La rutina sexual no tiene por qué ser algo negativo. De hecho, muchas parejas construyen una vida íntima estable, predecible y profundamente satisfactoria. Saber qué os gusta, entenderos sin demasiadas palabras y encontrar vuestro propio ritmo también es una forma de intimidad.
El problema aparece cuando esa rutina deja de haceros sentir bien.
Cuando el sexo se convierte en algo excesivamente mecánico. Cuando se pierde el misterio porque siempre ocurre de la misma manera. Cuando desaparece la curiosidad, las ganas de sorprenderos o la sensación de estar compartiendo algo especial. Incluso podéis seguir teniendo relaciones con cierta frecuencia y, aun así, sentir que algo se ha enfriado entre vosotros.
Y eso puede resultar desconcertante, porque no siempre es una cuestión de falta de amor o de deseo. A veces, simplemente os habéis acostumbrado tanto el uno al otro que habéis dejado de explorar nuevas formas de encontraros. Quizá, incluso, habéis dejado de proponeros ciertas cosas por miedo a incomodar al otro o porque pensáis que, después de tantos años juntos, ya no tiene sentido sorprenderos. «¿Cómo le voy a pedir que lo hagamos sobre la mesa de la cocina?». «¿Cómo voy a decirle que me gustaría probar un vibrador?». Y muchas cosas así en muchos matrimonios y parejas.
La buena noticia es que estos baches sexuales no son una señal de que la relación haya fracasado. En muchas ocasiones son una invitación a detenerse, hablar y preguntarse qué necesitáis ahora, porque las personas cambiamos y las relaciones también lo hacen.
Recuperar la pasión no consiste en volver a ser la pareja que erais al principio. Consiste en descubrir quiénes sois hoy, qué os sigue uniendo y cómo podéis volver a despertar la curiosidad, la intimidad y el placer compartido.
Por qué las parejas caen en una rutina sexual insatisfactoria
Como dije al principio: las relaciones cambian. Y eso no es necesariamente un problema.
Al comienzo de una relación todo parece nuevo. Hay curiosidad, descubrimiento y una cierta emoción por conocer el cuerpo, los deseos y las reacciones de la otra persona. Pero, con el tiempo, esa novedad deja paso a algo diferente: la confianza, la estabilidad y la sensación de conoceros muy bien.
Y ahí es donde, en ocasiones, puede aparecer la rutina.
No porque ya no os queráis o porque la atracción haya desaparecido, sino porque la vida también ocupa su espacio. El trabajo, las responsabilidades, el cansancio, la convivencia o la carga mental pueden hacer que el sexo termine funcionando con el piloto automático.
De repente, os dais cuenta de que siempre hacéis las mismas cosas, de la misma manera y en los mismos momentos. Y aunque eso no tiene por qué ser un problema en sí mismo, puede llegar un punto en el que uno de los dos —o ambos— sienta que algo ha perdido intensidad.
A veces se echa de menos la espontaneidad. Otras veces, la sensación de sorpresa. Y, en ocasiones, lo que realmente se ha debilitado no es el deseo, sino la conexión mutua.
Por eso, antes de pensar que vuestra relación tiene un problema, puede ser útil preguntaros algo más sencillo: ¿os seguís sintiendo satisfechos con vuestra vida íntima?
Porque la rutina sexual solo se convierte en un obstáculo cuando deja de haceros sentir bien.
Y, en muchos casos, esa sensación de estancamiento no tiene que ver únicamente con el sexo. También puede aparecer cuando la relación necesita recuperar espacios de intimidad, conversación y complicidad. Al fin y al cabo, el deseo y la conexión emocional suelen caminar de la mano, por lo que volver a cultivar la confianza y la complicidad íntima en pareja puede ser el primer paso para recuperar la pasión.
Hablar de sexo también es una forma de intimidad
Cuando una pareja siente que ha caído en la rutina, es fácil pensar que necesita hacer algo diferente en la cama. Pero, muchas veces, el primer paso ocurre mucho antes de que llegue el momento del sexo: empieza con una conversación.
