«Mi polla es sagrada. Hay que reverenciarla. Es el centro del universo mundial, la manguerita de la alegría».
—Torrente
Después de semejante declaración de principios, poco más se puede añadir… o quizá sí. Porque la mayoría de hombres lleva toda la vida utilizando el pene, pero muy pocos se han parado a descubrir todo su potencial. No, no se trata solo de subir y bajar la mano hasta llegar al orgasmo. Y sí, la estimulación del pene forma parte de tu bienestar sexual.
El glande concentra buena parte de las terminaciones nerviosas responsables del placer, pero no es el único protagonista. El frenillo, la base del pene, el perineo e incluso el ritmo, la presión o un buen lubricante pueden convertir una estimulación rutinaria en una experiencia completamente distinta. Y si además fortaleces el suelo pélvico, no solo ganarás en placer, sino también en control y calidad de las erecciones.
Así que, si has venido buscando nuevas formas de estimular tu pene —a solas o en compañía—, ponte cómodo. Ha llegado el momento de liberar a Willy… pero esta vez con un poco más de imaginación.
Conoce las zonas más sensibles del pene
Si creías que todo el placer masculino se concentraba en la punta del pene, tengo una noticia para ti: llevas años dejándote media fiesta sin explorar. Es verdad que el glande es el rey de la función —no en vano concentra miles de terminaciones nerviosas—, pero no es el único invitado que merece atención.
Justo debajo del glande se encuentra el frenillo o, si ya no lo conservas, el surco que recorre esa misma zona. Para muchos hombres es uno de los puntos más sensibles del pene y una simple caricia puede cambiar por completo la intensidad de la estimulación.
Tampoco conviene olvidarse de la base del pene. Aplicar presión, variar el agarre o combinar su estimulación con la del glande crea sensaciones muy distintas a las del clásico movimiento de arriba abajo. Y si bajas un poco más, llegarás al perineo: esa pequeña franja situada entre el escroto y el ano que muchos descubren por casualidad… y ya no vuelven a ignorar.
La moraleja es sencilla: cuanto mejor conozcas las zonas más sensibles de tu pene, más fácil te resultará variar la estimulación, controlar la excitación y descubrir qué movimientos funcionan mejor para ti. Porque no, estimular un pene no consiste únicamente en agitarlo con entusiasmo.
Estimula tu pene al estilo King Kong
Considerando que en parte de Latinoamérica la palabra «gayola» significa cárcel o prisión, supongo que algunos os habréis quedado de piedra al descubrir lo que significa en España la expresión «hacerse una gayola». No tengo ni la más remota idea de su origen, pero lo cierto es que muchos hombres se masturban aferrando su polla y sacudiéndola con una fuerza y un ímpetu que ni King Kong a los barrotes de su jaula.
El problema no es la fuerza, sino la monotonía: el pene responde mucho mejor cuando alternamos presión, ritmo y tipo de contacto que cuando repetimos el mismo movimiento durante cinco minutos.
No solo es habitual esta manera rauda de estimular el pene que busca acelerar el orgasmo, también lo son la postura de la mano (entera y con el dedo gordo hacia arriba) y la dirección del movimiento (arriba y abajo). Considero que es un gran error por dos motivos: por un lado, la masturbación, como cualquier otra práctica sexual, debería ser un placer en sí misma, no un esprint; por otro, si te acaricias observando las reacciones de tu cuerpo podrás aprender a controlar la excitación, evitando la eyaculación precoz en las relaciones sexuales.
Estimula tu pene al estilo Prison Break
¿Quieres experimentar nuevas sensaciones? Pues ya sabes, «si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». Rompe con la monotonía. El pene responde especialmente bien a los cambios de ritmo, presión y agarre, así que pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia. Utiliza estas técnicas que te ayudarán a salir de la gayola con una buena gayola:
- Maneras alternativas de cogerte el pene. Con los dedos índice y medio, estimulando el frenillo o, si no tienes, el surco que recorre la parte inferior del glande; con las palmas de las manos extendidas, frotándotelo suavemente como si fuera un palo de yesca; con toda la mano, pero con el pulgar hacia abajo, apretando la base en vez del glande.
- Movimientos alternativos. Gira la muñeca describiendo círculos y espirales; retuerce tu miembro con suavidad y delicadeza con ambas manos como si «escurrieses ropa mojada»; sostenlo con una mano y mastúrbalo de arriba abajo mientras acaricias en círculos el glande con la palma de la otra lubricada previamente.
