Mujer con expresión pensativa junto a su pareja tras fingir un orgasmo durante una relación sexual

Fingir un orgasmo: por qué ocurre, consecuencias y cómo dejar de hacerlo

Si alguna vez has fingido un orgasmo, no eres la única. De hecho, es mucho más habitual de lo que parece y casi nunca tiene que ver con querer engañar a la otra persona. La mayoría de las veces responde a algo mucho más sencillo: no sabemos cómo decir lo que necesitamos, no queremos hacer daño o sentimos que, en ese momento, es más fácil fingir que empezar una conversación incómoda.

Y lo curioso es que, aunque pueda parecer una solución puntual e inofensiva, fingir un orgasmo suele tener el efecto contrario al que buscamos. En lugar de acercarnos a una vida sexual más satisfactoria, puede hacer que nuestra pareja siga repitiendo aquello que no nos funciona y que cada vez resulte más difícil hablar de lo que realmente nos gusta en la cama.

En esta guía vamos a responder a las preguntas más habituales sobre el tema: qué significa fingir un orgasmo, por qué lo hacemos, por qué las mujeres lo fingen con más frecuencia, por qué algunos hombres también lo hacen y, sobre todo, cómo dejar de sentir que fingir es la única salida.

¿Qué significa fingir un orgasmo?

Esto lo sabemos todas y todos: fingir un orgasmo significa simular que has alcanzado el clímax cuando en realidad no ha ocurrido. Es decir, hacer creer a tu pareja —o incluso confirmar una expectativa que ya existe— mediante gestos, sonidos o movimientos que has tenido un orgasmo aunque no haya sido así.

Pero lo importante es entender que fingir un orgasmo no convierte el sexo en una mentira ni significa necesariamente que no hayas disfrutado. Puedes haber sentido mucho placer, excitación o conexión con tu pareja y, aun así, no haber alcanzado el orgasmo. El problema aparece cuando fingir deja de ser algo puntual y se convierte en la forma habitual de terminar los encuentros sexuales. Ahí sí puede acabar formando parte de una rutina sexual poco satisfactoria para ambos.

Si crees que te encuentras ahí, en ese bache emocional en pareja, te recomendamos leer Cuando la rutina sexual es mala: cómo recuperar la pasión con tu pareja.

¿Por qué fingimos un orgasmo?

Si tuviéramos que resumirlo en una sola frase, diríamos que la mayoría de las personas no fingen un orgasmo para engañar a su pareja, sino para evitar una conversación incómoda.

La sexóloga estadounidense Laurie Mintz, autora de Becoming Cliterate y colaboradora de LELO, explica que fingir el orgasmo suele perpetuar aquello que precisamente queremos cambiar. Si nuestra pareja cree que lo que está haciendo funciona, seguirá repitiéndolo y será cada vez más difícil expresar qué necesitamos realmente para disfrutar.

Las razones pueden ser muy distintas de una persona a otra, pero estas son las más habituales:

  • No querer herir los sentimientos de la pareja.
  • Dar por terminado un encuentro sexual cuando sentimos que el deseo o la excitación ya han desaparecido.
  • Tener dificultades para alcanzar el orgasmo o padecer anorgasmia, un trastorno que afecta con mucha más frecuencia a las mujeres.
  • Sentir vergüenza o incomodidad al hablar de lo que realmente nos gusta.
  • Creer que alcanzar el orgasmo es una obligación o una forma de demostrar que el sexo ha sido «un éxito».
  • Intentar aumentar la excitación del momento con la esperanza de que el orgasmo termine llegando.

Como ves, casi ninguna de estas razones tiene que ver con el placer. Hablan de expectativas, de comunicación y, en muchos casos, del miedo a decepcionar a la otra persona.

¿Por qué las mujeres fingen orgasmos con más frecuencia?

Aunque tanto hombres como mujeres pueden fingir un orgasmo, los estudios coinciden en que ellas lo hacen con mucha más frecuencia. Y no, no suele deberse a que sean mejores actrices. Esto va del orgasmo femenino y de otras cosas que tantas veces no se comprenden sobre las mujeres y su placer sexual.

Una de las principales razones es la llamada brecha orgásmica: mientras la mayoría de los hombres alcanza el orgasmo durante las relaciones sexuales, muchas mujeres no lo consiguen únicamente con la penetración. De hecho, numerosas investigaciones muestran que estimular el clítoris sigue siendo la forma más fiable de llegar al orgasmo para la mayoría de las mujeres.

Aun así, seguimos arrastrando la idea de que una relación sexual «completa» debería terminar a la vez, aún sabiendo que un orgasmo simultáneo no necesariamente nos va a dar más placer. Cuando eso no ocurre, muchas mujeres sienten presión, frustración o incluso culpa, y algunas acaban fingiendo para que su pareja no piense que ha hecho algo mal.

