Las conclusiones de The Perceived Effect of Cannabis Use on Penile Growth in Humans parecían claras: el consumo de esta sustancia aumenta el tamaño del pene. En concreto, «2,54 cm entre los usuarios habituales».
Lo que comenzó como un supuesto estudio científico terminó convirtiéndose en una demostración sobre cómo funciona la desinformación.
¿Puede el cannabis aumentar el tamaño del pene?
Según los investigadores, liderados por Carlos Tamayo, compuestos activos como el THC y el CBD desencadenan el crecimiento de ciertos tejidos corporales. «Se ha demostrado que las moléculas de THC pueden interactuar con la próstata a través de rutas presentes en las células somáticas, mejorando su división celular y mitocondrial, y por lo tanto, llevando a que toda esa energía extra produzca un pene más grande».
El estudio también recoge efectos secundarios inesperados. «Un porcentaje significativo de sujetos (16,5 %) informó que, además de hacerles crecer su pene, el cannabis también les hizo crecer su nariz; por otro lado, un grupo comparable también observó que les había crecido el testículo derecho».
No solo eso, los resultados de la encuesta realizada a 10 000 hombres de entre 18 y 35 años revelan algo impactante: el consumo de natillas o zanahorias mezcladas con marihuana puede jugar un papel crucial en el crecimiento del pene. Es más, «cuanto más grandes eran las zanahorias, mayor era el aumento observado», si bien los autores del estudio reconocían que este fenómeno «necesita ser analizado en profundidad».
La investigación también señala otro fenómeno «intrigante» que merece futuras líneas de estudio: el posible vínculo entre «el uso de las cartas de Dragon Ball y el crecimiento del pene», puesto que los resultados de la encuesta sugieren que «pagar a los traficantes de drogas con cromos de Dragon Ball también puede tener un impacto en estos hallazgos».
Predatory journals: las falsas revistas científicas
Este estudio podría merecer un Ig Nobel, si no fuera porque estos galardones celebran investigaciones científicas reales que rozan lo absurdo, mientras que el de Tamayo era una ficción deliberada, un experimento periodístico para poner a prueba a las predatory journals, revistas que se presentan como académicas pero que aceptan cualquier manuscrito a cambio de dinero.
Para comprobar hasta qué punto era fácil colar un estudio falso, Tamayo y sus colaboradores decidieron redactarlo de manera que resultara evidente que no era serio. La lista de firmantes ya era una advertencia. Entre los autores figuraban dos jerbos, W. T. Gerbil y R. T. Gerbil, afiliados a la Siberian University of Independent Gerbids (una institución supuestamente dirigida por roedores autosuficientes) y Nacho Vidal, adscrito a la TannedBalls University, cuyo nombre alude a la expresión coloquial inglesa «by my tanned balls», equivalente a un castizo «por mis cojones morenos».
La metodología tampoco dejaba lugar a dudas. El estudio afirmaba haber seleccionado a 10 000 participantes mediante un muestreo aleatorio estratificado entre dos grupos: «asistentes a clubes cannábicos y compradores de champú Hacendado en el Palmar de Troya», que fueron tratados con una ética intachable, pues «la encuesta se adhirió a los principios y alineamientos éticos relevantes para garantizar la realización responsable y respetuosa de la investigación».
Además, «como los datos de este artículo han sido falsificados, las implicaciones éticas se reducen, ya que nuestros encuestados son producto de nuestra imaginación». Casi nada.
La guinda de la tarta era el gráfico principal, que representaba el supuesto crecimiento peneano mediante una figura cuya forma reproducía, sin disimulo, un pene y dos testículos, uno de ellos más grande «debido a los efectos del cannabis». Era una broma visual tan evidente que habría resultado difícil pasarla por alto… si alguien hubiera leído el artículo. No fue el caso.
