Erotismo y pornografía en el arte pictórico japonés: Ukiyo-e y Shunga

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Sin duda, la corriente pictórica japonesa que mayor influencia ha tenido en Occidente es el Ukiyo-e o Pinturas del mundo flotante, un género de estampas poéticas, etéreas y delicadas, realizadas en Japón entre los siglos XVII y XX, mediante xilografía o técnica de grabado en madera, como La Gran ola de Kanagawa de Katsushika Hokusai, El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina de Utagawa Hiroshige o su maravillosa serie Vistas famosas de Edo. Aunque estas obras son ejemplos claros del lirismo, belleza y sensibilidad de las estampas Ukiyo-e, también lo son las de otros maestros como Utagawa Kunisada, que representan el hedonismo de los distritos rojos o barrios del placer de las grandes ciudades japonesas en el período Edo, en donde personas de todos los estratos sociales disfrutaban del juego, las obras de teatro kabuki y el sexo con las cortesanas.

Precisamente, es en este mundo flotante donde nace el Shunga o Imágenes de primavera, estampas pornográficas de artistas de Ukiyo-e, con una fuerza erótica, visual y simbólica irrepetible y única.

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Kamasutra ilustrado

Erotismo y pornografía en el arte pictórico japonés

Ukiyo-e: Pinturas del mundo flotante

La estampa japonesa surgió principalmente durante el período Edo (1600/1603-1868), bajo el shogunato de la dinastía Tokugawa. Durante su gobierno, se estableció un nuevo sistema político basado en la división de la población en clases sociales encabezadas por la clase militar, a la que seguían las órdenes religiosas budistas y sintoístas y, finalmente, la clase plebeya, dividida a su vez (por orden de importancia) en agricultores, artesanos, comerciantes y proscritos o marginados (actores de kabuki, geishas, cantantes, ladrones, etc.). Además, el shogunato de la familia Tokugawa cerró Japón al exterior (restringiendo la entrada de las ideas occidentales) y expulsó, poco a poco, a los extranjeros que intentaban expandir el cristianismo, lo que permitió el florecimiento de la cultura japonesa sin influencias externas.

Durante este período histórico, las ciudades crecieron y evolucionaron. Esto, sumado al enriquecimiento de la población y sus necesidades de entretenimiento, provocó que el gobierno Tokugawa promulgara leyes que permitieron la creación de los barrios del placer o distritos rojos en las ciudades más populosas, donde convivían en armonía los prostíbulos, las chashitsu o casas de té, los teatros de kabuki, las casas de juego y los locales en los que se realizaban tatuajes horimono[1].

En estos barrios surgió el Ukiyo-e o Pinturas del mundo del placer o flotante, exquisitos grabados que mostraban etéreos paisajes, animales y plantas autóctonos, seres mitológicos pertenecientes al folclore japonés y el espíritu hedónico de este mundo del placer o flotante contrapuesto al mundo doloroso, el plano terrenal de muerte y renacimiento en el que se basa el Budismo.

Las estampas de la escuela Ukiyo-e muestran una realidad de líneas curvas, espirales, fondos vaporosos y colores naturales que confieren a lo retratado delicadeza e irrealidad, pero también fiereza, como las famosas ilustraciones de los 108 guerreros del libro Suikoden, que serían representadas en miles de tatuajes horimono.

Las estampas más populares y apreciadas representaban la vida de los guerreros, la clase plebeya y los marginados: pescadores, bomberos, actores del teatro kabuki y sus máscaras, luchadores de sumo y hermosas cortesanas (prostitutas) de alto rango, llamadas orian.

Uno de los artistas del Ukiyo -e que mejor supo plasmar la belleza de las cortesanas y sus rituales y gestos cotidianos fue Kitagawa Utamaro, que retrató la belleza femenina en todas sus formas: imágenes idealizadas de figuras históricas, personajes del folclore, geishas, orian y todas las clases de cortesanas existentes; así como escenas cotidianas en las que se las mostraba disfrutando de rituales tan sencillos como peinarse, maquillarse, escribir, los rituales secretos de seducción en los que las iniciaban desde su más temprana edad y sus prácticas sexuales, que darían lugar al Shunga o Imágenes de primavera.

Shunga: Imágenes de primavera

En un principio, las ilustraciones eróticas japonesas eran conocidas como Makura-e o Imágenes de almohada, porque representaban escenas de Makura no sôshi («Libro de almohada»), escrito en el siglo X por Sei Shônagon, una dama de corte de la emperatriz en Kyoto, en el que, además de narrar sus vivencias, plasma la libertad erótica del sintoísmo, que entendía el sexo como algo natural, íntimamente relacionado con la fertilidad[2].

El Shunga o Imágenes de primavera (eufemismo para el acto sexual) nacido en el período Edo da un paso más allá, representando de una manera gráfica las prácticas sexuales de los barrios del placer: actores de kabuki, samuráis, monjes, pescadores, chōnin… manteniendo relaciones sexuales explícitas con cortesanas, en todas las posturas sexuales imaginables y con todo lujo de detalles. En las ilustraciones Shunga, los amantes suelen estar parcialmente vestidos, pero sus genitales tienen un tamaño exagerado y no hay límite a la representación sexual: tríos, cuartetos, orgías, masturbación, voyeurismo, pederastia, sexo anal y escenas con deidades, monstruos y animales mitológicos y reales. Además, contienen símbolos ocultos que acentúan la fuerza sexual de la obra, como, por ejemplo, ostras, hongos o flautas (que simbolizan los genitales femeninos o masculinos), determinados tejidos (que aluden a una eyaculación inminente) o flores de ciruelo (que representaban la virginidad). En algunos casos, estas escenas se acompañan de los diálogos entre los personajes, en lenguaje coloquial y caligrafiado en Hiragana.

Aunque el shogunato Tokugawa intentó prohibir las obras Shunga, estas se desarrollaron en la clandestinidad y en tres formatos: los shunga emaki, que eran rollos con formato horizontal, muy populares entre las clases pudientes, ya que su dificultad artística los convertía en obras muy caras; los soroimono y kumimono, álbumes ilustrados impresos que contenían doce estampas o un número múltiplo de doce, que también eran muy caros debido a su alta calidad y gran tamaño (aunque también se vendían en grupos de tres estampas); y los enpon o shunpon, libros impresos tanto en blanco y negro como en color, que además incluían historias eróticas.

El Shunga fue prohibido definitivamente en 1907 por el Código Penal japonés, que penalizaba su distribución, venta, exhibición o posesión con la cárcel. Eso no impidió que, gracias a la apertura de Japón a Occidente, tanto las estampas Ukiyo-e como el Shunga traspasaran sus fronteras, influyendo en artistas de la talla de Manet, Degas, Toulouse-Lautrec, Klimt, Rodin, Van Gogh o Picasso.

No obstante, y al igual que otras obras eróticas como El origen del mundo de Gustave Courbet, las Imágenes de la primavera se han enfrentado a una férrea censura y han sido relegadas al ostracismo. Por fortuna, en los últimos años, museos como el Hosomi Museum de Kioto, el Museo Británico de Londres o el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid han organizado exposiciones de estampas Shunga, otorgándoles el reconocimiento histórico y artístico que merecen.

[1] Si te gustan las historias eróticas BDSM, no te pierdas esta: Horimono – Relato erótico
[2] Explora en este artículo: Los festivales de la fertilidad japoneses: Mucho más que penes gigantes y sake