Mano sosteniendo pastillas

Los antidepresivos y la respuesta sexual humana

Antes de entrar en cuáles son los antidepresivos más usados en España y cómo afectan la respuesta sexual humana, voy a hacer algunas matizaciones importantes sobre sexualidad y depresión.

Depresión, deseo y respuesta sexual

En primer lugar, la clásica estructura melancólica (que abarca muchos más aspectos que los meramente clínicos) suele designar hoy en la clínica un tipo concreto de trastorno depresivo de especial intensidad y es un padecimiento de una enorme amplitud sintomatológica y de intensidades.

La depresión clínica puede operar produciendo una insondable tristeza, una desarticulación del placer, una descomposición del sentido o del proyecto y un omnipresente sentimiento de culpa porque el deseo sexual ha sido tocado en su línea de flotación, de tal forma que es una problemática que afecta al sujeto en aspectos cognitivos, afectivos y somáticos.

Su intensidad y duración también son variables según el sujeto y el funcionamiento de sus defensas, lo que hace de la depresión un verdadero y complejo espectro de malestares con algunos puntos en común, pero otros muy dispersos y particulares.

Segundo matiz: si el trastorno en sí mismo es poliédrico, no se debe olvidar que recae sobre un sujeto humano que, ya de por sí, es la expresión de la problematicidad y la particularidad (tanto en su personalidad como en su sexualidad).

Lo que a uno le afecta de un modo, al vecino lo hace de un modo distinto y, consecuentemente, el tratamiento farmacológico o psicológico que para uno puede servir o paliar su dolor, a otro puede servirle de una forma muy distinta o resultarle inútil.

Tercera aclaración: es evidente que bajo ese síndrome que, por principio, esclerotiza el deseo, la respuesta sexual se va a ver seriamente trastocada pues carcome su principio: el citado deseo.

Nosotros, los sexólogos, tenemos (o deberíamos tener) la obligación de saber si quien viene a vernos se encuentra en esta situación y, si tenemos sospecha, derivarlo a un profesional que pueda atenderlo antes de intervenir nosotros. Y, en caso de que esté recibiendo tratamiento, especialmente farmacológico, conocer de antemano los efectos que esas sustancias pueden producirle en su respuesta sexual y consecuentemente en su sexualidad.

Hay que señalar que el hecho de que un paciente esté tomando un antidepresivo no significa de manera inequívoca que esté deprimido, los fármacos que hoy se utilizan para la depresión se pueden utilizar también para abordar problemáticas como las fobias, los trastornos alimenticios, los del sueño, el TOC o la ansiedad.

Haré aquí un breve resumen partiendo de los fármacos antidepresivos más comunes en España y de su incidencia general en los pacientes, sin olvidar que son datos generales (no aplicables a todas las personas por igual) y que los sexólogos no somos ni psiquiatras ni bioquímicos ni tenemos autorización para recetar, pero sí considero la obligación de saber algo de cómo determinadas sustancias pueden estar afectando a nuestro paciente.

Desde ese conocimiento básico escribo.

Los antidepresivos más recetados en España

En España, los antidepresivos que con más frecuencia se recetan en la actualidad suelen pertenecer al grupo de los llamados ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina).

De manera muy elemental, lo que hacen no es administrar mayores cantidades de ese neurotransmisor sino impedir que la serotonina que segregamos sea rápidamente absorbida por las neuronas. La serotonina facilita la comunicación neuronal, de tal manera que, de forma general, se puede llegar a la conclusión fácil de que si el individuo, al mantener un «ambiente» que facilita la comunicación neuronal, piensa mejor se encuentra mejor.

Curioso. Los principios activos más comunes con los que trabajan estos fármacos suelen ser el escitalopram, la sertralina, la fluoxetina o la paroxetina. Cada uno de estos principios tiene sus particularidades y, nuevamente, en general, mayor nivel de eficacia según la especificidad que se pretende abordar (la fluoxetina es conveniente cuando hay trastornos alimenticios, la sertralina cuando hay ataques de pánico y fobias diversas y el escitalopram cuando la ansiedad adquiere relevancia en el diagnóstico del psiquiatra). Los nombres comerciales con los que se dispensan estos fármacos son diversos, y además de los propiamente genéricos (los que usan el nombre del principio activo), hay otros como «Cipralex» para el escitalopram, «Besitran» para la sertralina, «Prozac» para la fluoxetina y «Seroxat» para la paroxetina, por citar algunos.