Porque las personas cambiamos. Lo que os gustaba hace unos años puede que hoy ya no os entusiasme tanto. Pueden haber aparecido nuevas curiosidades, nuevas necesidades o simplemente nuevas formas de entender el placer y la intimidad.
Sin embargo, muchas parejas hablan poco de sexo. O hablan solo cuando algo va mal.
Nos cuesta decir que echamos de menos algo, que nos gustaría probar algo diferente o que necesitamos más conexión emocional para sentir deseo. A veces por vergüenza. Otras, por miedo a herir a la otra persona o a que nuestras palabras se interpreten como una crítica.
Pero una conversación sincera sobre vuestra vida íntima no tiene por qué convertirse en una lista de problemas. También puede ser una oportunidad para descubrir cosas nuevas el uno del otro.
¿Qué os hace sentir más conectados? ¿Hay algo que os gustaría recuperar? ¿Qué os apetece explorar ahora que quizá hace unos años ni se os habría pasado por la cabeza?
A veces, la simple pregunta «¿Cómo te sientes con nuestra vida sexual?» puede abrir una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada.
Y si os cuesta poner en palabras lo que necesitáis o lo que os gustaría cambiar, puede resultar útil reflexionar sobre cómo decir lo que quieres en la cama de una forma clara, respetuosa y sin que la conversación se convierta en un reproche.
Porque recuperar la pasión no siempre empieza con una experiencia nueva. En muchas ocasiones empieza sintiéndoos escuchados, comprendidos y con la libertad de hablar de deseo, placer e intimidad sin miedo al juicio.
Cómo recuperar la pasión y la curiosidad en pareja
Cuando hablamos de recuperar la pasión, muchas personas imaginan grandes cambios o experiencias extraordinarias. Pero la realidad suele ser mucho más sencilla.
La pasión también se alimenta de pequeños gestos.
De reservar un momento solo para vosotros. De volver a coquetear. De enviar un mensaje sugerente a mitad del día o de acostaros una noche sin el piloto automático de siempre. A veces, basta con romper una pequeña costumbre para recordar que seguís siendo algo más que compañeros de trabajo, padres o personas que comparten una casa.
La novedad tiene un efecto curioso sobre el deseo: despierta nuestra atención y nos devuelve cierta sensación de descubrimiento. Y eso no significa que tengáis que revolucionar vuestra vida sexual de la noche a la mañana.
Puede ser tan sencillo como probar un masaje diferente, leer un relato erótico juntos, reservar una noche para vosotros o atreveros a hablar de algo que nunca habíais mencionado antes. No se trata de hacer todo a la vez ni de reinventar vuestra vida sexual de un día para otro. A veces, una sola idea puede ser suficiente para recuperar la curiosidad. Y si no sabéis por dónde empezar, aquí tenéis algunas ideas para empezar poco a poco.
- Cómo hacer sexting.
- Cómo hacer un masaje sexual a una mujer.
- Cómo hacer un masaje erótico a un hombre.
- Leer relatos eróticos juntos.
- Hacer un test en pareja para descubrir vuestra fantasía ideal.
- Probar posturas sexuales.
En ocasiones, recuperar la pasión consiste precisamente en volver a sentir curiosidad por la persona que tenéis delante.
¿Qué cosas le apetecen ahora? ¿Ha cambiado algo en la forma en que vive el placer? ¿Hay fantasías, deseos o experiencias que nunca habéis compartido?
Hablar de estas cuestiones puede resultar tan íntimo como el propio sexo. De hecho, muchas parejas descubren nuevas formas de conexión simplemente permitiéndose tener conversaciones que llevaban años evitando. Y si alguna vez os habéis preguntado si merece la pena compartir determinadas fantasías o preferencias, puede resultaros interesante reflexionar sobre los pros y los contras de contar tus fetiches.
