sin embargo, Ingrid (la actriz Miranda Richardson), la mujer de Stephen, siente desde el principio cierta antipatía por Anna, y sus reticencias no se borran, ni siquiera durante la preparación del matrimonio de los dos jóvenes.

Y la verdad es que Anna no es trigo limpio: lleva a sus espaldas el peso de una antigua culpabilidad; el suicidio de su joven hermano, Aston, con quien tuvo una especie de relación incestuosa “casta” (un tema recurrente en la filmografía de Louis Malle). Esta terrible tragedia es probablemente lo que le permite a Anna seguir adelante, sin demasiados escrúpulos, con la preparación de su boda con Martyn y, a la vez, mantener relaciones carnales con Stephen, el padre de este último. Ella no ve ningún tipo de incoherencia en su actitud. La única persona que puede entender la “locura” de Anna es su madre (la actriz Leslie Caron), una mujer muy lúcida. Será, de hecho, la única que aconsejará huir a Stephen. Pero él no entiende lo que está sucediendo y contempla incluso la posibilidad de rehacer su vida, dejar a su esposa y romper el futuro matrimonio de su hijo. Anna no quiere y Stephen se encuentra totalmente prisionero de la situación.

Las escenas de sexo

Louis Malle filma esta historia complicada con mucha elegancia, ayudado, eso sí, de la gran belleza de Jeremy Irons, la finura del juego de Miranda Richardson (hay una escena sobrecogedora en la que ella se desnuda delante de su marido con una especie de burla trágica), y el talento de Juliette Binoche, esfinge taciturna que ilumina la gran pantalla cada vez que aparece. Es bella, sublime e hipnótica, y eso que todavía no era la actriz en la que se ha convertido.

Contrariamente a lo que piensan muchos espectadores, he encontrado las escenas entre Irons y Binoche muy convincentes: pero no tienen nada de erótico, para ser sincera, al menos, nada de sensual o excitante para mí, sin embargo poseen algo más fuerte. Cierta animalidad, un no sé qué que nos hace retener la respiración, algo fatídico… Sí, las escenas de amor son muy físicas e intensas, pero van más allá del erotismo al que estamos todos acostumbrados.

En la película, Louis Malle limita al máximo los diálogos para poner más en valor los encuentros “violentos”, que revelan la potencia de la pasión entre los dos protagonistas y que ponen ritmo al descenso a los infiernos de Irons. Es una auténtica autopsia de una pasión con escenas de amor que atrajeron sin piedad, en el  estreno de la película, la censura norteamericana.

Además, Malle siempre ha sido aplaudido y criticado por igual por no emitir ningún juicio moral sobre la actitud de sus personajes. Herida es un buen ejemplo de ello.

Conclusión

Louis Malle ha conseguido con Herida hacer una película que incomoda al seducirnos… o quizá sea al revés.

Las últimas escenas son muy fuertes y dignas de una tragedia griega. Emociona y, curiosamente, nos culpabilizamos por sentirnos así. Es, en definitiva, una película altamente recomendable, incluso si ya tiene unos cuantos años. Pero ya se sabe; los dramas y las heridas de amor no envejecen nunca…

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