Ni siquiera la afirmación en el apartado de conclusiones, «aunque estos resultados pueden ser intrigantes, deben tomarse con pinzas, ya que se basan en evidencia anecdótica y en datos inventados que hemos reflejado aquí de una manera hermosa pero falsa», detuvo su publicación en tres predatory journals. Tres, sí, porque dos de ellas lo hicieron sin permiso, y posteriormente intentaron extorsionar a los autores para pagar tarifas adicionales bajo la amenaza de secuestrar el estudio. Y lo peor de todo: a pesar de que Tamayo les aclaró que era falso, a día de hoy sigue publicado en ellas.
Cadena de contagio informativo: cómo se viralizan los estudios científicos falsos
Este experimento señala un problema serio. Las predatory journals son el primer eslabón de una cadena de desinformación sanitaria con consecuencias reales, pues no solo publican estudios sobre penes que crecen con cannabis, zanahorias y natillas, sino también artículos sobre cáncer, sida, tratamientos experimentales o supuestas terapias milagro, dotándolos de cierto rigor científico a pesar de no realizar revisión por pares ni verificar la identidad de los autores.
El segundo eslabón son los medios de comunicación, que a menudo replican estos estudios sin verificar su origen, su metodología o su credibilidad. Basta con un titular llamativo y un «según los expertos» para que la noticia se multiplique por inercia.
Un medio copia a otro, el segundo adapta al primero, el tercero reescribe al segundo —como en el juego del teléfono roto— y, en un abrir y cerrar de ojos, un estudio malinterpretado (o directamente falso) puede convertirse en tendencia global sin que nadie haya leído más allá del titular.
No es un fenómeno nuevo. En 2018, el diario El Día publicó un artículo titulado: «La NASA confirma que la marihuana contiene ADN alienígena del exterior de nuestro sistema solar», para demostrar que la mayoría de usuarios comparte noticias sin leerlas. El experimento social fue un éxito: el titular circuló como si fuera real, alimentado por comentarios de personas que jamás habían abierto el enlace.
El tercer eslabón es precisamente ese: los usuarios. Según el estudio Breaking the News: First Impressions Matter on Online News (2015), base del artículo de El Día, el 59 % de los usuarios no abre los enlaces que difunde y el 68 % comparte para «reforzar o proyectar una imagen de sí mismos».
Estas cifras son aún mayores en la actualidad; las conclusiones del estudio Sharing without clicking on news in social media (2024) no pueden ser más inquietantes: más de un 75 % de los usuarios de las redes sociales no lee lo que comparte, y lo que más se comparte es aquello que tiene un titular viral, sea o no cierto.
De este modo, mitos «basados en la ciencia» como el síndrome de la vagina muerta, el efecto antidepresivo de una felación o el jelqing y otras falsas promesas sobre cómo aumentar el tamaño del pene se extienden como una epidemia. En nosotros está la responsabilidad de frenarla.
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En Volonté creemos que la educación sexual rigurosa también implica aprender a detectar la desinformación. Y, ya que has llegado hasta aquí, queremos darte las gracias por leernos con un 15% de descuento en juguetes sexuales (copia y pega el código VOLONTE15 en la cesta):
Fuentes
- El Día. (2018, 25 de julio). La NASA confirma que la marihuana contiene ADN alienígena del exterior de nuestro sistema solar.
- Reis, J., Benevenuto, F., Vaz de Melo, P., Prates, R., Kwak, H., & An, J. (2015). Breaking the news: First impressions matter on online news. In Proceedings of the 9th International Conference on Web and Social Media (ICWSM) (pp. 357–366). AAAI Press.
- RTVE. (2023). Tamayo cuela un estudio falso en revistas científicas para demostrar su falta de rigor [Vídeo]. RTVE Play.
- Sundar, S. S., Snyder, E. C., Liao, M., et al. (2025). Sharing without clicking on news in social media. Nature Human Behaviour, 9(1), 156–168.
- Tamayo, C., Martínez, D., Thawani, M., Adell, C., Arias, A., et al. (2023). The perceived effect of cannabis use on penile growth in humans. Clinical Medical Reviews and Case Reports, 10, 420.