- La técnica «El lechero». Para llevarla a cabo, forma un anillo alrededor de la base del pene con dos dedos de una mano, aprieta un poco, asciende hasta tu glande y cuando estés a punto de llegar a su punta, haz lo mismo con la otra mano. El truco es imprimir movimientos rítmicos para que ambas recorran el pene hacia arriba sin bajar y sin parar, como quien ordeña.
Estimula tu pene con técnicas de simulación
Obviamente, tu amante también puede aprender cómo masturbar a un hombre y aplicar las técnicas anteriores cuando te masturba, pero si eres de los que no tienen pareja estable ni nadie a quien preguntar «¿Nos hacemos unas pajillas?», no desesperes; las siguientes técnicas están pensadas para que la estimulación de tu pene se parezca lo máximo posible a la de otra persona, sin necesidad de tener que recurrir al truco de sentarte sobre el brazo hasta dejarlo tonto.
- Simulación de sexo oral. Unta tu miembro y tus manos con una buena dosis de lubricante. Luego, sostenlo colocando la palma de tu mano no dominante sobre el lateral del glande. Oprime con suavidad. Coloca los dedos índice y medio de tu mano dominante juntos y de manera horizontal, con la palma hacia ti. Presiona el glande contra la abertura entre los dedos relajados, no tensos. Hazlo muy despacio hasta que un tercio del cuerpo del pene haya pasado por la abertura, sácalo hasta que solo tengas dentro el glande y vuelve a comenzar.
- Simulación genital. También deberás untar tu miembro y tus manos con una generosa cantidad de lubricante. Luego, junta las palmas de las manos, entrelaza los dedos de manera que quede un hueco entre ellas e introduce tu miembro en él. Ahora puedes darte placer de dos maneras: moviendo las manos sobre el pene o relajándolas para que seas tú quien penetre el hueco, simulando una penetración.
El objetivo no es engañar al cerebro, sino cambiar los puntos de contacto, la presión y el recorrido para descubrir sensaciones distintas a las de una masturbación habitual.
Estimula tu pene con masturbadores
Después de todo lo anterior, quizá estés pensando: «Muy bonito, Brenda, pero menudo trabajo me estás dando». Y no te falta razón. Si lo que buscas es reproducir sensaciones sin tener que hacer malabarismos con las manos, siempre puedes aprovechar los masturbadores masculinos para estimular el pene.
No solo consiguen imitar con bastante realismo la presión, el ritmo o el contacto de una pareja, sino que además permiten experimentar con distintas texturas e intensidades sin que tu antebrazo acabe pidiendo la jubilación anticipada. Algunos incluso son una excelente herramienta para entrenar el control de la excitación, practicar edging o aprender a retrasar la eyaculación de forma más cómoda y constante.
Eso sí, no caigas en el error de pensar que todos son iguales. Los hay abiertos para controlar cada movimiento, cerrados para potenciar la succión, con diferentes texturas internas e incluso compatibles con vibración o calor. Al final, igual que ocurre con cualquier otra forma de estimulación, cuanto más varíes las sensaciones, más descubrirás sobre tu propio cuerpo.
Si quieres profundizar y conocer qué opciones existen, qué diferencias hay entre unas y otras y cuál puede encajar mejor contigo, échale un vistazo a esta guía sobre las mangas de estimulación para pene. Puede que descubras que liberar a Willy requiere bastante menos esfuerzo del que imaginabas.
Consejos finales para liberar a Willy
- No te limites al pene. Entiendo que para ti, tu polla es sagrada, «el centro del universo mundial, la manguerita de la alegría», pero no olvides que todo tu cuerpo es una fuente inagotable de placer. Así que, busca más zonas erógenas. Acaricia tus testículos, tu perineo, tus muslos, tu ombligo, tus pezones… mientras te masturbas. Triplica la apuesta.
- Lubricante. No hace falta que te recuerde que tu amiguito de juegos es muy sensible y puedes lastimarlo o sobreexcitarlo si lo haces en seco. Aplica siempre lubricante, no solo cuando te lo he remarcado; evitarás irritarlo y además aumentarás el placer.
- Higiene. Tus manos son un caldo de cultivo de virus y bacterias, lávatelas bien antes de ponerte manos a la obra. Luego… juega, combina técnicas, explora con un pañuelo de seda o de raso, crea, fantasea…
¡Libera a tu Willy!
Y si tienes pareja, dile que consulte este artículo: Cómo excitar a un hombre: Una técnica oriental de masturbación masculina (con variante oral).
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