La Dra. Laurie Mintz lleva años insistiendo en esta idea: el problema no es no llegar al orgasmo en un momento concreto, sino sentir que tenemos que ocultarlo. Fingir puede evitar una conversación incómoda hoy, pero también hace mucho más difícil disfrutar del sexo mañana.

Los hombres también fingen orgasmos

Aunque se habla mucho menos de ello, los hombres también pueden fingir un orgasmo. La diferencia es que les resulta más difícil ocultarlo, ya que culturalmente seguimos asociando el orgasmo masculino con la eyaculación, cuando no siempre ocurren al mismo tiempo.

Hay hombres que fingen porque tienen dificultades para eyacular, porque están tomando determinados medicamentos, porque sienten ansiedad por el rendimiento o, sencillamente, porque quieren dar por terminado un encuentro sexual sin tener que explicar lo que les está ocurriendo.

Al igual que sucede con las mujeres, fingir un orgasmo no suele ser un problema en sí mismo. Lo preocupante es cuando se convierte en la única forma de evitar conversaciones incómodas sobre el deseo, el placer o las expectativas de la pareja.

Al final, el motivo suele ser el mismo para ambos: el miedo a decepcionar, a hacer sentir mal a la otra persona o a pensar que reconocer que no ha habido orgasmo significa que el sexo ha sido un fracaso. Y ninguna de esas ideas es cierta.

¿Cómo se finge un orgasmo?

No existe una forma universal de fingir un orgasmo. Algunas personas exageran la respiración, los gemidos o los movimientos del cuerpo; otras simplemente dan por terminado el encuentro sexual diciendo que han llegado. Precisamente porque estas señales pueden simularse, nunca deberían ser la única forma de saber si la otra persona ha disfrutado o ha alcanzado realmente el clímax.

¿Qué consecuencias tiene fingir un orgasmo?

A corto plazo, fingir un orgasmo puede parecer la salida más fácil. Evitas una conversación incómoda, proteges los sentimientos de tu pareja y el encuentro termina sin conflictos. El problema es que esa solución suele funcionar solo una vez.

Cada vez que fingimos, nuestra pareja recibe un mensaje muy claro: «esto me gusta». Y si cree que esa forma de tocarte, besarte o estimularte funciona, es lógico que vuelva a hacerlo la próxima vez. Sin querer, acabamos enseñándole un camino que no nos lleva al placer.

Con el tiempo, esto puede generar frustración en ambos. Tú puedes empezar a sentir que el sexo deja de responder a lo que realmente necesitas y tu pareja seguirá pensando que todo va bien porque nunca ha recibido otra información.

La consecuencia más importante no es haber fingido un orgasmo una vez, sino dejar de hablar sobre el placer. Cuando la comunicación desaparece, también lo hacen la curiosidad, la complicidad y la posibilidad de descubrir juntos nuevas formas de disfrutar.

Por eso, si fingir se ha convertido en algo habitual dentro de vuestra relación, quizá el problema no sea el orgasmo en sí, sino la dificultad para hablar de sexo con naturalidad. En ese caso, puede ayudarte nuestra guía sobre cómo construir confianza y complicidad íntima en pareja.

Cómo dejar de fingir un orgasmo

Fingir un orgasmo una vez no define tu vida sexual. Lo importante es que no se convierta en la única forma de terminar un encuentro que no está siendo satisfactorio.

Si has llegado a ese punto, intenta no verlo como un problema de orgasmos, sino de comunicación. Hablar de sexo puede dar vergüenza, especialmente si lleváis tiempo haciendo las cosas de la misma manera. Pero casi siempre resulta más sencillo empezar por explicar qué te gusta que por decir directamente qué no te gusta. No hace falta sentarse un día y contarle todo de golpe a vuestra pareja. A veces basta con empezar por una frase sencilla: «¿Probamos otra cosa?» o «Me gusta más cuando…». Y, como explica la sexóloga Arola Poch, decir lo que te gusta (y lo que no) te hace follar mejor.

También puede ayudar quitarle presión al orgasmo durante una temporada. No todas las relaciones sexuales tienen que terminar con un clímax y, cuando dejamos de perseguirlo como si fuera una obligación, muchas veces el placer aparece de una forma mucho más natural.

Y si sentís que habéis caído en una rutina o que os cuesta explorar cosas nuevas, probar juegos, fantasías o incluso hablar sobre introducir juguetes sexuales en pareja puede convertirse en una buena oportunidad para volver a centraros en disfrutar y no solo en «llegar».

Porque el placer nunca debería medirse por si hubo o no un orgasmo, sino por cómo os habéis sentido los dos durante el encuentro.

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