Shere Hite posando junto a una máquina de escribir Olivetti durante una campaña publicitaria de los años setenta

Shere Hite: la que avergonzó a la vergüenza

Günther Anders lo llamaba, allá por 1956, «vergüenza prometeica». Con ello se refería a la deshonra que los seres humanos empezábamos a sentir derivada de que los artefactos empezaran a superarnos en diversos terrenos y capacidades. El avance de la tecnología empezaba a dejarnos como viejas máquinas y maquinaciones obsoletas. Nos pasaba la mano por la cara y eso debía causarnos vergüenza, cierta fascinación, tal vez, pero una fascinación sonrojante.

La publicidad no tardó en hacer de ese sentimiento un reclamo para sus productos.

Aproximadamente una década después de la valoración de Anders, una joven estudiante, licenciada en Historia, se traslada a Nueva York para cursar su doctorado en Historia Social. Paga sus estudios posando como modelo y con algunos desnudos para revistas como Playboy. Una imagen suya es elegida para una página completa en la campaña publicitaria de Olivetti. Allí aparece ella, frente a una máquina de escribir y un lema: «Las confesiones de una chica Olivetti».

El eslogan de esa campaña fue el siguiente: «Una máquina de escribir tan inteligente que ella no tiene que serlo».

«Ella», la mecanógrafa que puede ser lo suficientemente boba como para solo tener que rendirle pleitesía al patrón. La que, de puro florero, ni siente la deshonra prometeica.

Pero resulta que esa chica, la de verdad, no «ella», la mecanógrafa obsoleta por su propia máquina de escribir, sí siente vergüenza. No solo por la máquina que estupidiza a la mecanógrafa, sino por todo lo que estupidiza a la mujer. Y, en concreto, a su sexualidad. Esa joven modelo, Shere Hite, se acabaría doctorando en Historia Social en Tokio y en Sexología por la Universidad de Florida. La primera que empezaría a obligar al mundo a oír lo que las mujeres tenían que decir ellas mismas de su sexualidad.

La que avergonzó a la vergüenza.

El informe Hite y la revolución de la sexualidad femenina

1976. Se publica El informe Hite de la sexualidad femenina. Partiendo de las investigaciones de Masters y Johnson, a las que, sin dejar de poner en valor, sometió a crítica por lo sesgado culturalmente de sus conclusiones, Shere Hite hizo algo extraordinariamente novedoso hasta la fecha: dio voz a las mujeres para que hablaran ellas mismas de su sexualidad. En especial del orgasmo femenino, y, en particular, del clítoris.

Redactó un cuestionario y durante cuatro años recopiló, tras publicitarlo por diversos medios, la opinión de unas tres mil mujeres norteamericanas anónimas de toda condición y ascendencia.

Los resultados fueron dinamita. Demoledores para lo que hasta entonces se creía de la sexualidad femenina y demoledores, también, para Hite. No se sabe a ciencia cierta cuántos ejemplares llegaron a circular de su informe (la propia editorial, pese al éxito, coartó la tirada por las peligrosas repercusiones que estaba teniendo), pero se calcula que pueden haberse distribuido más de cincuenta millones de copias. Una burrada.

Del informe se deducían varias cuestiones, todas ellas que las mujeres sabíamos desde la primigenia Eva, pero que el dispositivo de poder sobre la sexualidad femenina no sabía o no había querido saber nunca. Por ejemplo, que de cada cien mujeres, apenas treinta alcanzan el orgasmo durante el coito. Y que eso no era una anomalía de las mujeres, sino, simplemente, que la vagina es en gran medida insensible a los embistes del espadín.

Pero había algunas cuestiones más. Por ejemplo, que de esas setenta mujeres que no alcanzaban el orgasmo durante la penetración, la inmensa mayoría sí lo alcanzaba a través de la masturbación en las zonas donde ella sí sabía que iba a obtener la respuesta sexual del orgasmo (el clítoris, fundamentalmente). Término este, el de «masturbación», por cierto, que ya en sí mismo excluía esa erótica ipsasoria de la sexualidad femenina porque a las mujeres no nos hace falta la «mano» (del latín manu) para estimularnos, para «turbarnos» (turbare en latín, siguiendo la etimología) o para «forzarnos» (estupare en latín). De lo que se deduce otra alarmante conclusión: las mujeres también se masturban.

Intentemos sopesar lo que simplemente estas dos verdades supusieron en el modelo sexual y patrón sexual del locus genitalis y su focalización en el falo, el coito y la reproducción, amén de la figura casta y mariana de las mujeres. No solo se desvelaba que la sexualidad no era lo que se nos decía que era; no solo se aclaraba que ese modelo había sido simplemente una argucia para someter el deseo y, consecuentemente, la sexualidad femenina, es que además ponía en duda la eficacia de la virilidad masculina y lo que es todavía más grave, que una mujer necesitaría de un hombre para poder gozar de su condición sexuada y que, en muchas ocasiones, su respuesta sexual no es que se viera potenciada por la presencia masculina, sino incluso se veía entorpecida.

Y todo eso no solo afectaba a las mujeres, sino a los propios hombres en forma de requerimientos, ansiedades, torpezas y exigencias de rendimiento ridículas.

Ahora le sueltas a los norteamericanos de mediados de los setenta que cuando la parienta gime, loca de placer hasta quedarse sin aire, en realidad no está sintiendo gran cosa. Simplemente está fingiendo para no dañar la autoestima del que le dijo que se tenía que correr cuando se la metía. Y díselo no solo a los norteamericanos, sino a todos los hombres del mundo.

En cuanto a la repercusión, aquí podríamos traer a colación aquella pregunta de Nietzsche: «¿Cuánta verdad es capaz de soportar el hombre?». En esta materia, parece que muy poca.

La reacción contra Shere Hite

La avalancha que le vino encima a Shere Hite fue de órdago. Recibió palos de diestra y siniestra, de la población en general y de la clínica más especializada, de cualquiera que prefiriera seguir en la inopia, demostrando la inquebrantable afición de la gente a los tópicos, clichés y, en materia de conocimiento, al «más vale malo conocido que bueno por conocer».

Órdagos que le llegaban por todas las vías: en la calle, en las academias o en los medios de comunicación, cuando muchos de estos tenían prohibida la publicación de un término como «clítoris».

Así, en el descrédito, intentó sobrevivir Hite publicando obras de menor relevancia al amparo de su informe sobre la sexualidad femenina.

Poco antes de abandonar EE.UU., renunciar a su nacionalidad y solicitar la ciudadanía alemana en 1995, dejó dicha una premonición: las mujeres que sigan profundizando en la sexualidad femenina, que es la sexualidad humana, se tendrán que seguir enfrentando a lo mismo que ella. Shere Hite, destruida y olvidada por la opinión pública y por una devastadora enfermedad neurodegenerativa, fallecería en Londres el 9 de septiembre de 2020. Siendo alemana, sabiendo las cosas que muchas sabemos y habiéndose atrevido no a decirlo, sino a dejar que las mujeres lo dijeran cuando nadie se lo había preguntado. Durante milenios.

Ahora que Valerie te ha contado la historia de Shere Hite, y especialmente si todavía pensabas que el clítoris era un adorno, quizá te interese descubrir cómo estimular el clítoris y llegar al orgasmo a solas y en pareja.

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