¿Cómo afectan los antidepresivos a la respuesta sexual?

Ahora, vamos a ver cómo suelen afectar de manera genérica los principios activos de estos fármacos en las distintas fases de la respuesta sexual humana, no sin otras salvedades antes:

  • los estudios científicos son orientativos, quizá porque no se ha estudiado lo suficiente su incidencia en nuestra condición sexuada
  • sin olvidar que, si la persona mejora de su depresión, casi con seguridad su sexualidad mejorará, aunque alguna de estas sustancias le altere la respuesta.

En general, los ISRS pueden alterar todas las fases de la respuesta, el deseo, la excitación, la meseta y el orgasmo. Así, no es de extrañar que haya una caída significativa de la libido, dificultades de erección o de lubricación (sequedad vaginal) como muestra de afectación en la excitación, meseta prolongada o de baja intensidad (lo que retrasa la venida del orgasmo) y finalmente anorgasmia u orgasmos «débiles», de corta duración o baja percepción de goce.

Según los estudios que poseemos, la paroxetina es quizá la que más efectos adversos de los mencionados provoca, siendo el escitalopram y la fluoxetina los que, manteniendo niveles altos de incidencia, menos alteraciones causan. La respuesta no parece muy alentadora, pero no olvidemos que estamos tratando exclusivamente del grupo de fármacos llamados ISRS y que hay unos cinco grupos más de fármacos antidepresivos que causan menor incidencia en la respuesta sexual.

Por ejemplo, los del grupo IRSN (Inhibidores de la Recaptación de Serotonina y Noradrenalina) utilizados normalmente para depresiones más severas y para dolores crónicos o nerviosos, entre los que se encuentran principios activos como la duloxetina o la venlafaxina (el primero suele generar efectos secundarios de alteraciones menos frecuentes que los del grupo ISRS, mientras que el segundo principio, la venlafaxina, es posiblemente el que más alteraciones causa de todos los grupos en la respuesta sexual).

También están los fármacos agrupados bajo las siglas NDRI (Inhibidores de la Recaptación de Noradrenalina y Dopamina) cuyo principio suele ser el bupropión (se usa para la depresión, pero también, por ejemplo, para dejar de fumar) y cuya incidencia en la respuesta sexual es baja o muy baja, siendo el antidepresivo que menos afecta la sexualidad.

Los NaSSA (antidepresivos noradrenérgicos y serotoninérgicos específicos) tienen como principio activo más utilizado la mirtazapina que tiene una incidencia baja en la alteración de la respuesta sexual, o los llamados Melatoninérgicos (agomelatina), antidepresivos que actúan sobre la melatonina regulando las fases del sueño y que también tienen una incidencia baja o muy baja en la respuesta sexual.

Y, por último, los fármacos englobados en el epígrafe «Multimodal serotoninérgico», la vortioxetina, cuya incidencia se suele situar entre moderada y baja.

Conclusión

Todo lo mencionado anteriormente no es ni mucho menos un ejercicio de erudición farmacológica (que, en modo alguno, es mi especialidad) sino simplemente un intento de hacer comprender que las expresiones generalistas, los tratamientos no personalizados o las conclusiones precipitadas no solo son erróneos, sino que, además, son sumamente peligrosos.

Los terapeutas (psicológicos, sexólogos o psiquiatras) debemos ser un poco como un afinador de violín: sabemos dónde se encuentra más o menos esa nota, pero también sabemos que si el instrumento no está correctamente afinado allá donde se espera el «do» puede aparecer un «la». Y sabemos algo más: que un ser humano es algo infinitamente más complejo que un violín, que se parece más a una sinfonía en permanente creación y en permanente ejecución, donde todo puede sonar momentáneamente en armonía para súbitamente transformarse en una cacofonía donde la melodía se desmorona. Tómese este artículo desde esa necesaria premisa.

Si quieres seguir profundizando en cómo pueden afectar distintos factores a la vida sexual, te recomendamos leer también este artículo sobre disfunciones sexuales en mujeres y hombres y cómo pueden ayudar los juguetes sexuales.

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