También puede ser un buen momento para introducir pequeñas novedades en vuestra intimidad. Algunas parejas disfrutan explorando juegos de seducción, otras se sienten cómodas incorporando juguetes BDSM en la relación y otras descubren que un juguete erótico puede ayudarles a salir de la rutina y experimentar nuevas sensaciones juntos. El mero hecho de hablar de juguetes sexuales con tu pareja puede ser una situación muy erótica.
Pero no existe una fórmula universal para reavivar la pasión.
Lo importante no es hacer más cosas, sino encontrar aquellas que os permitan volver a conectar, reír, sorprenderos y compartir placer de una forma que tenga sentido para vosotros.
Y, sobre todo, intentad no convertiros en vuestro propio examen. Recuperar la pasión no consiste en obligaros a sentir algo concreto ni en perseguir la intensidad de los primeros meses.
Cuando el problema no es la rutina: el deseo también cambia
A veces pensamos que nuestra vida sexual se ha estancado cuando, en realidad, lo que ha cambiado es el deseo.
El estrés, las preocupaciones económicas, la carga mental, la falta de descanso o determinados momentos vitales pueden hacer que el sexo deje de ocupar el mismo lugar que tenía antes. Y eso no significa que haya un problema en la relación ni que la pasión haya desaparecido para siempre.
De hecho, el deseo sexual no funciona como un interruptor que se enciende o se apaga de manera automática. Cambia con nosotros, con nuestras circunstancias y con la etapa de la vida en la que nos encontramos.
Por eso, antes de asumir que la rutina es la única responsable de vuestro malestar, puede ser útil preguntaros si algo más está influyendo en vuestra intimidad. Quizá estáis atravesando un periodo de mucho estrés. O quizá uno de los dos simplemente no se reconoce en la forma en que vivía el deseo hace unos años.
Si sentís que el problema tiene más que ver con la libido que con la rutina, puede resultar útil entender mejor por qué el deseo sexual cambia y qué podéis hacer para recuperarlo.
También hay etapas de la vida en las que el cuerpo y la excitación se transforman de manera natural. La perimenopausia y la menopausia, por ejemplo, pueden modificar la forma en que se experimenta el deseo y la respuesta sexual, pero eso no significa renunciar al placer ni a la intimidad.
Y, por supuesto, tampoco podemos olvidar el impacto que tiene el bienestar emocional en nuestra vida íntima. El cansancio, la ansiedad o el agotamiento mental pueden afectar al deseo mucho más de lo que solemos imaginar. Al fin y al cabo, el placer y la salud emocional están mucho más conectados de lo que parece, y comprender la relación entre bienestar sexual y salud mental puede ayudaros a mirar vuestra vida sexual con más amabilidad y menos presión.
La pasión no desaparece: se transforma
Todas las relaciones atraviesan etapas. Hay momentos de descubrimiento y otros de calma; periodos en los que el deseo parece surgir de forma espontánea y otros en los que la intimidad necesita un poco más de atención y cuidado.
La buena noticia es que una rutina sexual insatisfactoria no tiene por qué ser el principio de un problema. En muchas ocasiones puede convertirse en una invitación para volver a hablar, para preguntaros qué necesitáis ahora y para recordar que las relaciones también evolucionan.
Porque recuperar la pasión no consiste en perseguir constantemente la intensidad de los primeros meses. Consiste en seguir encontrando formas de elegiros, de sorprenderos y de compartir placer de una manera que tenga sentido para vosotros.
A veces, ese camino pasa por dedicaros más tiempo, recuperar el juego, atreveros a tener conversaciones pendientes o permitiros experiencias diferentes que os inviten a volver a encontraros.
Y si os apetece explorar nuevas formas de conectar y crear momentos especiales juntos, también puede ser un buen momento para descubrir cómo elegir juguetes eróticos para parejas y convertir cualquier noche en una ocasión diferente.
Al fin y al cabo, la pasión no siempre está esperando a ser recuperada. Muchas veces está ahí, esperando a que le hagáis un poco de espacio.
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